BUENOS AIRES — El Banco Central de la República Argentina (BCRA) amplió esta semana el universo de empresas que pueden acceder a créditos en dólares, incluso sin vender al exterior. La medida, que profundiza un camino que la autoridad monetaria viene recorriendo desde junio, apunta a que los bancos usen una porción mayor de los dólares depositados por los ahorristas para financiar a compañías que hasta ahora quedaban afuera de ese circuito.
La restricción que ahora se relaja no es una norma cualquiera. Rige desde 2002, cuando el entonces presidente Eduardo Duhalde firmó el Decreto 905, en plena salida de la crisis de 2001.
Aquel decreto —cuyo artículo 23 luego fue retomado por la Ley 26.546— estableció que los bancos solo podían prestar los dólares de sus depositantes a empresas que generaran ingresos en esa misma moneda, típicamente exportadoras. La lógica era evitar que se repitiera lo que había pasado durante el corralito y la pesificación: empresas y familias que cobraban en pesos pero debían en dólares, atrapadas por la devaluación. Es lo que en la jerga bancaria se llama descalce de monedas.
Ese esquema, vigente sin grandes cambios durante más de dos décadas, se había flexibilizado apenas un poco en junio, cuando el Central permitió que empresas sin ingresos en dólares accedieran a estos créditos, siempre que una compañía exportadora saliera de garante. Ahora el criterio se amplía otra vez: ya no hace falta esa garantía cruzada para que una empresa puramente del mercado interno pueda tomar deuda en dólares.
La apertura, sin embargo, tiene un techo concreto: los bancos no podrán destinar más del 15% de sus depósitos en dólares a este tipo de préstamos. A eso se suman resguardos adicionales: un capital mínimo un 25% superior al exigido para créditos comparables, y un peso mayor —1,25 veces— de estas financiaciones a la hora de calcular cuánto puede concentrar cada banco en un solo cliente.
El ministro de Economía, Luis Caputo, calculó que la ampliación podría inyectar entre US$6.000 y US$10.000 millones al crédito disponible para empresas que no exportan. Desde el Central explicaron que el objetivo es que una porción del ahorro en dólares que hoy está fuera del sistema —o inmovilizado dentro de él— se convierta en financiamiento para inversión, producción y empleo, sin resignar la solvencia de los bancos.
La discusión no es nueva: los bancos de capital nacional, agrupados en ADEBA, venían reclamando esta apertura desde hacía meses, mientras que las entidades de capital extranjero se mostraban más cautas frente a la posibilidad de asumir mayor riesgo cambiario indirecto.