BUENOS AIRES - Cuando se piensa en la cocina italiana, las primeras imágenes que suelen aparecer son la pizza y las pastas. Sin embargo, hay quizás otro producto del Bel Paese capaz de despertar emociones aún más universales: el gelato.
Mucho más que un simple postre, el gelato es un símbolo de despreocupación, una invitación inmediata a la infancia y a los momentos felices. Caminar en un día de verano con un cucurucho en la mano no significa solamente comer, sino concederse una pausa de disfrute, en la que la única preocupación es evitar que el helado se derrita demasiado rápido.
No sorprende, entonces, que en la última edición de Fithep, la principal feria de la industria alimentaria latinoamericana, la tradición gastronómica italiana haya tenido una presencia destacada, en particular en el sector de las heladerías, donde innovación y elaboración artesanal siguen avanzando de la mano.
Si hay una figura que encarna la historia y la evolución del helado italiano en Argentina, esa es Ricardo Bonfigli. Hijo de Riccardo Bonfigli, emigrado de Italia en la segunda posguerra, Ricardo —con el mismo nombre que su padre, pero con una C menos— se convirtió con el paso de las décadas en un referente para todo el sector.
Lo distingue, sobre todo, una creatividad inagotable. Bonfigli nunca dejó de imaginar nuevos sabores y combinaciones, siempre en busca de la próxima gran idea.
Entre sus creaciones más célebres está la Crema del Cielo, el helado celeste que se transformó en un clásico de las heladerías argentinas. Nacido en el verano de 1978, como homenaje a los colores de la camiseta de la Selección argentina durante el Mundial de fútbol, el sabor debe su nombre a una pregunta que un colega escéptico le hizo a Ricardo cuando anunció que quería elaborar un helado celeste: “¿Qué hay de natural de ese color?”.
Casi cincuenta años después, las ganas de experimentar no se agotaron. Para el verano de 2026, Geli presenta una nueva creación: Mela Kissabel, un sabor elaborado con una variedad particular de manzana cultivada en la Patagonia, caracterizada por una pulpa naturalmente rosada, muy jugosa y de sabor dulce.
“Mi papá llegó un día al trabajo diciendo que quería hacer algo nuevo con la manzana, una fruta poco aprovechada en heladería pero que, según él, podía dar grandes sorpresas”, cuenta Mariana Bonfigli, responsable de marketing y comunicación de la empresa familiar, mientras su hermano Horacio sigue de cerca el desarrollo de la producción. “Es un sabor al agua ideal para el verano: fresco, dulce y con notas que recuerdan a los frutos rojos y a la sandía”.
La valorización de las materias primas locales es uno de los ejes de la filosofía de Geli. Además de la manzana patagónica, la empresa también apuesta por ingredientes argentinos para reinterpretar grandes clásicos.
Es el caso del Pistacho del Zonda, preparado con variegato de pistacho y pistachos caramelizados provenientes de San Juan, provincia que en los últimos años emerge como uno de los principales polos productivos del país, impulsada también por el auge de los productos inspirados en el fenómeno del llamado “Dubai chocolate”.
“No fue una moda pasajera”, observa Mariana, al reflexionar sobre el éxito del pistacho y preguntarse cuál será la próxima gran tendencia capaz de conquistar el mercado.
La respuesta podría llegar, una vez más, de la imaginación de Ricardo Bonfigli, que sigue mirando hacia adelante con la misma curiosidad y el mismo entusiasmo de siempre.