BUENOS AIRES – La tradición heladera italiana sigue encontrando nuevas formas en la Argentina. Así lo demuestra la historia de los Pregatti, una familia de origen lombardo que desde hace varias generaciones mantiene un estrecho vínculo profesional con el rubro y que hoy, a través de Starosta, continúa ese legado mediante la elaboración de insumos destinados principalmente a las pequeñas heladerías artesanales distribuidas por todo el país.

Todo comenzó en la posguerra, cuando los bisabuelos de la familia llegaron a la Argentina desde Pavía, en Lombardía, y trajeron consigo el oficio de heladeros. Su hijo Francesco, padre de Aldo y abuelo de Aldana e Ivo Pregatti —quienes actualmente están al frente de Starosta—, abrió la heladería Venus en en barrio de Villa Luro, en la ciudad de Buenos Aires.

La generación siguiente fue la de Aldo, quien con apenas 21 años puso en marcha una distribuidora nacional de productos para heladerías y, en la década de 1990, se convirtió en el primero en importar a la Argentina los artículos de la histórica firma italiana Fabbri.

En 2019, la familia relanzó Starosta y la transformó en una empresa especializada en insumos para la elaboración artesanal: cremas, pastas, salsas y estabilizantes destinados a los profesionales del sector. La actividad no se limita a la producción, sino que también busca mantener vivo el vínculo con un legado basado en la técnica, la selección cuidadosa de los ingredientes y la atención puesta en el resultado final.

En los últimos años, este proyecto también se tradujo en iniciativas orientadas a llegar directamente a los heladeros de distintas regiones del país. Entre ellas se encuentra La Ruta del Helado, una travesía por la Argentina a bordo de un Fiat 600 convertido en un original carrito.

El “Fitito” de Starosta visitó numerosos comercios, especialmente fuera de Buenos Aires, con degustaciones y actividades para el público que permitieron poner en valor el trabajo de los pequeños productores locales.

“La Ruta del Helado tiene una respuesta excelente, sobre todo en el interior”, cuenta Aldo Pregatti, quien destaca así la importancia de un mercado integrado por numerosas heladerías artesanales, muchas de ellas profundamente arraigadas en sus comunidades.

Ahora, Starosta también mira más allá de su actividad tradicional. En la reciente feria del Mundial del Alfajor, la compañía presentó una nueva línea de rellenos frutales para pastelería, pensados especialmente para alfajores, bombones y tortas.

“A la línea de pastelería le sumamos los Rellenos de Fruta, que presentamos en la feria del Mundial del Alfajor. Son cremas y ganaches para rellenar y cubrir alfajores, bombones, tortas...explica Pregatti. Es un sector nuevo para la empresa, aunque el desarrollo de estos productos comenzó hace aproximadamente tres años”.

El paso hacia la pastelería, señala, fue más natural de lo que podría parecer. “En la misma planta podemos producir tanto para el sector heladero como para el pastelero. Es la misma familia de productos: solo hay que modificar las consistencias y los puntos de fusión, pero la materia prima es la misma”.

La calidad ocupa un lugar central en la selección de los ingredientes. Para los nuevos rellenos se eligen las mejores frutillas de Coronda, en la provincia de Santa Fe, mientras que los frutos rojos provienen de la Patagonia.

La participación en la feria, dirigida principalmente al público interesado en descubrir y probar nuevas marcas de alfajores, también funcionó como una vidriera para acercarse a la industria. “Fue muy provechosa porque también incluyó una ronda de negocios con los productores”, relata Pregatti.

La respuesta de los operadores confirmó el potencial de este nuevo segmento. “Notamos mucho interés. Al parecer, somos la primera empresa que elabora este tipo de producto listo para usar en alfajores”, explica. “El relleno tradicional por excelencia sigue siendo el dulce de leche, pero el sector artesanal busca nuevas alternativas”.

Para los pequeños fabricantes, elaborar sus propios rellenos supone un proceso nada sencillo. “En general, las marcas de alfajores artesanales producen por su cuenta los rellenos de fruta o chocolate, pero eso requiere mucho trabajo: no es algo fácil para un emprendimiento chico”, observa Pregatti.

Es precisamente allí donde Starosta busca insertarse, ofreciendo no solo un insumo, sino también la posibilidad de obtener resultados uniformes a lo largo del tiempo. “A ellos les interesan la calidad y su continuidad, algo que nosotros podemos garantizar”, subraya.

Con la mirada puesta en nuevos productos y mercados, Starosta conserva el “estilo italiano” con el que la familia Pregatti se desempeñó durante décadas en el ámbito heladero: respaldar la labor de los artesanos con insumos de excelencia que les permitan concentrarse en la creatividad propia del oficio.