LIMA – Las graves irregularidades registradas durante la primera vuelta presidencial en Perú tuvieron un impacto concreto sobre la participación electoral en Lima, pero no existen pruebas suficientes para sostener que hayan alterado el resultado final ni cambiado a los candidatos que avanzaron al balotaje.
Esa es la conclusión de un estudio elaborado por investigadores de la Universidad de Stanford y presentado como amicus curiae ante el Jurado Nacional de Elecciones (JNE) de Perú.
La investigación analiza lo ocurrido el pasado 12 de abril, cuando cientos de centros de votación en la capital abrieron con varias horas de demora y algunos incluso recién el lunes siguiente, en una decisión sin precedentes adoptada por las autoridades electorales peruanas.
Según los investigadores, las demoras provocaron una caída significativa de la participación en las zonas afectadas, aunque no suficiente como para revertir el resultado de la elección.
“La evidencia científica muestra que las aperturas tardías redujeron la participación electoral en determinados centros de Lima Metropolitana”, señala el informe. Sin embargo, “la evidencia empírica disponible no respalda la hipótesis de que esas irregularidades hayan modificado el resultado de la elección presidencial”.
El estudio fue realizado por el laboratorio Democracy in Action de Stanford, integrado por los académicos Beatriz Magaloni y Alberto Díaz-Cayeros, junto a los investigadores Christopher Dann y Marcelo Peña. Los autores estimaron una reducción de la participación de entre 3% y 5% en los centros afectados por las demoras, equivalente a unos 27.000 votos perdidos.
Para llevar adelante el análisis, el equipo reconstruyó una base de datos independiente con más de 92.600 actas electorales utilizando información de la Oficina Nacional de Procesos Electorales (ONPE), documentos escaneados y herramientas de inteligencia artificial. En particular, se procesaron más de 87.000 actas mediante un modelo multimodal avanzado —Gemini 2.5 Pro de Google Vertex— capaz de leer tanto documentos digitales como anotaciones manuscritas para identificar los horarios de apertura de los centros, posteriormente verificados de forma manual.
Los investigadores además incorporaron a la base de datos el informe publicado por el JNE el 16 de abril, que identificaba oficialmente los centros abiertos después de las 14.
Según los resultados, los centros que abrieron después de las 10 de la mañana registraron una caída promedio de participación de unos 3 puntos porcentuales. En los casos confirmados de apertura después de las 14, la baja alcanzó el 5,3%, mientras que en los centros habilitados recién el lunes siguiente la disminución estimada fue del 5%.
El análisis también muestra que la caída de la participación aumentaba progresivamente a medida que se extendían las demoras, aunque no de manera lineal. Alrededor del mediodía, explican los especialistas, se observó una recuperación temporal gracias a los votantes que aprovecharon la pausa del almuerzo para volver a los centros de votación.
El estudio adquiere especial relevancia en el contexto de las denuncias impulsadas por el exalcalde de Lima Rafael López Aliaga, líder de Renovación Popular, que terminó tercero con una diferencia de apenas 21.000 votos respecto del segundo candidato más votado, Roberto Sánchez, de Juntos por el Perú, quien consiguió así el pase al balotaje.
López Aliaga sostiene desde hace semanas que las demoras en los centros de la capital —su principal bastión electoral— le costaron “cientos de miles de votos”, aunque hasta ahora no presentó pruebas concretas que respalden esas afirmaciones.
El domingo pasado, tras la proclamación oficial de los resultados por parte del JNE, su partido de ultraderecha afirmó haber firmado el acta “con reserva” y pidió la nulidad del documento.
Los autores del estudio remarcan, sin embargo, que aunque López Aliaga fue el candidato más votado en Lima y Sánchez apenas quedó noveno en la región, no es correcto asumir que todos los electores que no pudieron votar habrían apoyado automáticamente al exalcalde.
Incluso considerando distintos escenarios contrafácticos, explican los investigadores, las estimaciones indican pérdidas de entre 24.000 y 28.000 votos a causa de las demoras, una cifra insuficiente para alterar el orden final de la elección.
Roberto Sánchez enfrentará ahora en el balotaje a Keiko Fujimori, quien en la votación de abril obtuvo el 17,2% de los sufragios y fue, sin discusión, la candidata más votada de la primera vuelta.