BUENOS AIRES — Lisandro Fiks y Nicolás Dominici tienen mucho en común. Son amigos, compañeros de trabajo y se formaron como actores y directores con grandes maestros del teatro argentino, como Augusto Fernandes, Agustín Alezzo y Carlos Gandolfo. Y ambos tienen raíces italianas.

Lisandro Fiks, pese a su apellido, cuyo origen desconoce, tenía un abuelo materno italiano que emigró a la Argentina y se casó con una hija de catalanes. “Hace veinte años hice los trámites para obtener la ciudadanía y fui de luna de miel a Italia —cuenta—. Visitamos Sicilia y muchos otros lugares”.

Su abuelo era artista y tocaba en una orquesta. “Pero nunca quiso contar los motivos por los que se fue de Italia, así que no tengo demasiada información”, admite Lisandro, quien, además de una extensa trayectoria teatral, interpretó en 2019 al padre Franz Jalics, un sacerdote secuestrado durante la dictadura, en la película Los dos papas, de Fernando Meirelles, sobre la vida de Jorge Bergoglio.

El abuelo de Nicolás Dominici también era italiano, de Bagnara Calabra, en la provincia de Reggio Calabria. “Murió a los 95 años sin haber querido volver nunca —relata—. Había escapado de la guerra y el recuerdo le provocaba demasiado dolor”. Nico, en cambio, viajó a Italia en 2011 y quiso conocer el pueblo donde había nacido su abuelo.

Por estas semanas, Lisandro y Nicolás trabajan, como protagonista y director, respectivamente, en Noche de fiesta, la versión teatral argentina de A Night Out, de Harold Pinter, el dramaturgo inglés vinculado al teatro del absurdo y ganador del Premio Nobel de Literatura en 2005.

La obra cuenta la historia de una relación asfixiante entre un hijo sometido, interpretado por Fiks, y una madre manipuladora. Él espera con ansiedad una salida con sus compañeros de trabajo, con la ilusión de que se convierta en una oportunidad para reivindicarse o escapar.

Completan el elenco Graciela Neugovsen, quien reemplaza a Beatriz Spelzini, protagonista de las primeras funciones, Denís Rego, Patricio Schwartz y Maximiliano Zago.

Aunque la pieza, escrita para televisión en 1959, todavía conserva cierto realismo, ya aparecen los temas que el autor desarrollaría en los años siguientes: la sensación de amenaza, la ambigüedad y las situaciones que quedan deliberadamente abiertas a la interpretación del espectador.

“Pinter hace que todo quede en duda —continúa Lisandro—. El público sale desconcertado, no sabe qué sucede realmente y se ve obligado a interpretar o suponer. Al montar la obra tuvimos las mismas discusiones. Porque Pinter no da indicaciones o, mejor dicho, las da deliberadamente ambiguas”.

Sin embargo, agrega, “logra que esa ambigüedad no sea tan importante”. Lo que cuenta es el vínculo que se establece entre los personajes, en este caso la relación entre madre e hijo, más allá de lo que ocurra. “Son personajes que se mienten constantemente a sí mismos y a los demás”, observa el director Nicolás Dominici.

“No es casual —recuerda Fiks— que durante los ensayos hayamos trabajado todo el tiempo con las dos versiones, el original y la traducción”.

El afiche del espectáculo.

Para Dominici, el gran desafío de llevar a escena a Pinter está en el lenguaje, en cómo trasladar una búsqueda que el autor realizó con precisión quirúrgica. “Queríamos actualizar el texto, sin recurrir a modismos típicamente argentinos —explica—. Pero tampoco imitar el lenguaje formal inglés de los años cincuenta”.

Hasta ahora, la respuesta del público fue muy buena. “Nos esperan después de la función para contarnos sus impresiones y seguir hablando de la obra”, dice Lisandro.

“Lamentablemente, en este momento hacer teatro independiente es todavía más difícil —agrega Nicolás—. No es un problema cultural, sino económico, pero las ganas y la necesidad de ir al teatro siguen presentes”.

Noche de fiesta continúa durante todo octubre en el Teatro Almagna, en Guardia Vieja 3783, Buenos Aires, los domingos a las 17. Las entradas cuestan 28.000 pesos.