BUENOS AIRES – La Argentina despide a Carlos Alberto Solari, conocido universalmente como el Indio Solari, que murió este 5 de junio a los 77 años.
La noticia de su fallecimiento provocó una profunda conmoción en todo el país, donde el cantante era considerado mucho más que un músico: una figura de culto que marcó a generaciones enteras de seguidores del rock.
Después de las partidas de Pappo, en 2005, Luis Alberto Spinetta, en 2012, y Gustavo Cerati, en 2014, se apaga otra de las grandes leyendas de aquella etapa extraordinaria del llamado rock nacional, surgida a partir de la década de 1970.
Solari falleció tras un prolongado deterioro de su salud a causa del Parkinson, enfermedad que él mismo hizo pública en 2016 y que en los últimos años lo había alejado progresivamente de los escenarios.
Había nacido el 17 de enero de 1949 en Paraná, Entre Ríos, aunque creció en La Plata. Desde joven mostró interés por el arte, la literatura y la música. En 1975 fundó junto al guitarrista Skay Beilinson la banda Patricio Rey y sus Redonditos de Ricota, destinada a convertirse en uno de los grupos más influyentes y populares de la historia del rock argentino.
Los Redondos construyeron con el tiempo un fenómeno único en América Latina. Lejos de los grandes circuitos comerciales y televisivos, lograron llenar estadios y formar una comunidad de seguidores casi religiosa, impulsada por letras enigmáticas, una fuerte impronta independiente y canciones que pasaron a formar parte del imaginario colectivo argentino, como Ji Ji Ji, La bestia pop, Vencedores vencidos y El pibe de los astilleros.
Tras la disolución de la banda en 2001, Solari inició una exitosa carrera solista acompañado por Los Fundamentalistas del Aire Acondicionado. Discos como El tesoro de los inocentes, Porco Rex, El perfume de la tempestad, Pajaritos, bravos muchachitos y El ruiseñor, el amor y la muerte consolidaron aún más su prestigio artístico y su capacidad para convocar multitudes.
En los últimos años había reducido drásticamente sus apariciones públicas debido a la enfermedad. Su último recital masivo fue en 2017, en Olavarría. Desde entonces se dedicó principalmente al trabajo en estudio, la escritura y distintos proyectos musicales experimentales.
La noticia de su muerte generó de inmediato miles de mensajes de despedida. Periodistas, músicos, referentes culturales y fanáticos inundaron las redes sociales para recordar su legado artístico y humano.
Entre los homenajes más significativos estuvo el de Eduardo “Skay” Beilinson, compañero de ruta en los Redonditos de Ricota, quien despidió a su amigo con un mensaje cargado de emoción.
“Te llevo conmigo en cada recuerdo, en cada canción de ayer. Con un dolor inmenso, buen viaje, querido amigo, hermano mayor, hermano en el rock. Por este motivo comunico la suspensión del espectáculo que iba a realizar junto a su banda este sábado. Algunos de nosotros somos la luz que viaja entre nosotros para siempre. Hoy es un día muy triste”, escribió Beilinson en su cuenta oficial de Instagram.
El posteo de Beilinson en Instagram.
Muchos destacaron que Solari encarnó una manera única de entender el rock: independiente, poética, muchas veces contracultural y profundamente vinculada a la realidad social argentina. Durante décadas, sus canciones acompañaron a distintas generaciones de jóvenes y se transformaron en una banda sonora colectiva capaz de atravesar épocas y cambios políticos.
Con la muerte del Indio Solari se cierra uno de los capítulos más trascendentes de la historia del rock argentino, un movimiento que supo construir una identidad propia en sus letras y melodías, aunque alimentado también por influencias anglosajonas. Queda, sin embargo, una herencia artística inmensa, compuesta por música, literatura, imágenes y palabras que siguen ocupando un lugar central en la cultura popular del país.
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