BUENOS AIRES – Un balance de gestión y, al mismo tiempo, una hoja de ruta para quienes continuarán al frente de las instituciones italianas en Argentina. Sobre esos dos ejes giró la intervención de Darío Signorini durante la Cena del Lunes del 18 de mayo en el Círculo Italiano de Buenos Aires.

El presidente del Comites, que a fin de año concluirá su segundo mandato, repasó algunos de los proyectos más importantes impulsados durante su gestión, entre ellos el cómic L’hotel degli invisibili, dedicado a la inmigración italiana, y la cesión del terreno destinado a la construcción del Museo de la Inmigración Italiana, inspirado en el Mei de Génova.

Según Signorini, el principal desafío de la colectividad es la renovación de sus instituciones. Y, en ese sentido, considera que la diferencia entre las asociaciones que crecen y aquellas que atraviesan dificultades está en la capacidad de convocar a las nuevas generaciones.

Como ejemplo mencionó al Club Italiano de Caballito, histórica institución polideportiva con 128 años de trayectoria. “El año cerró con superávit, hay muy buenos resultados en distintas disciplinas, sobre todo hockey femenino, pero también fútbol, vóley, básquet y rugby”, señaló.

En 2023 la Constitución italiana incorporó en el artículo 33 el reconocimiento del valor educativo y social del deporte. “Genera solidaridad y sentido de pertenencia, especialmente en los deportes de equipo –observó Signorini–. Tenemos que volver a desarrollar programas deportivos y campeonatos interescolares junto al Coni, involucrando no sólo a la Argentina, sino también a Chile y Uruguay”.

Otro de los casos que destacó fue el de la Friulana de Villa Devoto. “Su presidente todavía no cumplió 40 años”, remarcó, antes de introducir uno de los temas centrales de su exposición: la relación entre jóvenes y adultos mayores dentro de las instituciones.

“Los mayores, indispensables y necesarios, deben transmitir su experiencia con sabiduría, pero no maltratar a los jóvenes”, afirmó.

Durante su intervención también citó al pedagogo brasileño Paulo Freire, para quien la transmisión del conocimiento no consiste en pretender enseñar, sino en aprender colectivamente.

“Cuando faltan jóvenes en las instituciones, tenemos que preguntarnos por qué y para qué los queremos –continuó–. Seguir vinculándolos solamente a fotos de hace 70, 40 o 50 años, sin contar el presente, es un grave error”.

Para Signorini, muchas veces los chicos son desplazados justamente por tener talento, cuando sus capacidades deberían aprovecharse en todas las áreas: deporte, cultura, danza y educación.

Al mismo tiempo, advirtió sobre el riesgo contrario: considerar que los mayores ya no sirven. “Es casi un crimen cultural, es como quemar libros –subrayó–. Es como no tener raíces o despreciar a la propia familia. No podemos permitirlo”.

Foto grupal con los jóvenes participantes de la cena en homenaje al cónsul general Carmelo Barbera y a Darío Signorini.

El presidente del Comites también puso el foco en las escuelas italianas y en los jóvenes dirigentes que se forman a través de la diplomatura del Ciaae. “Hay que crear redes de oportunidades y beneficios concretos, como becas o posibilidades laborales. Además, los chicos de las escuelas paritarias conocen la lengua y la actualidad italiana”, sostuvo.

En esa línea, consideró que las instituciones deben seguir ofreciendo cursos de italiano y actividades culturales, y no limitarse únicamente a encuentros gastronómicos o sociales. “No es posible –dijo– que en cenas de 300 personas apenas 15 o 20 hablen bien nuestro idioma”.

Para Signorini, las raíces italianas siguen vivas gracias a las nuevas generaciones, incluso entre descendientes de tercera o cuarta generación. Jóvenes capaces de “generar acciones de impacto social: solidarias, ambientales y comunitarias, para construir una sociedad más acogedora, sin seguir difundiendo el individualismo y el mercado como únicas formas de entretenimiento”.