LA PAZ – Contra todos los pronósticos y sin figurar entre los favoritos en las encuestas, la fórmula compuesta por Rodrigo Paz Pereira y Edman “Capitán” Lara se impuso como la más votada en las elecciones presidenciales bolivianas, marcando el fin de un ciclo político de más de dos décadas de hegemonía del Movimiento al Socialismo (MAS). La dupla competirá en un histórico balotaje el próximo 19 de octubre frente al exmandatario Jorge “Tuto” Quiroga.

Para la politóloga y analista boliviana Natalia Aparicio, la irrupción de Paz y, sobre todo, de Lara, representa una respuesta directa al hartazgo de una ciudadanía asfixiada por la crisis económica, la polarización política y la corrupción.

“Lo que no vimos en las encuestas y no supimos interpretar era que lo que la gente pedía era un cambio radical”, explica. Y ese cambio, según la analista, no está encarnado tanto en Paz –un político con trayectoria, exalcalde de Tarija– sino en la figura disruptiva de Edman Lara.

¿Quién es Edman Lara?

Nacido en Cochabamba y radicado en Santa Cruz, Lara fue capitán de la Policía Boliviana hasta 2023, cuando denunció públicamente prácticas de corrupción dentro de la institución. Esa cruzada lo marginó de la fuerza, pero lo convirtió en un referente popular, especialmente entre los sectores más golpeados por el deterioro estatal.

Desde sus redes sociales, donde se consolidó como una suerte de “influencer anticorrupción”, construyó una comunidad digital que luego volcó al territorio durante la campaña.

“Es una estrella de TikTok, pero también recorrió el país, sin estructura ni dinero, con un mensaje directo y emocional”, dice Aparicio. El momento de inflexión en la campaña de Paz fue precisamente la incorporación de Lara como su candidato a vicepresidente.

Su narrativa “anticasta”, su discurso religioso –alineado con el auge evangélico en el país– y su lema “Bolivia de pie, nunca de rodillas” resonaron especialmente en El Alto.

Esta ciudad es un símbolo histórico de resistencia antineoliberal desde la década del 90 y de la llamada “Guerra del Gas” de 2003, conflicto que cristalizó políticas aplicadas desde la década anterior y sostenidas durante la breve presidencia de Jorge Quiroga.

Hoy, este bastión de clases populares se siente huérfano de representación, y encontró en ese mensaje una respuesta.

¿Qué representa la fórmula Paz-Lara?

Según Aparicio, cinco factores explican el sorpresivo ascenso:

  1. El “cansancio” de una parte de la sociedad hacia la “vieja política”: tanto de la izquierda del MAS como de la derecha tradicional.
  2. Lucha contra la corrupción: con Lara como emblema moral frente a una Policía desacreditada.
  3. Un sector popular “huérfano”: que encontró en la fórmula una salida a la disyuntiva entre el MAS y la derecha histórica.
  4. Un trabajo de construcción de comunidad orgánico tanto en redes sociales como en territorio: con Lara como fenómeno viral en redes sociales y como protagonista de visita de pueblos, de mercados y de áreas rurales.
  5. Religión y moral popular: en un país donde más del 80% se considera religioso, el discurso evangélico de Lara encontró tierra fértil.

Paz, por su parte, representa una centroderecha “progresista”, considera la analista, con propuestas como la legalización de la marihuana y una “Agenda 50/50” que busca repartir de manera equitativa el presupuesto nacional entre el gobierno central y los gobiernos subnacionales.

“Su lema ‘capitalismo para todos’ marca distancia del ‘socialismo duro’ del MAS”, sin abrazar del todo las políticas ultraliberales de su adversario Quiroga, destaca Aparicio.

La economía como telón de fondo

La elección se da en un contexto económico crítico: escasez de dólares, inflación por encima del 16%, desabastecimiento de combustibles y filas interminables en las estaciones de servicio. Las reservas internacionales han caído a niveles alarmantes, y el subsidio a los hidrocarburos se volvió insostenible.

Frente a este escenario, Paz propone eliminar trabas burocráticas, desconcentrar el gasto público y evitar recurrir al FMI. Quiroga, en cambio, no descarta acudir al organismo internacional para estabilizar la economía, al tiempo que impulsa una reforma drástica del Estado y reducción impositiva.

El MAS y la implosión de la izquierda

Los resultados del domingo dejaron al MAS con su peor desempeño electoral en dos décadas. Eduardo del Castillo, su principal candidato, apenas superó el 3%.

Mientras tanto, el llamado al voto nulo impulsado por Evo Morales –que abandonó el partido que creó a principios de este año luego de tensiones con el actual presidente boliviano Luis Arce y no logró presentar su candidatura debido a una inhabilitación ser reelecto por segunda vez de parte del Tribunal Superior Electoral (TSE)– alcanzó el 19% del total de sufragios, cerca de medio millón de votos.

Aunque no se cuentan oficialmente, representan una parte importante del electorado. Para Aparicio son políticamente relevantes “suficientes para incendiar las calles”.

La analista lo considera como “un voto de venganza, dirigido a castigar a los exaliados de Evo, como (el expresidente del Senado y candidato presidencial bajo la Alianza Popular) Andrónico Rodríguez y (el exministro de gobierno candidato a la presidencia por el MAS) Eduardo Del Castillo”.

¿Qué viene ahora?

El nuevo gobierno deberá enfrentar importantes desafíos: estabilizar la economía, recuperar la confianza institucional y, sobre todo, asegurar gobernabilidad “tanto en la Asamblea Legislativa como en las calles, pero principalmente en las calles −afirma Aparicio− . Porque Bolivia es un país que se define en las calles”.

Mientras la dupla ganadora se prepara para el balotaje, la izquierda boliviana se sume en una crisis de identidad sin precedentes. “Está derrotada”, sentencia Aparicio.

La pregunta ya no es cuándo volverá al poder, sino si logrará recomponerse o se fracturará de manera permanente.