La FIFA presentó un proyecto que podría marcar un antes y un después en la historia del fútbol. La iniciativa, impulsada por su presidente, Gianni Infantino, propone crear una empresa que administraría los derechos comerciales de las principales competiciones del organismo, entre ellas la Copa del Mundo masculina y femenina y el Mundial de Clubes. Como parte del plan, esa nueva sociedad podría abrir entre el 20% y el 30% de su capital a inversores privados, aunque la FIFA seguiría manteniendo el control absoluto de la organización y de todas las decisiones deportivas.

La propuesta, denominada FIFA Forward Enterprise (FFE), no implica la venta del Mundial ni de la FIFA. Lo que se plantea es la creación de una filial encargada de gestionar el negocio comercial de las competiciones, incluyendo derechos de televisión, patrocinios, licencias y otras fuentes de ingresos. Los inversores adquirirían una participación minoritaria en esa empresa, pero no tendrían poder para decidir sobre la organización de los torneos, el calendario internacional o las reglas del fútbol, competencias que continuarían exclusivamente en manos de la FIFA.

Según explicó el organismo, el objetivo es atraer nuevos recursos para fortalecer el desarrollo del fútbol a nivel mundial. La FIFA estima que la nueva empresa tendría una valoración cercana a los 20.000 millones de dólares, lo que permitiría captar hasta 4.200 millones de dólares mediante la incorporación de socios estratégicos.

La entidad sostiene que todos los beneficios obtenidos por la nueva empresa serían reinvertidos en el deporte a través del programa FIFA Forward, destinado a financiar infraestructura, capacitación y proyectos de desarrollo en sus 211 federaciones miembro. Además, el plan contempla ampliar ese programa hasta 2038 con una inversión superior a 10.000 millones de dólares y crear un fondo extraordinario para iniciativas especiales. Como parte de la propuesta, las federaciones también podrían recibir un incremento en la financiación que actualmente perciben, aunque las condiciones definitivas dependerán de la aprobación del proyecto.

Para llevar adelante la operación, la FIFA cuenta con el asesoramiento financiero de JP Morgan y mantiene conversaciones con potenciales inversores. Entre ellos figura el fondo Thrive Capital, liderado por Josh Kushner, cuñado de Ivanka Trump. El organismo aclaró que Jared Kushner no participa en la iniciativa y remarcó que cualquier inversión recaería exclusivamente sobre la nueva empresa y no sobre la FIFA como institución.

Sin embargo, el proyecto encontró una fuerte resistencia en Europa. Tras una reunión extraordinaria, la UEFA y sus 55 federaciones nacionales rechazaron por unanimidad la propuesta al considerar que abrir la propiedad de la empresa que explotaría comercialmente el Mundial supone un cambio de modelo que podría condicionar el futuro del fútbol.

En un comunicado de tono inusualmente duro, la confederación europea sostuvo que la Copa del Mundo representa un patrimonio construido durante generaciones y que no debe quedar vinculada a intereses financieros privados. A su juicio, la entrada de inversores podría ejercer presión sobre decisiones relacionadas con el calendario internacional, el formato de las competiciones y el desarrollo del fútbol, priorizando la rentabilidad económica por encima de los intereses deportivos.

La UEFA también cuestionó la forma en que se elaboró la iniciativa y aseguró que las federaciones nacionales no fueron consultadas de manera suficiente antes de presentar el proyecto. Como consecuencia, advirtió que, mientras la propuesta continúe vigente, ninguna de sus selecciones participará en competiciones organizadas por la FIFA, salvo que el plan sea retirado por completo y el organismo garantice que no volverá a plantear un modelo similar.

Por el momento, la iniciativa continúa en fase de consulta y todavía debe ser sometida a votación en el Congreso de la FIFA, integrado por las 211 asociaciones miembro, que tendrán la última palabra. Hasta entonces, el proyecto de Infantino seguirá alimentando uno de los debates más trascendentes del fútbol moderno: cómo generar más recursos para el crecimiento del deporte sin alterar el modelo de propiedad de las competiciones más importantes del mundo.