NUEVA YORK — Polémicas, reproches y repudios. Esas fueron algunas de las reacciones de la oposición y de organizaciones de la sociedad civil argentina a la intervención de Javier Milei ante la Asamblea General de las Naciones Unidas.

En primer lugar, señalaron una contradicción en su postura: por un lado, acusó a la ONU de ser una organización “inútil”; por el otro, eligió ese escenario para volver a plantear el reclamo argentino por las Malvinas.

Las principales críticas, sin embargo, apuntan a sus palabras sobre inteligencia artificial, orientadas hacia una desregulación total frente al pedido de gobiernos y de los propios actores del sector de establecer límites basados en el principio de precaución.

El presidente argentino destacó el potencial de esta tecnología para multiplicar la productividad y afirmó que la Argentina buscará situarse “a la vanguardia de la libertad” y convertirse en un destino competitivo para las empresas que la desarrollan. Para eso, dijo, aprovechará sus recursos minerales y energéticos, sus talentos y su capacidad de participar en toda la cadena de valor.

La oposición teme que esas afirmaciones encubran la intención de entregar soberanía, recursos y territorio para transformar a la Argentina en una suerte de zona franca donde se permita lo que estaría prohibido en otros lugares.

“Durante demasiado tiempo, la Argentina administró su propio declive, administramos la pobreza, administramos el aislamiento, administramos la irrelevancia —sostuvo Milei—. No queremos volver a perder, por eso abrazamos el capitalismo de libre empresa”.

Según el presidente, la ONU se convirtió en un “leviatán burocrático, dedicado a decidir cómo deben vivir los pueblos del mundo y sus ciudadanos”.

En su visión ultralibertaria, “esto constituye una curiosa mezcla de anarquía y tiranía: impotencia frente a quienes violan las reglas más básicas, como las dictaduras sanguinarias y las organizaciones terroristas, y un control y una imposición orwellianos sobre las democracias liberales que sí respetan las normas. Lo vimos con la Agenda del Nuevo Milenio. Lo vimos con la Agenda 2030, con la regulación económica, las agendas de género, el extremismo ambientalista y la inmigración descontrolada”.

Milei insistió: “Y cada vez que fracasaron, en lugar de revisar el modelo o pedir disculpas, redoblaron la apuesta, como ya están haciendo ahora con la Agenda 2045, que, les anticipo, fracasará”.

Su posición fue explícita: “Donde muchos ven una amenaza, nosotros vemos una frontera. La inteligencia artificial, o superinteligencia, como dice el presidente Donald Trump, puede multiplicar nuestra productividad en órdenes de magnitud que todavía no comprendemos”.

Sobre los criterios de precaución, precisó que “prudencia no significa miedo y, de hecho, el miedo no debería transformarse de manera automática en obediencia”.

También cuestionó lo que considera alarmismo, porque “los escenarios distópicos a los que habitualmente se recurre para infundir miedo y favorecer el control del Estado no tienen sentido desde el punto de vista económico”.

Fiel a sus principios ultraliberales y a un modelo económico en el que la oferta impulsa la demanda, Milei proyectó un escenario optimista de prosperidad generalizada:

“Por lo tanto, el crecimiento será generalizado, con su contrapartida de demanda genuina, sin necesidad de déficits fiscales ni de emisión monetaria espuria”.

En lugar del principio de precaución, prometió un “principio diferente: frente a la incertidumbre proponemos determinación; frente al miedo, coraje; frente al declive, ambición; y frente a la resignación proponemos optimismo… Por eso les digo: frente a la inteligencia artificial, la Argentina se ubicará a la vanguardia de la libertad”.

Milei expuso ante la Asamblea General su programa para el país: “Queremos ser el lugar más competitivo del mundo para desarrollarla, con un marco jurídico de vanguardia, el compromiso de no regular de manera preventiva, responsabilidad limitada para las empresas que operen con agentes de IA y beneficios fiscales”.

Una de las preocupaciones del mandatario es el “papel de liderazgo” de Occidente. “Es necesario que Occidente lidere el desarrollo de la tecnología para asegurarnos de que se ajuste a nuestros valores libertarios fundamentales, como el respeto por la vida, la libertad y la propiedad privada, y la noción de dignidad humana”.

Para la Argentina, en este mundo “de destino mítico y progresivo”, Milei imagina un papel protagónico: “Son momentos peligrosos, pero también extraordinarios, porque durante los largos períodos de estabilidad las naciones administran el mundo que heredaron; en los períodos de transformación, algunas tienen la oportunidad de construir el mundo que vendrá. La Argentina quiere ser una de ellas”.

Así, no negó los riesgos, aunque los considera controlables y mucho menores que las oportunidades. Por eso, dijo, “seguiremos participando en los foros multilaterales, de buena fe, porque hay problemas que requieren un trabajo conjunto. Pero no confundimos cooperación con subordinación. Creemos en las alianzas y, antes que nada, en las naciones”.

Tampoco faltó su habitual crítica a los gobiernos anteriores, a los que responsabiliza por el deterioro económico y social del país. “La Argentina —subrayó— habla de esto desde la experiencia de quien conoce sus propios errores. Conocemos el costo del aislamiento, conocemos el costo de destruir una moneda, conocemos el costo de convertir al Estado en un obstáculo permanente para la iniciativa humana”.

La ocasión también le permitió retomar uno de sus argumentos habituales: “El declive no es un destino, sino el resultado de decisiones repetidas y, si se puede elegir ese rumbo, también se lo puede cambiar. Eso es lo que la Argentina está intentando hacer. Queremos una Argentina próspera, influyente y poderosa. No para someter a otros, sino para ser libres”.

La reacción llegó de parte de un conjunto de organizaciones, entre ellas The Common Initiative, con sede en Nueva York y dedicada al ambiente y la biodiversidad; Géneras, especializada en género y tecnología; la Asociación Argentina de Abogados Ambientalistas, y Ceppas, el Centro de Políticas Públicas para el Socialismo.

Las entidades sostienen que Javier Milei está completamente desalineado con la comunidad internacional. “Mientras el presidente pedía una inteligencia artificial sin regulación ante la Asamblea General de la ONU, ese mismo día y en el mismo edificio el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas se preparaba para una reunión de alto nivel con las potencias mundiales y las principales empresas del sector, destinada a debatir medidas de seguridad y regulación”.

La coalición también cuestiona el Súper RIGI, el régimen especial para atraer grandes inversiones tecnológicas, y promete dar pelea en todos los frentes: en el Senado, donde el proyecto de ley será debatido próximamente; en la Justicia, mediante impugnaciones, y en las calles. Sostiene que Milei ofrece una Argentina sin que sus instituciones ni su pueblo hayan dado su consentimiento.

“Milei quiere venderle al mundo una supuesta libertad tecnológica que, en la práctica, puede convertirse en un refugio jurídico detrás del cual esconder responsabilidades —declaró Oscar Soria, cofundador y codirector del centro de estudios The Common Initiative, con sede en Nueva York—. Si una sociedad automatizada puede tomar decisiones, firmar contratos, administrar bienes y causar daños, alguien tiene que responder. No hay verdadera innovación cuando se construyen escudos de impunidad para que nadie responda por las decisiones tomadas por sistemas automatizados”.

Soria dirigió un mensaje tanto al Gobierno argentino como a las multinacionales. “Este país no está en venta y ya estamos ganando la batalla contra la agenda de desregulación de Milei —agregó—. Cada tribunal, cada legislador y cada comunidad que corre el riesgo de verse afectada ya se está organizando contra esta agenda y está frenándola. No existen atajos hacia la legitimidad y aquí no hay ningún refugio para la impunidad artificial”.

Según Micaela Sánchez Malcolm, presidenta de Géneras, “la Argentina merece un debate abierto, profundo y completo sobre la IA y su marco de gobernanza. No podemos importar modelos que conviertan la tecnología en un escudo de impunidad”.

Más allá del temor a un giro autoritario, las preocupaciones abarcan cuestiones concretas: los proyectos de infraestructura digital requieren agua, energía y territorio. A su vez, el Súper RIGI busca establecer condiciones extraordinariamente favorables para las grandes inversiones, lo que genera resistencias y objeciones técnicas y jurídicas.

Las comunidades locales temen por el uso del suelo, la privatización de bienes públicos y el acceso al agua potable y a la energía en un país que sufre cortes masivos de luz de manera periódica.

“El discurso de Milei, además de anacrónico, busca trasladar la lógica del extractivismo a la era digital, con empresas que obtienen acceso privilegiado al agua y la energía mientras se sigue reduciendo la capacidad del Estado para proteger los bienes comunes”, declaró Enrique Viale, presidente de la Asociación Argentina de Abogados Ambientalistas. Viale se encuentra esta semana en Nueva York para participar de la Semana del Clima, que coincide con la Asamblea General de la ONU.

“En la Argentina, los territorios contradicen el relato que Milei presenta en Nueva York. Para las comunidades, la inteligencia artificial no flota en la nube: necesita agua, energía, territorio, infraestructura y decisiones que afectan a personas reales —agregó Florencia Gómez, directora de Relaciones Institucionales de Ceppas—. No queremos que nuestro país se convierta en un paraíso normativo ni que la propia regulación institucionalice la opacidad y permita que otros decidan mientras la sociedad paga las consecuencias”.

El 23 de septiembre, mientras Milei pedía desde el estrado de la Asamblea General que la IA quedara libre de cualquier tipo de regla, el Consejo de Seguridad de la ONU se preparaba para reunirse, pocas horas después, con una agenda opuesta: un encuentro sobre los riesgos de esta tecnología para la paz y la seguridad mundiales. Estaba confirmada la participación de Sam Altman, de OpenAI; Dario Amodei, de Anthropic; el investigador Yoshua Bengio, y Clément Delangue, director ejecutivo de Hugging Face.

En otras palabras, la propia industria advierte sobre los riesgos y pide mecanismos de gobernanza, coordinación internacional y estándares de seguridad compartidos.

Mientras Milei hablaba ante el mundo, en el Senado argentino se debatía quién controla la IA, quién responde cuando un algoritmo causa un daño, qué ocurre con los datos, cuántos recursos naturales consumen las infraestructuras digitales y qué derechos tienen las comunidades frente a esas decisiones.

La contradicción tiene consecuencias concretas. La propuesta de reforma de la Ley General de Sociedades, que forma parte del mismo paquete normativo que el Súper RIGI, incorpora las DAO, organizaciones autónomas descentralizadas gestionadas mediante código informático y sin una autoridad central. Más de treinta organizaciones pidieron eliminar esa figura y advirtieron sobre los vacíos jurídicos que podría generar. Fue el debate parlamentario el que obligó a La Libertad Avanza a revisar su propuesta.

Como señalan las organizaciones, el Gobierno busca presentar estas reformas como parte de una supuesta carrera inevitable hacia el futuro. Sin embargo, el proyecto de reforma societaria y el Súper RIGI reciben objeciones y condiciones incluso dentro del oficialismo y entre sus aliados parlamentarios.

Así, mientras Milei viaja al exterior para promover un país sin regulaciones, en la Argentina organizaciones sociales, especialistas, ambientalistas, comunidades y distintos sectores políticos debaten cómo evitar que esa desregulación convierta al país en un paraíso normativo para los gigantes tecnológicos.