BUENOS AIRES — Giulio Barbato, titular de la Agencia Consular de Italia en Morón, finaliza su mandato después de cuatro años en los que la oficina ubicada en el oeste del conurbano bonaerense se destacó no solo por la tramitación de gestiones administrativas, sino también por la organización de actividades culturales, como conferencias de docentes universitarios e investigadores italianos, festivales de videoarte, muestras, espectáculos teatrales y eventos gastronómicos.
En ese sentido, resultó fundamental la capacidad de generar instancias de colaboración con otras instituciones, como la Universidad Nacional de La Matanza y el Centro Cultural Paracone, además de las asociaciones de la colectividad presentes en la circunscripción, que reúne a 70.000 ciudadanos residentes en Hurlingham, Ituzaingó, La Matanza y Morón.
“Durante estos años tuve el privilegio de conocer una comunidad amplia, activa y comprometida, capaz de preservar sus raíces y, al mismo tiempo, renovar cada día su significado, una comunidad en la que Italia sigue viva en las historias de las familias, en el compromiso de las asociaciones y las escuelas, en la memoria de los mayores y en las aspiraciones de las nuevas generaciones”, escribió Barbato en su mensaje institucional de despedida.
Según explicó, su labor estuvo guiada por una convicción sencilla: “La autoridad de una institución también se mide por su capacidad de ser cercana, transparente y responsable, de escuchar, rendir cuentas sobre su trabajo y continuar mejorando. De esta convicción surgió el eje del mandato: acercar los servicios consulares a la colectividad y, al mismo tiempo, fortalecer el vínculo de la colectividad con Italia”.
El diplomático recordó con afecto estos “años de intenso trabajo y profunda transformación. Hicimos que los servicios fueran más accesibles y previsibles, redujimos considerablemente los tiempos de espera, incorporamos nuevas herramientas, digitalizamos por completo un archivo de más de tres millones y medio de imágenes y construimos un sistema de información más directo y transparente”.
También añadió un detalle aparentemente menor, pero capaz de marcar la diferencia al humanizar servicios que, en ocasiones, son percibidos como burocráticos y distantes: “Intentamos, ante todo, no dejar a nadie atrás, con especial atención a los compatriotas de mayor edad y a las personas vulnerables, porque es precisamente en la capacidad de escuchar, asistir y acompañar donde la presencia del Estado adquiere su significado más concreto”.
Barbato reafirmó la filosofía de su gestión, según la cual “una sede consular no es solamente el lugar donde se expiden documentos o se realizan trámites administrativos”. La Agencia, como organismo de representación de Italia en el exterior, también debe “ser un espacio en el que una comunidad pueda reconocerse, encontrarse y renovar su relación con el país del que forma parte”.
La Agencia Consular de Italia en Morón.
Hubo una decisión expresa de “llevar Italia más allá de las puertas de la Agencia: a las universidades, las escuelas, las asociaciones, los municipios y los espacios donde transcurre la vida de la comunidad”, a través de propuestas culturales que “alcanzaron a miles de personas e intentaron mostrar una Italia viva y contemporánea, sin perder la memoria de quienes, al cruzar el océano, sentaron las bases de esta comunidad”.
Barbato agradeció a sus colegas y colaboradores “por el trabajo cotidiano, la profesionalidad y el sentido del deber”. También reconoció a la Embajada de Italia, el Consulado General en Buenos Aires, el Instituto Italiano de Cultura, el Ministerio de Asuntos Exteriores y Cooperación Internacional, los organismos representativos de la colectividad, las asociaciones, los patronatos, las universidades, las escuelas, las instituciones argentinas y todas las personas que “compartieron con nosotros ideas, responsabilidades y proyectos”.
Si tuviera que expresar un deseo respecto de su trabajo durante estos años, Barbato querría que quedara, sobre todo, una convicción: “Italia no termina en sus fronteras, sino que continúa viviendo en el mundo, en un gran mosaico de relaciones, memorias, afectos y sentidos de pertenencia. La pertenencia italiana no se agota en un documento ni puede vivir únicamente en el recuerdo de los orígenes. Se renueva mediante la participación, el conocimiento, la solidaridad y la capacidad de transformar una herencia recibida en una elección consciente. Son, principalmente, las nuevas generaciones las que deben recoger ese legado, reinterpretarlo y darle nuevas formas para que pueda seguir viviendo en el futuro”.
También dedicó unas palabras a quien conducirá la Agencia después de su partida, “con la conciencia de cuánto me enriqueció esta experiencia, tanto en el plano profesional como humano. Quien dirige una institución es su custodio solamente durante un tramo del camino. El valor de ese recorrido también se mide por aquello que se logra dejar a quienes vendrán después: una institución más sólida, abierta y cercana a las personas”.
A la colectividad le deseó “que siga contemplando sus raíces no solo como la memoria de lo que fue, sino como una fuerza capaz de orientar aquello que todavía puede llegar a ser. Porque una comunidad permanece viva cuando sabe de dónde viene, pero, sobre todo, cuando continúa imaginando de manera conjunta hacia dónde quiere ir”.
Quedó la gratitud por todo lo que la comunidad le enseñó: “Los vínculos más fuertes no eliminan la distancia, sino que la transforman en un deseo de encuentro”. Y también la certeza de que las experiencias y las emociones permanecen: “Me llevaré las historias, los encuentros y los numerosos momentos compartidos, el afecto recibido y el orgullo de haber tenido el privilegio de servir, durante estos años, a una parte viva de Italia en el mundo”.