LA PAZ – Bolivia sigue atravesada por una fuerte ola de protestas sociales que desde comienzos de mayo paraliza distintas regiones del país.

Campesinos, mineros, obreros y otros sectores reclaman la renuncia del presidente Rodrigo Paz Pereira, quien asumió hace apenas seis meses y es señalado por no haber logrado contener la grave crisis económica que atraviesa Bolivia, considerada la peor de los últimos cuarenta años.

Rodrigo Paz Pereira representa un giro político en Bolivia después de dos décadas de gobiernos socialistas encabezados primero por Evo Morales y luego por Luis Arce. El actual mandatario es visto además como uno de los aliados latinoamericanos más cercanos a Estados Unidos y a la administración de Donald Trump.

Las manifestaciones, muchas veces marcadas por episodios de violencia y enfrentamientos, también derivaron en una crisis diplomática regional que ahora involucra de lleno a Colombia.

Las relaciones entre Bogotá y La Paz atraviesan uno de sus momentos más delicados de los últimos años luego de que el gobierno boliviano decidiera expulsar a la embajadora colombiana en Bolivia, Elizabeth García, acusando al presidente Gustavo Petro de entrometerse en la política interna del país.

La tensión se desató después de una serie de declaraciones públicas de Gustavo Petro sobre las protestas bolivianas. El presidente colombiano habló abiertamente de una “insurrección popular” en Bolivia. “La leyenda decía que el jaguar americano despertaría si atacaban al cóndor, y el jaguar despertó en la conciencia popular”, escribió el mandatario.

Petro, histórico aliado político del ex presidente Evo Morales, también expresó la disposición de su gobierno para colaborar en una salida negociada al conflicto. “Mi gobierno está dispuesto, si es invitado, a buscar fórmulas pacíficas para salir de la crisis política boliviana”, afirmó el presidente colombiano.

Además, recordó un reciente encuentro que mantuvo en Panamá con Rodrigo Paz Pereira, en el que conversaron sobre Jaime Paz Zamora, padre del actual jefe de Estado y figura histórica del progresismo latinoamericano. “Espero que ese recuerdo hoy lo llene de amor por su pueblo y abra el diálogo para transformar a Bolivia en una democracia cada vez más profunda y soberana, profundamente latinoamericana”, sostuvo Petro.

Las declaraciones del mandatario colombiano fueron consideradas por La Paz como una “injerencia directa” en la situación política boliviana.

El canciller Fernando Aramayo anunció entonces la declaración de “persona no grata” contra la embajadora colombiana Elizabeth García, aunque aclaró que no se trata de una ruptura total de las relaciones diplomáticas entre ambos países.

Bogotá respondió de inmediato con una medida equivalente. La Cancillería colombiana informó la expulsión del embajador boliviano en Colombia, Ariel Percy Molina Pimentel. “En ningún momento el Gobierno colombiano tuvo la intención de interferir en los asuntos internos de Bolivia”, señaló el comunicado oficial, que además reiteró el respeto por el principio de soberanía nacional.

En diálogo con Caracol Radio, Petro cuestionó con dureza la decisión del gobierno boliviano. “Si por haber propuesto diálogo y mediación expulsan a la embajadora, significa que se está entrando en extremos que pueden llevar a una situación muy difícil para el pueblo boliviano”, declaró.

La disputa diplomática con Colombia amenaza ahora con profundizar todavía más el clima de tensión que atraviesa Bolivia, donde el malestar social y las movilizaciones contra el gobierno continúan creciendo.