BUENOS AIRES — Las administraciones locales son organismos complejos, cuyo funcionamiento profundo a veces escapa a la comprensión de los ciudadanos.
Más aún cuando esas entidades políticas gobiernan territorios con altos niveles de autonomía, como Buenos Aires, capital con estatus de "Ciudad autónoma". Un tema que se cruza con el del "federalismo inconcluso" de la Argentina y que genera disputas políticas –en el pasado incluso sangrientas– desde los tiempos del gobierno de Juan Manuel de Rosas, en la primera mitad del siglo XIX.
En el Circolo Italiano, la entidad que reúne a la colectividad italiana en Buenos Aires, Matías López Bauer, primer vicepresidente de la Legislatura de la Ciudad de Buenos Aires, dio una charla sobre "La actividad de la Legislatura porteña y el bienestar de los vecinos", que dejó reflexiones y derivó en un intercambio de ideas ameno y enriquecedor con los presentes.
Abogado egresado de la Universidad de Buenos Aires, trabajó durante muchos años en el Poder Ejecutivo, en particular entre 2015 y 2019 dentro del organismo de gobierno de la capital, "en una secretaría que era casi como un ministerio – recuerda –. Era la Secretaría de Desarrollo Ciudadano, que tenía distintas áreas bajo su responsabilidad: deporte, las pymes, juventud, familia, desarrollo gastronómico de la ciudad, derechos humanos y las 180 colectividades presentes en la ciudad. La colectividad italiana, obviamente, fue preponderante, fuerte y muy importante".
Después, López Bauer describió el funcionamiento de la Legislatura porteña: no es un simple concejo deliberante, sino más bien un pequeño parlamento.
"Nosotros, los legisladores, duramos cuatro años en el cargo y podemos ser reelectos una sola vez", dice, y aclara que en la actualidad cumple su segundo mandato, al que llegó por la lista de Vamos por Más, el espacio cercano a Jorge Macri.
La Legislatura está compuesta por 60 diputados, mitad hombres y mitad mujeres, por ley y por lista. "Si la lista está encabezada por un hombre, el segundo nombre tiene que ser el de una mujer, y así sucesivamente – explica –. Nos renovamos cada dos años por mitades, siempre manteniendo esa paridad. Y los 60 diputados de la Legislatura eligen a sus propias autoridades". En su caso, fue elegido primer vicepresidente.
"Estos cargos internos se renuevan todos los años, en diciembre – cuenta –. Ya voy por mi tercer año como primer vicepresidente, vamos a ver qué pasa a fin de año. De cualquier manera, termino el mandato en diciembre de 2027. No puedo ser reelecto y voy a haber completado mi ciclo de ocho años en la Legislatura".
El primer vicepresidente cumple dos funciones. Una es administrativa, y abarca todo lo relacionado con los recursos humanos y el presupuesto. La otra es parlamentaria, es decir, el desarrollo de las sesiones y todo lo que tiene que ver con la parte legislativa de la asamblea.
"A veces se piensa que el trabajo de la Legislatura se agota en lo que pasa durante las sesiones de votación – observa –. En realidad, la Legislatura porteña está muy abierta a la comunidad". Todos los días hay eventos programados, hay salas que usan distintas ONG y programas educativos que funcionan desde hace muchos años.
Uno de ellos es "La Legislatura y la escuela", del que participan instituciones de la capital, tanto públicas como privadas. "Y si tienen la posibilidad de viajar, también son bienvenidas las escuelas de otras partes del país", afirma.
Se trata de simulaciones destinadas a alumnos de nivel primario, que pueden debatir temas de su interés dentro del recinto legislativo.
"Nosotros dirigimos la discusión y los chicos pueden hacer escuchar su voz y presentar propuestas – dice –. Defienden su idea, aprenden a argumentar, a escucharse, a respetarse. Muchas veces algún legislador tomó en cuenta los planteos que presentaron. Porque nos ayudan a ver las cosas desde otro punto de vista". Se trata, en general, de cuestiones ligadas al uso de los espacios públicos, a las mascotas, al cuidado de las personas mayores.
Otro aspecto importante de la actividad tiene alcance internacional. "Hace diez años creamos una red de órganos legislativos de toda la Argentina, a la que después se sumaron Chile y Uruguay", explica.
Se trata de encuentros entre legisladores nacionales, diputados provinciales y legisladores de otros países: "La idea es que exista un espacio apartidario, estrictamente legislativo, para compartir experiencias, realidades y situaciones sobre las que tal vez algunos ya avanzaron". Por estos días, el debate más candente tiene que ver con la inteligencia artificial y su regulación o prohibición.
La composición actual de la Legislatura está atomizada. El bloque mayoritario está formado por 20 legisladores. Otros tantos responden al peronismo-kirchnerismo. La Libertad Avanza, tras las últimas elecciones de medio término, pasó de ocho a 14 bancas.
"Con esta composición, nadie tiene fuerza propia suficiente para avanzar solo – declara –. Por eso subrayo la cuestión del diálogo, la búsqueda de esos consensos… Forma parte de nuestro trabajo. Esto no debe leerse ni interpretarse como la existencia de negociaciones por debajo de la mesa: son acuerdos públicos".
Para López Bauer, en definitiva, la política es un trabajo de tejido y no de ruptura. "Muchas veces el punto de llegada es el mismo. Se recorren caminos distintos, hasta encontrar la manera de llegar al mismo resultado. Y por suerte, pasa. La Legislatura, por ahora, avanza con mucho diálogo. Hay excepciones, pero la norma es que las sesiones se desarrollen con posiciones firmes, fuertes, pero con respeto. No digo armonía, pero sí mucho respeto".
Los legisladores trabajan divididos en comisiones: por ahí pasan los temas que después llegan al recinto, donde se da el debate. Otros temas, en cambio, van directo al recinto. La iniciativa de ley corresponde a los legisladores electos, al Ejecutivo o directamente al pueblo, que puede presentar un proyecto que la asamblea debe tratar dentro de los 12 meses.
"Votar en el recinto es como poner la cereza arriba de la torta y exhibirla en la vidriera – observa López Bauer –. Pero esa torta es el resultado de una receta que empieza mucho antes, en las comisiones". Ahí se hace el grueso del trabajo, "ahí se amasa y se pone en el horno. En las comisiones se escucha a los expertos, se recopila la información sobre un tema".
En la segunda mitad del año se trabaja mucho en el presupuesto de la ciudad para el año siguiente. "El Ejecutivo empieza a preparar el presupuesto y lo envía a la Legislatura, tal como sucede a nivel nacional – dice –. Los últimos tres o cuatro meses del año giran todos en torno a la aprobación del presupuesto. Sin embargo, la Legislatura también está encarando cuestiones ligadas a la autonomía de la ciudad, que en algunos aspectos todavía es imperfecta, por ejemplo en materia de justicia y de trabajo".
Otro tema candente es la línea F del subte. "La construcción de una nueva línea de subte necesita financiamiento internacional – dice –. La autorización tiene que pasar por la Legislatura, que va a votar y va a pedir el visto bueno a la Nación".
El gasto previsto asciende a 1.300 millones de dólares, que incluyen la parte financiera y las expropiaciones en los lugares donde se construirán las estaciones: "Esas expropiaciones también tienen que ser votadas por la Legislatura".
Según el legislador, la Legislatura suele ocuparse de temas que generan mucha participación popular: "No hablo de movilizaciones sindicales, sino de vecinos que se juntan, se asocian y participan de las sesiones, dan su opinión".
En el fondo, esta es la dimensión menos visible de la política local: un trabajo hecho de mediaciones, comisiones, límites y participación, mucho antes de que una decisión llegue a la votación. Y tal vez sea ahí donde se mide la calidad de una institución: en la capacidad de escuchar, mediar y transformar intereses distintos, muchas veces enfrentados, en reglas compartidas para la ciudad.