BUENOS AIRES - El 26 de abril de 2026 vuelve, entre Puerto Madero y Costanera Sur, la cuarta edición de la “MaraTANA - la carrera italiana en Buenos Aires”, una cita ya instalada que celebra a la comunidad italiana, la amistad ítalo-argentina y los valores universales del deporte y la solidaridad.

Impulsada por el Consulado General de Italia en Buenos Aires, la MaraTANA está dedicada a la comunidad italiana más numerosa del mundo fuera del territorio nacional y con el tiempo se convirtió en una instancia de encuentro, de compartir y de puesta en valor de las raíces comunes. Una propuesta que reúne a distintas generaciones bajo el signo del deporte, pero también de la memoria y la cultura.

También este año la organización logística estará a cargo del Club de Corredores, cuyo director, Sebastián Tagle, destacó una tendencia significativa: la participación femenina en aumento. Cada vez más mujeres eligen correr la MaraTANA —ya representan más de la mitad de las inscriptas—, una señal de un cambio cultural dentro del deporte.

La gran novedad de la edición 2026 es el nuevo recorrido que, en lugar de desarrollarse dentro de los parques de Palermo como en años anteriores, se extenderá entre Costanera Sur y Puerto Madero, con largada en la Avenida de los Italianos, que de por sí remite a la marca de esa colectividad en la ciudad.

Los primeros kilómetros bordean la Reserva Ecológica, con un contacto directo con la naturaleza, para después meterse en el corazón moderno de Puerto Madero por la calle Juana Manso, hasta llegar al punto más al norte del circuito.

Desde ahí, el trazado vuelve a girar hacia el sur por la calle Calabria, otra referencia a la inmigración italiana en la ciudad, en un diálogo permanente entre paisaje urbano y memoria histórica.

Uno de los momentos más significativos del recorrido es el paso frente a la Fuente de las Nereidas —donde quienes corran la distancia de 3 kilómetros darán la vuelta para emprender el regreso—, una obra realizada en mármol blanco de Carrara por la célebre escultora Lola Mora (1866-1936), considerada de una importancia cultural tal que fue declarada Bien de Interés Histórico Nacional.

Esta fuente representa no solo una obra maestra artística, sino también un puente directo con Italia. De hecho, Lola Mora concibió la obra durante una extensa estadía de estudio en Roma, donde en 1900 elaboró los bocetos que después donaría a la ciudad de Buenos Aires.

La realización se llevó adelante justamente en Italia, gracias a la colaboración de artesanos y alumnos de su taller, siguiendo un proceso típicamente académico: del modelo en arcilla al molde en yeso en tamaño natural, hasta llegar al trabajo definitivo en mármol.

Los bloques fueron transportados a Buenos Aires en 1902, y la propia artista siguió de manera personal el ensamblaje final.

La escultora Lola Mora durante la realización de las estatuas de la Fuente de las Nereidas.

Pionera en la emancipación femenina, durante los trabajos de instalación usaba pantalones para moverse con más facilidad sobre los andamios: un gesto práctico, pero revolucionario para la época, al punto de provocar escándalo y obligar a cercar la obra para “proteger la moral pública”.

También los desnudos de la fuente fueron blanco de críticas por parte de los sectores más conservadores, hasta el punto de impedir su emplazamiento original en Plaza de Mayo.

Después de varios traslados, en 1918 la obra encontró su ubicación definitiva en Costanera Sur, por entonces una zona periférica y poco urbanizada. Hoy, en cambio, es uno de los lugares más turísticos de la ciudad y uno de los puntos más atractivos del recorrido de la MaraTANA.

En una época en la que el papel de las mujeres estaba fuertemente limitado, Mora logró afirmarse como una artista independiente e innovadora, desafiando convenciones sociales y prejuicios.

Correr la MaraTANA implica, entonces, atravesar no solo espacios urbanos, sino también capas de historia e identidad. El recorrido se vuelve un relato en movimiento: desde la herencia italiana visible en los nombres de las calles hasta el símbolo potente de la Fuente de las Nereidas, que entrelaza arte italiano, historia argentina y emancipación femenina.