MONTEVIDEO — Lo que empezó como una queja diplomática de rutina terminó, esta vez, con la Cancillería uruguaya pidiendo disculpas puertas adentro del propio Parlamento. La vicecanciller Valeria Csukasi admitió que hubo “una confusión” después de que el Ministerio de Relaciones Exteriores trasladara a los presidentes de ambas cámaras legislativas una sugerencia inusual: evitar contactos oficiales con los representantes del stand de las Islas Malvinas instalado en el pabellón británico de la Expo Prado.
El origen del episodio no es nuevo. Desde hace años, la embajada argentina en Montevideo eleva una protesta formal cada vez que la representación del Reino Unido monta, en la Rural del Prado, un espacio que promociona las islas bajo la denominación “Falkland Islands” y reparte folletos en español con esa misma nomenclatura. Este año, la nota de rechazo argentina llegó a Cancillería el treinta y uno de agosto y cuestionó puntualmente ese “escenario isleño” por considerarlo una difusión de contenido político con la denominación que rechaza la posición histórica argentina.
Lo distinto en esta edición número ciento veintiuno de la Expo Prado fue lo que pasó después. En lugar de limitarse a canalizar el reclamo por la vía diplomática habitual, el Ministerio de Relaciones Exteriores le hizo llegar a la vicepresidenta Carolina Cosse, como titular del Senado, y al diputado nacionalista Rodrigo Goñi, al frente de la Cámara de Representantes, la recomendación de que los legisladores uruguayos evitaran todo contacto de carácter oficial con los enviados del stand británico.
La reacción no tardó en llegar, tanto desde el oficialismo del Frente Amplio como desde la oposición. El cuestionamiento no apuntaba tanto al contenido del pedido como a la forma: para buena parte de la clase política, no le correspondía a la Cancillería decirles a los parlamentarios con quién podían o no reunirse. El excandidato colorado Pedro Bordaberry fue uno de los más duros y calificó el episodio como de “una gravedad tremenda”, al sostener que el error no había sido trasladar la comunicación, sino no haberle marcado a la Argentina que ese tipo de sugerencias no se aceptan.
Ante el ruido político, el canciller Mario Lubetkin tomó conocimiento del episodio y ordenó dar marcha atrás con la instrucción. Fue entonces cuando Csukasi salió a dar explicaciones, este lunes, en la propia Rural del Prado. Según relató, la gestión argentina “no es novedosa” y se repite todos los años desde que existe la muestra, pero esta vez se cometió un error administrativo: junto con la comunicación oficial se adjuntó, por equivocación, una nota interna que nunca debió llegar al Parlamento.
La vicecanciller fue clara en remarcar que la postura de fondo de Uruguay no cambió: el país mantiene su respaldo histórico al reclamo argentino de soberanía sobre las islas, aunque eso no implica que el Poder Ejecutivo pueda condicionar la agenda de los legisladores. “Pueden hacer lo que quieran”, sintetizó, en referencia a la separación de poderes que, según remarcó, rige puertas adentro del sistema político uruguayo.
El trasfondo de la polémica excede el episodio puntual de la Expo Prado. Ocurre en un momento en el que el propio presidente argentino, Javier Milei, redobló la apuesta por la causa Malvinas con el anuncio de sanciones a petroleras que desarrollen proyectos en las islas, en paralelo a un proyecto de ley que busca endurecer las restricciones contra empresas que operen allí sin autorización argentina.