El fútbol mundial está de luto por la muerte de Franco Baresi, una de las grandes leyendas del Milan y de la selección italiana. El histórico defensor falleció a los 66 años y su partida provocó una profunda conmoción, acompañada por homenajes llegados desde todos los rincones del planeta.

En 2025, Baresi se había sometido a una intervención para extirparle un nódulo pulmonar y posteriormente había comenzado un tratamiento médico. El Milan, club al que dedicó su vida deportiva, confirmó su fallecimiento con un emotivo comunicado: “Toda la historia rossonera está de luto. Baresi es para siempre”.

Baresi fue mucho más que un defensor. Representó una época del fútbol italiano marcada por la inteligencia táctica, el liderazgo y el sentido de pertenencia. Jugó toda su carrera profesional en el Milan, donde se convirtió en capitán, referente y emblema absoluto.

Nacido el 8 de mayo de 1960 en Travagliato, en la provincia de Brescia, llegó muy joven al conjunto rossonero y debutó en el primer equipo durante la temporada 1977-78. Permaneció allí hasta su retiro, en 1997: veinte temporadas, 719 partidos y 33 goles con una sola camiseta. Durante quince años llevó la cinta de capitán.

Su fidelidad quedó demostrada especialmente en los momentos más difíciles. Baresi no abandonó al Milan cuando el club descendió a la Serie B a comienzos de la década de 1980. Permaneció para conducirlo nuevamente a la máxima categoría y terminó convirtiéndose en uno de los mayores ídolos de su historia.

Con la camiseta rossonera conquistó seis Scudetti, tres Copas de Europa, tres Supercopas europeas, cuatro Supercopas de Italia y dos Copas Intercontinentales, además de los dos campeonatos de Serie B. Nunca ganó la Copa Italia, el único gran título nacional que faltó en su extraordinario palmarés.

Cuando se retiró, el Milan decidió que ningún otro jugador volviera a utilizar su camiseta número 6. Fue el primer dorsal retirado en la historia del club, una distinción reservada para quien ya se había convertido en parte de su identidad.

Con 1,76 metro de altura, una estatura poco habitual para un defensor central, Baresi se impuso gracias a su velocidad, su capacidad de anticipación y una comprensión extraordinaria del juego. Su apodo, “Piscinin”, significa “pequeñito” en dialecto milanés y hacía referencia a su contextura física. Dentro del campo, sin embargo, su presencia era enorme.

Su especialidad era llegar antes que el delantero, corregir espacios y conducir a toda la defensa. No esperaba al rival cerca de su arco: avanzaba, achicaba hacia adelante y utilizaba el fuera de juego como un arma colectiva. También poseía calidad para salir jugando y dar el primer pase de cada ataque.

Baresi fue el eje del Milan dirigido por Arrigo Sacchi, uno de los equipos más influyentes del fútbol moderno. Junto con Mauro Tassotti, Alessandro Costacurta y Paolo Maldini formó una defensa legendaria, respaldada por una propuesta basada en la presión alta, la intensidad y los movimientos coordinados.

Delante de ellos brillaban los neerlandeses Frank Rijkaard, Ruud Gullit y Marco van Basten. Pero el funcionamiento de aquel equipo comenzaba desde el fondo, con Baresi ordenando la línea, marcando los tiempos del achique y anticipándose a cada movimiento del adversario.

Más tarde, bajo la dirección de Fabio Capello, volvió a ser el líder de un Milan dominante. En 1994 levantó su tercera Copa de Europa después de la histórica victoria por 4-0 sobre el Barcelona en Atenas.

Su jerarquía también recibió importantes reconocimientos individuales. En 1989 terminó segundo en la votación del Balón de Oro, solamente por detrás de Van Basten, y en la temporada 1989-90 obtuvo el Guerin d’Oro como mejor jugador de la Serie A. Premios poco habituales para un defensor en una época dominada por atacantes de enorme categoría.

Con la selección italiana disputó 81 partidos y marcó un gol. Formó parte del plantel que conquistó el Mundial de España 1982, aunque no llegó a jugar durante el torneo. Ocho años después fue una de las grandes figuras del equipo que terminó tercero en Italia 1990.

Su historia más recordada con la Azzurra llegó en Estados Unidos 1994. Capitán de la selección dirigida por Arrigo Sacchi, sufrió una lesión de meniscos durante el segundo partido de la fase de grupos ante Noruega y debió ser operado. Parecía que su Mundial había terminado, pero consiguió recuperarse en apenas 25 días.

Baresi regresó directamente para disputar la final contra Brasil en Pasadena y ofreció una actuación memorable frente a Romário y Bebeto. Italia resistió durante 120 minutos, pero perdió el título en la definición por penales. El capitán falló el primer remate de la serie y dejó el campo entre lágrimas, aunque su extraordinario regreso quedó como una de las grandes historias de los Mundiales.

Se retiró de la selección en septiembre de 1994. Su recorrido con Italia incluyó un título mundial, un subcampeonato y un tercer puesto, una trayectoria que consolidó su lugar entre los mayores defensores de la historia del país.

Después de abandonar la actividad profesional, Baresi continuó ligado al Milan y desde 2020 ocupó el cargo de vicepresidente honorario. Nunca dejó de representar los valores del club ni de ser una referencia para las nuevas generaciones.

El Milan perdió a su capitán eterno; Italia, a uno de sus campeones del mundo. El fútbol despidió a un defensor que transformó su posición y demostró que la grandeza no depende de la estatura, sino de la inteligencia, el coraje y la capacidad para guiar a los demás. El número 6 ya estaba retirado. Desde ahora, también pertenece definitivamente a la memoria.