MONTEVIDEO - En el marco de su gira promocional por Chile, Argentina y Uruguay, el escritor Andrea Bajani protagonizó una serie de actividades en Montevideo. Tras un recibimiento en su honor en la Embajada de Italia, el autor (ganador del Premio Strega 2025) presentó la novela El aniversario (2025) ante el público de la librería Feltrinelli.

Al iniciar el diálogo con la periodista María José Borges, el escritor saludó con afecto a la librería, a la que definió como una “pequeña embajada de la literatura en medio de Uruguay”.

Bajani, que reside en la Rice University de Houston, logró consolidarse en la crítica internacional —sus libros fueron traducidos a 17 países— con títulos como Saludos cordiales, Mapa de una ausencia y el reconocido El libro de las casas.

Durante el encuentro, el autor repasó el origen y el sentido profundo de El aniversario, al que definió como una obra dividida en dos: la primera parte es “la historia de un pequeño infierno doméstico”, mientras que la segunda es “la historia de una liberación, de la afirmación de un derecho, que es el de sentirse a salvo”.

El escritor describió su libro como “el relato de un hombre que un día, a los 41 años, sin haberlo planeado, se encuentra saliendo de la casa de sus padres. Es la madre quien lo acompaña hasta la puerta, algo que nunca había hecho antes porque siempre había sido el padre quien decidía todo”.

La madre realiza otro gesto clave: “hacerle una pregunta: ‘¿Vas a volver a visitarnos?’ Y es una pregunta que, en apariencia, no tiene sentido para un hijo que se fue de su casa, que trabaja en otro lugar y que los visita regularmente. En ese gesto, la madre es como si percibiera lo que le ocurrió al hijo y de lo que él todavía no es consciente, es decir, que decidió no volver nunca más”.

El núcleo del relato es la toma de conciencia de una violencia doméstica estructural, aceptada durante décadas como algo normal: “Durante 41 años el protagonista vivió dentro de una familia en la que el elemento dominante que mantenía todo unido era el miedo”.

La inspiración surgió en las aulas de la Rice University, donde Bajani enseña Escritura Creativa. Al analizar los textos de sus alumnos en el curso Writing the family (Escribiendo la familia), detectó una intensidad casi primitiva en torno a ese tema. “Todos traían historias de familias dolorosas, historias de grandes sufrimientos familiares”, pero lo que más le impactó fue la idea de que no era posible salir de esas situaciones, “como si el sufrimiento en una familia fuera un destino que necesariamente había que aceptar. Me parecían minotauros encerrados en un laberinto y me daban ganas de decirles: ‘Pero la puerta existe, la puerta está ahí’”.

Ese impulso derivó en un proceso creativo vertiginoso: “A la mañana siguiente me puse a escribir con una velocidad que nunca había tenido en mi vida: el primer borrador lo hice en 20 días en los que escribí como un loco, como tomado por un furor absoluto, y después vinieron tres años y 22 versiones distintas”.

Uno de los aspectos que más sorprendió al autor fue la respuesta del público. Si bien creía haber escrito una historia privada y única, aunque completamente ficticia, la recepción del libro reveló una “dimensión colectiva muy fuerte: muchísimos lectores y lectoras, al final de las presentaciones, se me acercaban y me decían: ‘No, esta es mi historia’”.

Además de lo colectivo, también apareció una lectura política. “La familia es una institución política, hay gestión del poder y es un organismo social —explicó Bajani—. El libro habla de una institución específica: la idea de familia tradicional, patriarcal, que política y culturalmente estableció y reforzó el concepto de que un varón, solo por su género, tenía no solo el derecho, sino casi el deber de mandar. Y, sobre todo, cómo generaciones enteras aceptaron esto”.

El autor remarcó que el libro realiza dos “gestos escandalosos”, como él mismo los define. “El primero es que sea un varón quien cuente esta historia, que sea un varón quien rechace la herencia patriarcal y decida que en lugar de hablar del padre va a hablar de la madre, poniéndola en el centro —dice—. Y lo segundo es que ese mismo varón rechaza ese sistema y se coloca fuera de él. Con todo el dolor que eso implica”. En ese sentido, subrayó que “para cuestionar la versión patriarcal es importante que también, y sobre todo, lo hagan los varones”.

Sobre el final, Bajani compartió el recuerdo de un diálogo con una lectora, que definió como más valioso que cualquier crítica literaria: “Una señora de unos 75 años me dijo dos cosas que me impactaron. La primera fue ‘Quiero agradecerle por haber hablado de nosotros’, y lo que me conmovió fue que después me miró y, casi temblando, me dijo: ‘Porque, ¿sabe?, nosotros no sabíamos que podía ser distinto’”.

El encuentro en la librería Feltrinelli dejó una fuerte impresión. Bajani no solo presentó una obra literaria, sino que abrió un espacio de intercambio colectivo donde la literatura funcionó como espejo social, capaz de interrogar las raíces de los vínculos familiares y culturales.