BUENOS AIRES – ¿La realidad cambia más rápido de lo que somos capaces de procesarla? ¿O es nuestra percepción del presente la que se volvió más compleja, atravesada por un flujo incesante de información y por una frontera cada vez más difusa entre el mundo físico y el digital?

Son preguntas que hoy ocupan a una nueva generación de especialistas dedicados a analizar cómo interactúan las conversaciones que nacen en la calle con las que se desarrollan en las plataformas digitales.

Para los partidos políticos, los gobiernos y las empresas, ya no alcanza con las encuestas ni con las métricas de las redes sociales. El verdadero desafío consiste en detectar qué debates logran pasar del espacio público al ecosistema digital y, potenciados allí, terminan convirtiéndose en fenómenos políticos.

A eso se dedica Lucas Malaspina, consultor en asuntos públicos digitales y director de Desarrollo de Nuevos Negocios de Sustantiva, una firma especializada en transformar grandes volúmenes de información en herramientas para la toma de decisiones de instituciones públicas y empresas privadas.

La compañía desarrolla proyectos en Argentina, México, España y Guatemala. Para Malaspina, esa experiencia internacional permite identificar con mayor rapidez las transformaciones políticas y obtener una mirada “al dente” del presente.

“El mundo cambia más rápido que el tiempo que transcurre entre una elección local y otra. Por eso es interesante trabajar en distintos países: te permite mantenerte actualizado”.

Según el consultor, la experiencia del Movimiento 5 Estrellas en Italia ofrece elementos útiles para comprender procesos más recientes, como el crecimiento de Javier Milei en Argentina. No porque ambos fenómenos sean iguales, sino porque comparten algunas dinámicas vinculadas con la tecnología, el liderazgo y la crisis de los partidos tradicionales.

“El origen del Movimiento 5 Estrellas se remonta a 2009, incluso antes de su constitución formal, con los foros de internet impulsados por Casaleggio Associati —explica—. Todavía no se llamaba Movimiento 5 Estrellas, pero el proyecto ya existía”.

Para Malaspina, la gran innovación del caso italiano no fue utilizar internet para hacer campaña, sino construir primero una infraestructura digital y recién después organizar un partido político.

“Lo interesante es que no fue un candidato quien contrató a una empresa de comunicación”, dice. Ocurrió exactamente al revés: fue una empresa la que construyó un proyecto político. Claro que Beppe Grillo ya existía y era un humorista muy conocido, “pero Casaleggio Associati entendió que no era necesario empezar por una estructura partidaria tradicional”.

Con una plataforma digital ya consolidada, buscaron una figura capaz de atraer personas hacia ese espacio. Recién después esa comunidad virtual se transformó en una organización del mundo real.

Ese pasaje de lo virtual a lo presencial constituye, para el analista, uno de los aspectos más novedosos del modelo italiano. Internet dejó de ser solamente una herramienta de difusión para convertirse en la verdadera estructura organizativa del movimiento.

En aquella etapa, el sitio web de Beppe Grillo era administrado por Casaleggio Associati. Incluso cuando el Movimiento llegó al Parlamento, sus legisladores debían poner sus cuentas institucionales de correo electrónico bajo el control de la empresa.

“Si alguien entraba en conflicto con la compañía, era reemplazado. Era un sistema extremadamente organizado”, señala Malaspina.

El consultor considera, sin embargo, que también es necesario comprender qué motivó a Gianroberto Casaleggio a desarrollar ese esquema.

“No fue una operación pensada para obtener beneficios económicos una vez alcanzado el poder. No era un proyecto destinado a ganar licitaciones ni a enriquecerse”, explica

Casaleggio tenía una visión ideológica de internet. “Defendía una concepción libertaria en el sentido original de la red, basada en compartir el conocimiento y en cuestionar el poder de los grandes monopolios digitales. Era una mezcla de cultura hacker, idealismo, antipolítica y confianza en el potencial de las nuevas tecnologías”, observa. 

Esa visión, sin embargo, difícilmente habría prosperado sin un clima social favorable: “Italia atravesaba una profunda crisis de confianza en la política tradicional. Existía un desgaste de las ideas y de la representación que también aparecía reflejado en las encuestas. Casaleggio supo interpretar ese malestar, pero no lo creó”. Aprovechó una ola que ya estaba en marcha.

Lucas Malaspina.

Para Malaspina, esa es una de las principales enseñanzas del caso italiano: ninguna estrategia digital alcanza, por sí sola, para generar un fenómeno político si no existe una demanda social que la sostenga.

La oferta política debe responder a un contexto previamente instalado: “En un momento en el que mucha gente ya no se sentía representada por los partidos tradicionales, Beppe Grillo aportó su carisma y su capacidad comunicacional, mientras que la propiedad del proyecto permanecía en manos de una fundación vinculada con Casaleggio”.

La evolución posterior del Movimiento 5 Estrellas, sostiene, terminó confirmando esa lectura. Una vez consolidado políticamente y ya en el gobierno, comenzó a independizarse de la estructura que le había dado origen.

Esa separación también se trasladó al plano judicial, cuando el partido obtuvo mediante los tribunales el control de la base de datos de sus afiliados y de la infraestructura tecnológica que hasta entonces administraba Casaleggio.

Para Malaspina, el caso demuestra que las plataformas digitales pueden acelerar la aparición de nuevos actores políticos, pero no reemplazan la construcción de consenso ni la capacidad de interpretar el humor social.

Al mismo tiempo, advierte que la experiencia italiana no puede trasladarse de manera automática a otros países: “Las situaciones políticas son completamente distintas en todo el mundo y cada país tiene características propias. Además, la Argentina del año pasado no es la misma que la de hoy, ni siquiera la de hace seis meses”.

A esas diferencias sociales se suman las institucionales. Argentina tiene un sistema presidencialista, mientras que Italia forma parte de la Unión Europea, un marco supranacional que condiciona buena parte de su política interna.

“Es imposible saber con certeza hacia dónde va un país simplemente porque tenga algunas similitudes con otro – avisa –. Sin embargo, sí veo paralelismos claros entre el Movimiento 5 Estrellas y La Libertad Avanza”.

Malaspina aclara que esa comparación no surge exclusivamente de su análisis, sino que retoma una idea desarrollada por Giuliano da Empoli en Gli ingegneri del caos (“Los ingenieros del caos”, Marsilio): “Es un libro con el que coincido en algunos aspectos y discrepo en otros, pero ese ejemplo me pareció excelente”.

No obstante, toma distancia de una de las principales conclusiones del autor. “Creo que les atribuye demasiado poder a esos pequeños ‘ingenieros del caos’, como si pudieran dominar la opinión pública. Yo no lo veo así”, dice.

En su visión, consultores, estrategas y partidos no crean el consenso desde cero. Su tarea consiste, más bien, en interpretar un escenario que ya está cambiando.

“Quien intenta influir sobre la opinión pública simplemente navega en un mar caótico, determinado por factores que escapan a su control – explica –. Si logra leer las tendencias que empiezan a aparecer en la sociedad y acompañarlas con una pequeña estructura organizativa, puede llegar a ganar una elección. Pero justamente porque ese contexto es tan cambiante, lo que alcanza para conquistar el poder no necesariamente sirve para gobernar durante mucho tiempo”.

Más que ofrecer una fórmula para anticipar el futuro de la política argentina, concluye Malaspina, el caso italiano demuestra la importancia de observar con atención los cambios que nacen en el mundo digital y que solo se convierten en fuerza política cuando encuentran el momento histórico adecuado.

Es en ese delicado punto de encuentro entre las redes y la sociedad donde hoy se juega buena parte de la política contemporánea.

Luca Malaspina conduce el podcast Sin pauta, dedicado a la comunicación política y la actualidad