BUENOS AIRES – Medirse con una leyenda del jazz e interpretar su repertorio en un espectáculo dedicado a su obra representa un desafío para cualquier músico.

Y si esa leyenda es Leandro “Gato” Barbieri (1932-2016), considerado el mayor referente del jazz argentino, el reto es todavía mayor. Pero eso no parece inquietar a Giovanni Guidi, que el martes 30 de junio, a las 20, subirá al escenario del Teatro Coliseo junto a su banda para presentar Ojos de Gato.

Se trata de un recital en homenaje al célebre saxofonista argentino, conocido por el gran público por haber compuesto la banda sonora de Último tango en París (1972), de Bernardo Bertolucci.

Nacido en Foligno, en la región italiana de Umbría, en 1985, y considerado una de las figuras más destacadas del jazz europeo, Guidi fue descubierto por el trompetista Enrico Rava, con quien comenzó a tocar desde muy joven. A pocos días de su debut en Argentina, dialogó con Il Globo sobre las sensaciones que le genera este proyecto.

“No siento ningún temor reverencial hacia Gato Barbieri. El respeto que le tengo es absoluto, inmenso, pero justamente por eso no puede convertirse en un ‘intocable’ de museo”, afirma. Para el pianista, “la mejor manera de honrar a un gigante no es clonarlo ni adorarlo desde lejos, sino usarlo como trampolín. Así entiendo yo la música y así la entendía él”.

La obra de Barbieri invita a asumir riesgos. “Hay un enorme deseo de experimentar. De tomar esa urgencia expresiva tan carnal, casi violenta por su belleza, y llevarla a mi manera de tocar hoy. El jazz es movimiento o es academia. Y Gato, definitivamente, no era un músico académico”, sostiene.

Como muchos artistas de su generación, Guidi conoció a Barbieri a través de sus discos más famosos. “Pero la verdadera revelación llegó cuando empecé a explorar más allá del éxito mundial de Último tango en París. Hay un Gato antes y un Gato después. El que realmente me impactó fue el Barbieri de los años sesenta y setenta”.

Las colaboraciones con Don Cherry, su experiencia en la Jazz Composer’s Orchestra y los capítulos de Chapter One: Latin America marcaron profundamente al pianista. “Ahí había una rabia poética, un sonido desgarrador que no era solamente jazz ni solamente world music. Era un grito primordial. Ese sonido del saxofón, tan áspero y tan lírico al mismo tiempo, se me metió adentro y nunca más se fue”, cuenta.

Guidi también tuvo la oportunidad de conocerlo personalmente. “Lo que más me quedó grabado no fue una anécdota en particular, sino su increíble presencia magnética. Gato era un hombre de pocas palabras, pero iba directo al punto”.

Lo que más lo impresionó fue “el contraste entre esa figura casi mitológica, con el sombrero siempre puesto, los anteojos oscuros y ese aire de estrella de otra época, y la absoluta, desarmante fragilidad y humanidad que aparecía apenas empezaba a hablar o, por supuesto, a tocar”.

“Te miraba y entendías que había conocido tanto el dolor como la gloria. Guardo el recuerdo de un hombre que no necesitaba explicar nada: su sola postura ya era música”, agrega.

El título del proyecto, Ojos de Gato, propone un juego de palabras evidente con el apellido artístico de Barbieri. Pero también abre otra pregunta: ¿por qué hablar de la vista y no del oído cuando se trata de música?

“El juego con el nombre de Barbieri es evidente, pero elegir los ojos no fue casual. El jazz se escucha, claro, pero la música de Gato tiene una potencia visual impresionante. Es cinematográfica, evocadora, genera imágenes inmediatas en la mente de quien la escucha. Basta pensar en su vínculo con el cine y con Bertolucci”, responde.

Y hay otra razón. “Está también la mirada del gato: sigilosa, nocturna, misteriosa, capaz de ver en la oscuridad. En el jazz hace falta esa capacidad de moverse dentro de la incertidumbre de la improvisación guiándose por el instinto. Por eso el ojo es fundamental: es la forma en que observamos su universo para reinterpretarlo”.

En el repertorio aparecen las ciudades que marcaron la trayectoria artística de Barbieri: Buenos Aires, Nueva York y París.

El flyer del concierto.

“Esas tres ciudades son los puntos cardinales de la vida y de la música de Gato, y en el concierto aparecen como coordenadas emocionales y sonoras, no como postales estereotipadas. Buenos Aires es la raíz, el bandoneón, la profunda melancolía del tango, ese lirismo orgulloso”, explica Guidi.

Después aparece Nueva York: “La vanguardia, el contacto con la escena del free jazz, la intensidad, el ritmo frenético y la energía eléctrica de la ciudad”.

Y finalmente París, “la elegancia, la Europa que recibe y amplifica su voz, la sensualidad bohemia”. En el espectáculo, aclara Guidi, esos universos no aparecen separados. “La melancolía argentina es atravesada por la energía de Nueva York y filtrada por la sensibilidad parisina”.

Elegir una favorita no le resulta sencillo. “Pero si tengo que decir dónde descansa mi corazón de músico, elijo Nueva York. Por su capacidad de mezclar permanentemente las cartas y por el oxígeno creativo que le dio a Gato cuando decidió ir más allá de sus propios límites”, confiesa.

La iniciativa es organizada por el Instituto Italiano de Cultura de Buenos Aires y el Teatro Coliseo, con el apoyo del Ministerio de Cultura de Italia y la Embajada de Italia en la Argentina.

La entrada es gratuita. Las localidades pueden retirarse en la boletería del Teatro Coliseo de martes a sábado, de 12 a 20, con un máximo de cuatro entradas por persona.