BUENOS AIRES – Los saludamos antes del viaje. Son los pizzeros que representaron a la “selección” argentina en el Campeonato Mundial de la Pizza de Parma, que se hizo del 15 al 16 de abril y llegó este año a su 33ª edición.
La participación estuvo encabezada por Apyce (Asociación de Pizzerías y Casas de Empanadas de la Argentina), que desde hace más de una década impulsa la presencia argentina en esta competencia. Para esta edición, la entidad eligió a 12 maestros pizzeros, que viajaron a Italia —dejando por unos días sus negocios y sus familias— para competir en nombre del país.
Y otra vez la apuesta de Diego Dávila, capitán de la “selección”, dio resultado: Argentina se subió al podio por tercer año consecutivo.
La gran figura de esta edición fue Ezequiel Ortigoza, que se quedó con el segundo puesto en la categoría Freestyle (pizza acrobática), una de las más exigentes y vistosas del certamen.
En 2024 había salido segundo en la especialidad “Pizza napoletana Stg” y en 2025 también había sido subcampeón en freestyle. El único riesgo, con una racha así, es que termine cargando con una especie de “síndrome del eterno segundo”.
La final fue una demostración de altísimo nivel técnico y artístico.
Con una rutina que combinó precisión, riesgo y creatividad, sumó acrobacias con fuego y cerró con un número impactante: hizo girar sobre su cabeza una masa de más de seis kilos y de más de un metro y medio de diámetro, lo que le valió la ovación del público.

A la izquierda, Ezequiel Ortigoza, medalla de plata de esta edición 2026.
Ortigoza es socio de Apyce y se formó como maestro pizzero en la escuela de la asociación. Junto con su socio Damián Marmol es fundador de la pizzería Furore, especializada en pizza napolitana contemporánea, en Recoleta. Y en breve abrirá un nuevo local en el barrio de Palermo.
Otro dato destacado fue el noveno puesto —el mejor resultado argentino— de Luciano Grigolato, radicado en España, en la categoría “Pizza Classica”, en la que compitió frente a 354 participantes.
No se trata solamente de subir al podio. Meterse entre los diez primeros en una competencia con cientos de rivales implica alcanzar un nivel de excelencia del que hay motivos para sentirse orgullosos.
El campeonato, que se desarrolla a lo largo de tres jornadas, exige preparación técnica, pruebas constantes con maquinarias y materias primas, además de una concentración absoluta. Nada queda librado al azar. Es el resultado de una combinación de formación, trabajo en equipo y esfuerzo individual.