BOLOGNA – La editorial independiente marplatense Lecturita Ediciones ganó el BOP 2026 (Bologna Prize for the Best Children’s Publishers of the Year) para la región de Caribe, Centro y Sudamérica.
Guiado por tres criterios —calidad, creatividad e innovación—, el jurado volvió a inclinarse por una editorial de tamaño medio por encima de los grandes grupos que dominan el sector.
María Celina Alonso, fundadora y directora editorial de Lecturita, explicó sus estrategias para sostener el vínculo con el público en un panel dedicado a la edición infantil y juvenil en América Latina, del que participaron autores, ilustradores y especialistas del sector llegados de distintos países del Cono Sur.
Una de las propuestas más valoradas y efectivas de la editorial, contó Alonso, es el “Lecturita Book Club”, un programa de suscripción por el que quienes se anotan reciben en sus casas dos libros infantiles todos los meses.
“Vivimos en un contexto con muchos desafíos —contó ante colegas y público—. En la Argentina cada gobierno barre con las reglas del anterior y la inflación siempre está al acecho. Eso exige versatilidad, capacidad para moverse rápido”.
No es el escenario ideal, claro. “Pero te fortalece. No es casual que en América Latina aparezcan nuevos talentos de manera permanente”.
La chilena Paloma Valdivia, autora e ilustradora, habló de las dificultades de la distribución. “¿Cómo hacer para que los libros lleguen a los rincones más remotos y más difíciles del país?”, planteó.
Por eso, 11 mujeres a cargo de sellos editoriales crearon Clic, una cooperativa que no solo se ocupa de hacer llegar libros a todos lados, incluidas zonas rurales e islas, sino también de capacitar a bibliotecarios y docentes en promoción de la lectura.
También en Chile, en el archipiélago de Chiloé, funciona la Bibliolancha: una pequeña embarcación que lleva libros a las zonas más alejadas de las islas.
Nat Cardozo, de Uruguay, habló de la situación particular de su país, con apenas tres millones de habitantes, pero donde el analfabetismo fue erradicado y se venden tres millones de libros por año. Muchísimos en relación con la población, aunque pocos en términos absolutos.
“Además, en Uruguay todo gira alrededor de Montevideo —siguió Natalia— y sabemos que el 50% de la población no lee ni un libro al año: es un mercado chico y hay que cuidarlo”.
En la feria volvió a quedar en evidencia una edición latinoamericana para chicos con capacidad de innovar y resistir, aun en contextos económicos y logísticos complejos. Entre estrategias creativas, redes de colaboración e iniciativas territoriales, las pequeñas y medianas editoriales siguen cumpliendo un papel decisivo en la expansión de la lectura, y demuestran que incluso en los mercados más difíciles se pueden construir proyectos de calidad.