MONTEVIDEO — El gobierno uruguayo mantiene desde hace meses conversaciones con Estados Unidos sobre la posibilidad de recibir migrantes deportados por Washington, entre ellos ciudadanos cubanos, aunque por el momento no existe ningún acuerdo. Así lo confirmó la Cancillería uruguaya, luego de la información publicada primero por The New York Times y más tarde por CNN.
“Hay un diálogo sobre este tema desde hace muchos meses, pero todavía no hay nada concreto”, explicó un vocero del Ministerio de Relaciones Exteriores uruguayo. Según señaló, se trata del mismo tipo de conversaciones que Estados Unidos mantiene con varios países de América Latina y el Caribe, algunos de los cuales ya alcanzaron entendimientos. Consultado por CNN, el Departamento de Estado norteamericano indicó que no comenta los detalles de las comunicaciones diplomáticas con otros gobiernos.
El asunto surge en un momento delicado para Cuba, atravesada por una crisis económica, energética y social cada vez más profunda. Los prolongados cortes de electricidad, la escasez de alimentos, las dificultades en el transporte y la falta de combustible volvieron cada vez más compleja la vida cotidiana en la isla. Para muchos cubanos que se encuentran en el exterior, regresar al país no es una alternativa viable.
En los últimos años, Uruguay ya recibió a un número creciente de ciudadanos de esa nacionalidad. En 2024, el país creó un programa de residencia por arraigo que permitió regularizar la situación de alrededor de 20.000 migrantes, muchos de ellos originarios de la isla caribeña.
La eventual coordinación con Washington, sin embargo, abrió un frente político interno. El secretario de la Presidencia, Alejandro Sánchez, calificó de “discriminatoria” la política migratoria de Donald Trump y reiteró que “no hay nada acordado”, aunque reconoció que la Cancillería mantiene conversaciones con la administración norteamericana.
El senador del Frente Amplio Daniel Caggiani, integrante del Movimiento de Participación Popular (MPP), fue más contundente: “No es política de Uruguay ser el basurero de la administración Trump”.
Su colega socialista Gustavo González también expresó fuertes reparos. “Todo lo que viene de Marco Rubio hay que leerlo cien veces”, afirmó. Además, describió al secretario de Estado norteamericano como un hombre “belicoso” y sostuvo que Uruguay debe mantener “las fronteras abiertas para todos los que quieran venir”, aunque diferenció esa situación del caso que se encuentra bajo análisis.
“El deportado no viene porque quiere, viene porque lo mandan”, remarcó González. A su entender, un eventual entendimiento representaría “un mal paso” y debería ser estudiado con detenimiento por el gobierno.
Desde el Partido Nacional, Sergio Botana cuestionó la postura del Ejecutivo, a la que consideró parte de una política exterior “zigzagueante”, y recordó el antecedente de los exdetenidos de Guantánamo que llegaron a Uruguay en 2014, durante el gobierno de José Mujica.
El senador también criticó la reciente visita del presidente Yamandú Orsi al portaaviones norteamericano USS Nimitz. Según sostuvo, el país debe mantener una buena relación con Estados Unidos, pero en el marco de una política exterior “seria”.
Más matizada fue la posición del diputado del Partido Colorado Felipe Schipani, quien valoró positivamente la llegada de cubanos “exiliados de una dictadura cruenta como la cubana”, aunque diferenció el otorgamiento de asilo de la admisión de personas expulsadas por Washington.
“Exiliados sí, como siempre, porque este ha sido un país de acogida para exiliados de dictaduras. Deportados latinoamericanos de Estados Unidos, de ninguna manera”, afirmó.