RÍO DE JANEIRO - Un operativo contra el narcotráfico en Río de Janeiro generó momentos de fuerte tensión cuando unos 200 turistas quedaron atrapados en una altura en medio de intensos enfrentamientos armados.

El despliegue tuvo lugar en la favela de Vidigal, en la zona sur de la ciudad, donde las fuerzas de seguridad se enfrentaron con sospechosos vinculados al Comando Vermelho, una de las organizaciones criminales más poderosas de Brasil.

Según imágenes difundidas por medios locales, muchos visitantes —entre ellos numerosos extranjeros— quedaron aislados en el Morro Dois Irmãos, un mirador muy concurrido por sus vistas panorámicas. A pesar de la situación, al finalizar el operativo todos los turistas lograron descender sin heridos, mientras que la policía confirmó la detención de dos personas.

Los criminales habían bloqueado una de las principales vías que conecta los barrios de Leblon y São Conrado, dos de las zonas más turísticas de la ciudad. El operativo, resultado de la colaboración entre autoridades del estado de Bahía y la Policía Civil de Río, tuvo como objetivo capturar a un grupo de detenidos que se fugó a fines de 2024.

Desde la Policía Civil defendieron la intervención, al señalar que las fuerzas de seguridad no eligen el enfrentamiento y atribuyeron a las organizaciones criminales la responsabilidad de exponer a civiles y visitantes al riesgo.

El episodio vuelve a poner en debate la seguridad en Río de Janeiro, especialmente después del megaoperativo contra el Comando Vermelho realizado a fines del año pasado, que dejó decenas de muertos y generó fuertes críticas. Desde entonces crecieron los cuestionamientos sobre la protección de la población durante estos procedimientos y la gestión de la seguridad por parte del gobierno estadual.

En paralelo, también aumenta la discusión sobre el turismo en las favelas, cada vez más visitadas, como ocurre con la famosa “silla” en la favela de Rocinha, convertida en un punto viral para influencers y turistas que buscan grabar videos, lo que alimenta polémicas sobre la romantización de estas realidades.

Estos barrios informales, surgidos por la falta de vivienda y la desigualdad económica, albergan a millones de personas que muchas veces no eligieron vivir allí. Por eso, algunos consideran que estos recorridos pueden resultar explotadores, al transformar la pobreza en una atracción.

Otros observadores sostienen, en cambio, que las visitas también pueden tener un valor educativo, ya que ofrecen una mirada directa sobre la vida cotidiana y las dinámicas sociales de las comunidades, a menudo atravesadas por la solidaridad y experiencias positivas. Si bien las favelas siguen siendo espacios donde la criminalidad y la violencia encuentran lugar ante la ausencia del Estado, también muestran ejemplos de resiliencia y organización, reflejando una realidad compleja que va más allá de los estereotipos.