BUENOS AIRES – Con sus 530 mil habitantes y una densidad de apenas 52 personas por kilómetro cuadrado, Basilicata es una de las regiones menos pobladas de Italia. Tanto que suele decirse que los lucanos de la diáspora —repartidos por el mundo, desde el norte italiano hasta Estados Unidos, Argentina y Uruguay— son más numerosos que quienes viven en el territorio regional.
No sorprende, entonces, que tengan una jornada dedicada especialmente a ellos: el 22 de mayo se celebra el Día de los lucanos en el mundo.
La fecha remite al 22 de mayo de 1971, cuando el Parlamento italiano aprobó el primer Estatuto de la Región Basilicata. Fue el nacimiento administrativo y político de la región, con la definición de su identidad jurídica.
En 1999, el Consejo Regional decidió instituir oficialmente el Día de los lucanos en el mundo y eligió esta fecha simbólica por dos motivos.
Por un lado, el vínculo con la tierra de origen, que une la historia de quienes viven en la región con la de quienes están lejos. Por otro, la identidad compartida: la fecha representa el momento en que Basilicata se definió a sí misma. Y esa identidad se extiende de manera ideal a todos los descendientes de sus hijos dispersos por el planeta.
En Argentina, la fecha queda algo opacada por la cercanía con el 25 de mayo, aniversario de la Revolución de 1810, que dio inicio al proceso que culminó el 9 de julio de 1816 con la proclamación de la independencia de España.
Por eso, la FABA, Federación de Asociaciones de Basilicata en Argentina, decidió celebrar en Buenos Aires el Día de los lucanos en el mundo con un almuerzo comunitario, aunque postergó el encuentro para el 7 de junio.
El menú incluye bruschetta, un plato de pastas, seguido por bondiola con ensalada y, como cierre, postre. Las bebidas son libres. Habrá espectáculos, música en vivo para bailar y sorteos de premios. La tarjeta cuesta 40 mil pesos y las reservas se realizan por WhatsApp al 11-4076-3776.
La cita es a las 12.30 en Avenida de los Corrales 6851, en el barrio porteño de Mataderos.

El flyer de la iniciativa.
Pero, ¿quiénes son hoy los lucanos de Argentina? “No somos los que llegaron en los barcos, al menos no solamente —dice el presidente de la Faba, Alejandro Tosi—. Somos sus hijos, sus nietos, una generación que no vivió el desarraigo en carne propia, pero que lleva a Basilicata en su ADN cultural”.
Una identidad múltiple hecha de música, arte y lengua. “Son las bromas, los encuentros, los silencios, esos abrazos que nos damos o esos espacios que necesitamos —continúa Alejandro—. Creo que la identidad múltiple se vive fuertemente a través de los sentidos. Un lucano argentino se emociona con el himno nacional, mi madre llora cada vez que lo escucha. Y al mismo tiempo, se le pone la piel de gallina con las primeras notas de Fratelli d’Italia”.
En la mesa del domingo conviven el asado con los struffoli, o el pan con ajo y peperone crusco. “No hay contradicción entre un corazón y el otro —agrega Tosi—. Tienen la capacidad de abrazar ambas patrias”.
Tosi subraya un aspecto profundamente identitario. “Podemos decir que ser italiano en Argentina es casi un rasgo cultural extendido, pero ser lucano representa una pertenencia particular, especial, única”, afirma. Y cuenta el trabajo que realizan con las asociaciones —y sobre todo con los jóvenes— que “descubren que ciudades y pueblos de Lucania, como Tricarico, Brienza y Pescopagano, acá en Argentina se transformaron en asociaciones”. Y que juntas conforman la federación.
“Esos lugares son la ‘patria chica’, la casa de los abuelos, el espacio de las pequeñas y grandes cosas: desde la comida hasta el trabajo en madera, desde la oración hasta las fiestas y los bailes —explica—. Y eso es lo que impulsamos desde la federación: la idea de una identidad activa”.
No se trata solamente de “recordar el pueblo del abuelo”, sino de viajar, conocer las propias raíces, descubrir esa magia que existe solo en Lucania, reconstruir el árbol genealógico, estudiar gracias a becas o incluso ir a trabajar, hacer experiencias profesionales y vivir en un borgo de la región. “Pero también invitar a Basilicata a venir acá, para que se deje contagiar por nuestra cultura”, señala.
Por ejemplo, Calvera, en la provincia de Potenza, se convirtió en la capital lucana del tango gracias a José Libertella, bandoneonista y compositor que nació allí en 1933.
“Por eso, hoy los lucanos en Argentina son guardianes de una herencia viva —concluye Alejandro—. La prueba de que se puede amar profundamente a la Argentina, que lo es todo para nosotros, sin dejar de honrar y hacer latir fuerte el corazón que sigue en Basilicata. Y eso, para las nuevas generaciones, es un legado enorme que todavía queda por construir”.