BUENOS AIRES – Desde hace años, el Instituto Italiano de Cultura (IIC) de Buenos Aires y el Museo Nacional de Bellas Artes (MNBA) trabajan en conjunto con la idea de convertir a la cultura en una presencia viva dentro de la ciudad, generando espacios en los que el público no solo pueda asistir a un evento artístico, sino también participar, dialogar y descubrir nuevas formas de expresión.
Son iniciativas que hacen del arte una parte integrada a la vida cotidiana. En una época atravesada por la aceleración digital, la productividad permanente y el consumo constante de imágenes e información, propuestas como estas plantean otro ritmo: el de la pausa, la contemplación y la escucha.
El arte vuelve así a convertirse en un espacio capaz de interrumpir la lógica automática de la rutina para abrir lugar a la reflexión.
En ese marco, el viernes 22 de mayo el auditorio de la Asociación Amigos del Museo Nacional de Bellas Artes fue sede de la proyección de Frate Sole (Italia, 1918), histórica película muda dedicada a la figura de San Francisco de Asís, acompañada en vivo por el pianista y compositor italiano Mario Mariani, nacido en Pesaro, en la región de Las Marcas.
La actividad —organizada dentro de las conmemoraciones por los 800 años de la muerte del santo de Asís— reunió a representantes del ámbito cultural argentino e internacional y le ofreció al público una experiencia inmersiva entre cine, música y experimentación artística contemporánea.
La apertura de la noche estuvo a cargo de Andrés Duprat, director del Museo Nacional de Bellas Artes, quien recordó la extensa colaboración entre el museo y el Instituto Italiano de Cultura de Buenos Aires. También destacó el valor de los proyectos impulsados por el MNBA para fomentar una participación cada vez más amplia de personas de todas las edades en la vida cultural de la ciudad.
En ese contexto, Duprat subrayó la importancia del auditorio donde se realizó el encuentro como un espacio dedicado a la preservación de películas “que quedan fuera del circuito comercial pero tienen un enorme valor cultural”, reafirmando así el compromiso compartido de ambas instituciones con la difusión y valorización de la cultura internacional en Buenos Aires.
Entre los asistentes también estuvo Santiago Trujillo, secretario de Cultura de Bogotá, lo que reflejó la relevancia de la propuesta.

De izquierda a derecha, el pianista Mario Mariani, Livia Raponi, el embajador Fabrizio Nicoletti y Andrés Duprat.
La directora del Instituto Italiano de Cultura, Livia Raponi, presentó la película y el trabajo musical de Mario Mariani, y explicó que su performance iba mucho más allá de la improvisación. “No se trata simplemente de una variación sobre un tema —señaló— sino de una verdadera composición creada en el momento”.
Raponi también recordó la trayectoria internacional del artista, autor de reinterpretaciones musicales de obras de Fritz Lang, Georges Méliès y Charlie Chaplin, referentes históricos del cine mudo, además de su estrecho vínculo con el teatro y el cine. También aportó un detalle llamativo sobre el instrumento utilizado durante la velada: un piano de 1919, casi contemporáneo a la película, que representó un desafío adicional para el músico.
El embajador de Italia en la Argentina, Fabrizio Nicoletti, también tomó la palabra y recordó que la iniciativa forma parte de las celebraciones por los 800 años de la muerte de San Francisco de Asís. Lo definió como una “figura de referencia para las mentes iluminadas y humanistas, más allá de la religión y las diferencias”, y destacó que ese mensaje resulta especialmente significativo “en un contexto marcado por conflictos desiguales”.
Frate Sole no es la única película realizada en Italia sobre la vida de San Francisco. En 1972 Franco Zeffirelli dirigió Hermano sol, hermana luna, centrada en el vínculo de amistad y espiritualidad entre Francisco y Clara, fundadora de una orden femenina basada en los mismos principios franciscanos. En tanto, en 1989 Liliana Cavani filmó Francesco, con un inusual Mickey Rourke en el papel del santo y Helena Bonham Carter como Clara.
Llegado especialmente desde Italia para la ocasión, Mario Mariani explicó al público una de las particularidades históricas de Frate Sole: la película nació como una verdadera composición audiovisual integrada, en la que la música fue concebida junto con las imágenes.
La banda sonora original estuvo a cargo de Luigi Mancinelli, compositor y director de orquesta nacido en Orvieto, históricamente ligado también a Buenos Aires. Fue él quien dirigió la noche inaugural de la actual sede del Teatro Colón, el 25 de mayo de 1908, con Aida de Giuseppe Verdi interpretada por la Gran Compañía Lírica Italiana.
Durante la proyección, el piano de Mariani acompañó el relato cinematográfico transformándose de manera constante. El músico construyó un diálogo vivo con las imágenes, alternando momentos contemplativos con explosiones rítmicas repentinas y devolviéndole a la película toda la modernidad de su época dentro del cine mudo.
Al finalizar la proyección, Mariani sorprendió al público con una interpretación dedicada a Gioachino Rossini, su conciudadano de Pesaro. A partir de algunos fragmentos del tema principal de la Petite messe solennelle, el pianista desarrolló variaciones personales e imprevisibles, mezclando a Rossini con melodías pop y experimentaciones sonoras contemporáneas.
Uno de los momentos más llamativos de la noche llegó cuando el músico empezó a modificar el sonido del piano con elementos poco convencionales: cadenas apoyadas sobre las cuerdas, objetos metálicos e incluso un espumador eléctrico de leche utilizado directamente dentro del instrumento.
Un gesto artístico audaz e irónico que divirtió al público y que, al mismo tiempo, mostró cómo la creatividad puede surgir justamente cuando se pone en crisis al instrumento tradicional. Cuando un artista lleva un medio expresivo más allá de sus límites habituales, lo somete a tensión y lo obliga a reinventarse, pueden aparecer posibilidades inesperadas, nuevos lenguajes y formas de belleza imprevisibles.