MAR DEL PLATA — Llegaron principalmente después de la Segunda Guerra Mundial desde Roma y todas las provincias del Lacio, en especial Frosinone y la región de la Ciociaria. Se instalaron en Rosario, Córdoba, Buenos Aires y Mar del Plata.
“No somos la comunidad más numerosa, pero somos muy activos”, afirma Gustavo Velis, presidente del Centro Laziale de Mar del Plata. También señala que la mayoría de los emigrantes de esa región eligió como destino Canadá y Australia.
La asociación fue fundada de facto en 1989 y obtuvo personería jurídica en 1990. “En aquella época yo era el socio joven —bromea—. Todavía no había redes sociales y, para encontrar marplatenses de origen lacial, tuve que pedirle al cónsul que me indicara algunas familias. Estaba Giuseppe Muggiatti, nacido en Roma, que tenía la clásica forma de hablar de Alberto Sordi, la familia Barberini…”.
El resto es historia: 36 años de trabajo voluntario y de relaciones con la Región del Lacio construidas día tras día. “Gracias a esos vínculos —destaca Gustavo con orgullo—, durante todos estos años pudimos enviar a nuestros jóvenes a Italia para estudiar el idioma y realizar cursos de capacitación”.
Uno de ellos es Luciano Fantini, activo tanto en la asociación como en la colectividad italiana en general. En su familia confluyen tres regiones: es de origen lacial por parte de su madre y trentino y emiliano —“de Salsomaggiore”, aclara— por el lado paterno.
Luciano aprovechó esa triple pertenencia para acceder a todas las oportunidades de formación posibles. “Estuve en Bolonia para hacer un curso de informática y ahora trabajo en una multinacional de tecnología digital e inteligencia artificial”, cuenta.
También es tesorero del Comité de los Italianos en el Exterior (Comites) de Mar del Plata y el integrante electo más joven. Ya se prepara para presentarse en los próximos comicios dentro de una lista que busca representar a las nuevas generaciones.

Luciano Fantini (a la derecha) junto con el cónsul en Mar del Plata, Andrea Varischetti.
Para Gustavo Velis, la formación de los jóvenes y el recambio generacional son objetivos que ya forman parte del ADN de la asociación. Una convicción que se traduce en acciones concretas.
“Realizar experiencias de estudio o trabajo en Italia es fundamental”, sostiene al recordar su propia trayectoria. Velis, biólogo, docente e investigador de la Universidad Nacional de Mar del Plata, destaca la posibilidad que tuvo de elaborar su tesis en la Universidad de Sassari, con una investigación sobre la apicultura sarda y las técnicas de construcción de colmenas con corteza de alcornoque. “La miel sarda tiene una calidad altísima, en particular la de madroño y la de otras flores autóctonas”, explica.
Gracias al trabajo con la Región del Lacio, Velis consiguió un convenio para dictar cursos gratuitos de italiano en la Dante Alighieri de Mar del Plata, financiados con fondos regionales. También impulsó un acuerdo entre su universidad y la de Cassino, en Frosinone. “Además, enviamos a diez jóvenes al Instituto Técnico Superior de Potenza, en Basilicata, para realizar una especialización en el sector energético”, agrega.
La asociación funciona así como una incubadora de talentos, pero también como un archivo vivo de la memoria y las tradiciones. Todos los años, en julio, el Centro Laziale participa en la Feria de las Colectividades, una propuesta que se realiza en Mar del Plata desde hace tres décadas.

El stand gastronómico en la Feria de las Colectividades.
“Tenemos un stand cultural y otro gastronómico —cuenta Luciano—. En el primero difundimos las tradiciones de las cinco provincias: Roma, Frosinone, Latina, Rieti y Viterbo. En el gastronómico preparamos la ‘verdadera’ porchetta de Ariccia y sándwiches típicos del Lacio. Pero también ofrecemos especialidades de otras regiones, como sfogliatelle napolitanas, cannoli sicilianos y tiramisú de Treviso…”.
También hay pastas, vinos y limoncello. Luciano lleva adelante un proyecto para difundir y dar a conocer la producción italiana, que comienza en la Feria y continúa durante todo el año en su sitio web y en las redes sociales.
“En el stand gastronómico trabajan siete u ocho jóvenes —relata Luciano—, mientras que en la cocina, detrás de escena, están las abuelas de los socios. ¡Y están acostumbradas a cocinar para un ejército!”.