BUENOS AIRES - La Comunidad de Sant’Egidio es un movimiento de la Iglesia católica nacido en Roma en 1968, en el marco de la renovación ecuménica del Concilio Vaticano II, y hoy presente en más de 70 países, Argentina incluida. “El papa Francisco la definió bien: la comunidad de las tres P – oración, paz y pobres”, explica Marco Gallo, responsable en Argentina.
Desde 2022, la comunidad tiene en concesión un inmueble proporcionado por la Arquidiócesis de Buenos Aires, ubicado a pocos pasos de Plaza de Mayo.
Este espacio fue transformado en la “Casa de la amistad”, un lugar de encuentro y reflexión dedicado a la construcción y difusión de una cultura de la paz, del diálogo cultural y del intercambio también con otras religiones. Ubicada en la calle Rivadavia 851, en el barrio de San Nicolás, la estructura representa un punto de referencia para personas sin hogar y en condiciones de gran vulnerabilidad.
Aquí se ofrecen cenas, momentos de oración, acogida y, sobre todo, relaciones humanas. “Más que un refugio, es un espacio para compartir tiempo, escucha y amistad con los más pobres”, subraya Gallo.
Además de la asistencia directa, la Casa promueve actividades culturales como presentaciones de libros y conferencias sobre temáticas sociales y religiosas. “La centralidad del inmueble es decisiva para incrementar las actividades de evangelización y los recorridos de integración con niños y adolescentes. Tener una casa en el centro de Buenos Aires, donde viven muchas personas en la calle, es fundamental”, añade.
Durante la semana, la Casa de la amistad está siempre abierta: se organizan momentos conviviales e iniciativas especiales, como almuerzos realizados junto a los cocineros del grupo BACI, con motivo del Día del Deporte.
El lugar es también un centro de formación para los participantes del movimiento “Jóvenes por la paz”, integrado por chicos provenientes de barrios periféricos y estudiantes universitarios, comprometidos con la promoción de la convivencia y la solidaridad.
Estos jóvenes organizan actividades, gestionando también estructuras de acogida como la “Posada del Papa Francisco”, un refugio habitacional para personas sin hogar.
También están activos en el apoyo a los adultos mayores a través del programa “Viva los ancianos” y colaboran con otras comunidades, incluida la judía, en iniciativas de diálogo interreligioso y ecuménico —como la conmemoración del atentado a la AMIA— y en actividades para la promoción de la paz.
“El movimiento estará presente con un stand en la MaraTANA para involucrar a otros jóvenes en esta cultura de la paz, en un momento histórico marcado por conflictos y guerras”, afirma Gallo.
Los fondos recaudados en las ediciones anteriores de la MaraTANA ya permitieron intervenciones concretas y significativas. Entre ellas, la adecuación del ingreso principal de la Casa de la amistad, mejorando la seguridad y la funcionalidad, y haciendo más digna la acogida de beneficiarios, voluntarios y visitantes.
También se realizaron importantes mejoras estructurales: la instalación de una pantalla gigante para actividades formativas, sobre todo dirigidas a los jóvenes, la compra de mobiliario para un servicio de distribución de ropa destinado a personas sin hogar y nuevos muebles para la conservación de alimentos donados.
Gracias a los aportes de la MaraTANA, también se llevaron a cabo trabajos de mantenimiento, iluminación y ampliación de los espacios, con el objetivo de ofrecer un ambiente cada vez más acogedor y funcional. “Este año esperamos poder poner en marcha una lavandería y mejorar aún más los servicios”, adelanta Gallo, mirando al futuro con confianza.
La MaraTANA no es solo un evento deportivo ni una iniciativa reservada a la comunidad ítalo-argentina, sino un encuentro al aire libre abierto a todos los ciudadanos de Buenos Aires. Participar significa realizar un gesto concreto de solidaridad, capaz de transformarse en una ayuda real para quienes viven en los márgenes de nuestra socieda