BUENOS AIRES — Más de 448.000 viajeros, 5,9 millones de noches de estadía y un gasto de 536,4 millones de euros.
Esas son las cifras de 2025 para los viajes desde la Argentina hacia Italia. En comparación con 2024, la cantidad total de viajeros creció un 3,9%, aunque las pernoctaciones cayeron un 15,4%. El gasto turístico total aumentó un 3,4%.
Los datos ubican a la Argentina como el segundo país sudamericano con mayor presencia turística en Italia, detrás de Brasil. Los viajeros argentinos representan el 21,4% del total de pasajeros procedentes de la región. Estas cifras explican la participación italiana en la Feria Internacional de Turismo (FIT) de Buenos Aires, que se celebra del 26 al 29 de septiembre y cuenta con pocos países europeos entre sus expositores, como España y Portugal.
El turismo de las raíces aparece así como una vía para fortalecer esos vínculos. Con ese objetivo viajaron a Buenos Aires autoridades de Enit, la Agencia Nacional de Turismo de Italia, y varios diputados. La delegación recorrió la feria y se reunió con operadores del sector, autoridades locales y representantes de asociaciones de la comunidad italiana.
La comitiva estuvo integrada por Ivana Jelinic, directora ejecutiva de Enit; Augusto Sartori, consejero de la entidad, y tres diputados de la Comisión de Actividades Productivas, Comercio y Turismo de la Cámara baja: Gianluca Caramanna, también asesor del ministro de Turismo Giancarlo Mazzi, Andrea Gnassi y Luca Toccalini.
Las vacaciones fueron el motivo principal de viaje para 247.000 personas, que acumularon 2,7 millones de pernoctaciones y gastaron 333 millones de euros, un 26,6% más que en 2024. “Pero alrededor de 1,2 millones de noches correspondieron a visitas a familiares”, señaló Caramanna.
Para muchos argentinos, el viaje responde a algo más que el deseo de conocer otro destino: es una oportunidad para descubrir el lugar de origen de sus familias, en un país donde la descendencia italiana tiene una fuerte presencia.
“El turismo se construye a partir de relaciones humanas, económicas y sociales”, afirmó Gnassi. “Trabajar en el turismo de las raíces significa, para Italia, fortalecer el vínculo con la Argentina”.
Jelinic destacó que la cantidad de viajeros aumentó pese a la impopular ley de ciudadanía italiana.
“Italea, el proyecto vinculado con el turismo de las raíces, continúa”, dijo Jelinic. “Pero también tenemos otras iniciativas”.
Entre Roma y Buenos Aires hay dos vuelos directos diarios, operados por ITA Airways y Aerolíneas Argentinas. “Nos gustaría que Italia se convirtiera también en una base para visitar los países vecinos, gracias a los vuelos de bajo costo y las conexiones ferroviarias y por carretera”, continuó Jelinic. “La visita del papa impulsará el turismo religioso, pero a nosotros nos interesa poner en valor los itinerarios menos transitados”.
Caramanna recordó que en Italia se organizan 20.000 fiestas populares y 110 festivales y acontecimientos culturales. “Son eventos que despiertan la curiosidad de los viajeros y también ayudan a descongestionar los circuitos más concurridos”, sostuvo.
Calabria es la región que más creció entre los destinos elegidos por los argentinos. No es casual: la comunidad calabresa es la más numerosa de la diáspora italiana en la Argentina. Campania, Apulia y Sicilia también obtuvieron buenos resultados, favorecidas por la mejora de las conexiones aéreas.
Gnassi destacó el papel de los pueblos pequeños. Visitar el lugar de origen de la familia puede ayudar a distribuir los flujos turísticos hacia destinos menos conocidos que las grandes ciudades históricas.
“Tenemos muchas herramientas disponibles, empezando por las tarifas diferenciadas”, explicó el diputado. “Por ejemplo, ofrecer precios convenientes durante el fin de semana para incentivar las estadías los sábados y domingos, cuando Venecia y Florencia están desbordadas de turistas, y reservar los días de semana para visitar esas ciudades. O bien ofrecer seis noches de alojamiento por el precio de cuatro”.
Para lograrlo, hace falta desarrollar una red de servicios. El punto de partida son la infraestructura y el transporte, con conexiones rápidas y económicas. También se necesitan servicios de telemedicina para resolver problemas de salud a tiempo, incluso cuando el hospital queda lejos, y sistemas de entrega de medicamentos. A eso se suman la posibilidad de conseguir plomeros o electricistas y la presencia de comercios y supermercados o, como alternativa, el envío de compras a domicilio.
Otra necesidad es contar con una conexión rápida a internet, sobre todo para quienes planean quedarse un tiempo y trabajar de manera remota.
“El Estado italiano invirtió 34 millones de euros a través del Fondo para los Pequeños Municipios con Vocación Turística, para promover la digitalización, la accesibilidad y la sostenibilidad en localidades de menos de 5.000 habitantes”, señaló Gnassi. “El plan forma parte de una tendencia muy positiva para el turismo local: los pueblos pequeños registraron un aumento del 5,5% en la cantidad de visitantes”.
“Pero el turista también tiene que aceptar la idea de bajar el ritmo y adoptar una actitud más contemplativa”, advirtió Gnassi. “De lo contrario, no tendría sentido ir a un pueblo pequeño”.
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