BUENOS AIRES — El presidente argentino, Javier Milei, encabezará este jueves a las 21 una cadena nacional dedicada a la cuestión Malvinas, un formato que en la Casa Rosada reservan para anuncios de peso.

Lo llamativo no es solo el tema, sino quién participa de la redacción del mensaje: según confirmó el vocero presidencial, Adrián Ravier, el contenido lo elaboran el propio Milei, el canciller Pablo Quirno y la Secretaría de Inteligencia del Estado (SIDE), un organismo que hasta ahora se dedicaba a la producción de inteligencia estratégica y que ahora, según trascendió, también interviene en el diseño comunicacional del discurso y en el monitoreo de su impacto político. La decisión se enmarca en la creciente injerencia del asesor presidencial Santiago Caputo sobre el aparato de inteligencia.

El anuncio se conoció horas después de que el propio Quirno expusiera ante el Gabinete los avances diplomáticos de la Cancillería en torno a la soberanía de las islas. Pero el disparador inmediato fue otro: el lunes, en el Despacho Oval, el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, dijo ante la prensa que revisa todas sus posturas de manera permanente y que la relativa a Malvinas es solo una más entre muchas, cuando le preguntaron si Washington reconsideraba su posición histórica de neutralidad.

No hubo, en rigor, ningún anuncio de cambio de política. Según trascendidos del diario británico The Telegraph, la eventual revisión formaría parte de una estrategia del Pentágono para presionar a Londres a elevar su gasto militar dentro de la OTAN, más que una señal de acercamiento a la posición argentina.

Del lado británico, la respuesta llegó rápido. El ministro de Economía del Reino Unido, John Healey, sostuvo que las islas son y seguirán siendo británicas, y negó haber recibido cualquier sugerencia de cambio por parte de funcionarios estadounidenses.

El trasfondo político no es menor. Analistas citados por medios locales señalan que el episodio le sirvió al Gobierno como una oportunidad para retomar la agenda en un momento de desgaste, ya que ni los últimos anuncios económicos ni las leyes aprobadas en el Congreso lograron recomponer la imagen presidencial, de acuerdo a mediciones que la propia SIDE realiza puertas adentro.

Detrás del debate diplomático hay, además, un frente económico que crece en paralelo. El proyecto petrolero offshore Sea Lion, liderado por la israelí Navitas Petroleum junto a la británica Rockhopper, avanza en aguas al norte del archipiélago con una inversión proyectada de unos 2.100 millones de dólares y el objetivo de producir el primer barril en 2028. La Cancillería argentina considera ilegítimas las licencias otorgadas por el gobierno isleño y ya aplicó sanciones administrativas a Navitas.

Esta semana, excombatientes de la guerra de 1982 y abogados ambientalistas presentaron una demanda contra la iniciativa ante un tribunal de Tierra del Fuego. En el Congreso, además, se denunció que Londres otorga licencias de pesca de hasta 25 años en aguas de la zona económica exclusiva argentina.

Todo esto ocurre en un clima social distinto al de otros años. Tras la victoria de la selección argentina sobre Inglaterra en las semifinales del Mundial 2026, los jugadores desplegaron una bandera con la leyenda “Las Malvinas son argentinas”, pese a la prohibición expresa de la FIFA, lo que le dio al reclamo una visibilidad inusual entre las nuevas generaciones.