BUENOS AIRES – El Instituto Oncológico “Ángel Roffo” le rindió homenaje a una de las figuras más influyentes de su historia: Eugenia Sacerdote de Lustig, la médica e investigadora italiana que desarrolló allí buena parte de su trabajo científico y dejó una huella decisiva en la medicina argentina.

Nacida en Italia en 1910, Eugenia era prima de Rita Levi Montalcini. Como ella, estudió Medicina en la Universidad de Turín y formó parte de la legendaria cátedra de Histología de Giuseppe Levi, junto a Renato Dulbecco y Salvador Luria, que años después recibirían el Premio Nobel.

Todos compartían una misma condición: eran judíos. Y todos tuvieron que irse de Italia cuando el régimen fascista aprobó las leyes raciales. Eugenia emigró a la Argentina junto a su marido, Maurizio Lustig, y su hija Livia, nacida en 1938.

En el país desarrolló investigaciones sobre Parkinson, Alzheimer y demencia vascular, pero su nombre quedó especialmente ligado a otro hito: fue una de las impulsoras de la vacuna antipolio en la Argentina. Para enfrentar el miedo que existía en la sociedad, decidió vacunar primero a sus propios hijos.

También fue pionera en la aplicación de la técnica de cultivo celular in vitro en el país, una herramienta que transformó la investigación contra el cáncer y abrió nuevas posibilidades para la ciencia médica local.

Sacerdote murió en 2011, a los 101 años. Antes había dejado escritas sus memorias en De los Alpes al Río de la Plata (publicado en Argentina por Leviatán), un libro en el que reconstruyó la historia familiar para sus nietos. El título homenajea a Dagli Appennini alle Ande, de Carlo De Amicis, un relato que la había marcado profundamente cuando era chica. Casi una premonición de su propia vida.

El homenaje fue impulsado por la Liga de Mujeres Italianas, presidida por Irma Rizzuti, como reconocimiento a su legado científico y a su compromiso con la salud pública.

La iniciativa, realizada con el patrocinio de la Embajada de Italia en la Argentina, incluyó la colocación de una placa conmemorativa en el propio hospital Roffo.

“Este homenaje —dijo Rizzuti— quiso destacar no solo su excelencia científica, sino también su historia como mujer inmigrante italiana, cuya trayectoria sigue siendo una fuente de inspiración para las nuevas generaciones”.

Del acto participaron Martina Maione Nicoletti —esposa del actual embajador de Italia en la Argentina—, Livia Lustig —hija de Eugenia Sacerdote de Lustig—, Luis Ignacio Brusco —decano de la Facultad de Medicina de la UBA—, el ex senador Claudio Zin, Roxana Del Águila —directora del Instituto Oncológico “Ángel Roffo”—, Stella Maris Ranuncolo y Alejandro Urtreger, referentes del área de investigación del instituto.

De izquierda a derecha: Martina Maione Nicoletti, Irma Rizzuti, Luis Ignacio Brusco y Claudio Zin.

La idea había empezado a tomar forma en marzo, durante un evento organizado por la Liga de Mujeres Italianas por el Día de la Mujer, en homenaje a distintas figuras ítalo-argentinas destacadas. Entre ellas estaba Eugenia Sacerdote.

“En aquella ocasión participaron la esposa del embajador y la directora del Roffo, Roxana Del Águila —recordó Rizzuti—. La invitamos porque Eugenia había trabajado muchísimos años en el Instituto”.

Y ahí mismo surgió el proyecto. “Ese mismo día presentamos formalmente el pedido para colocar una placa en homenaje a Sacerdote en el Roffo, en nombre de la Liga de Mujeres Italianas”.

Livia Lustig (tercera desde la izquierda, de pie), junto a una delegación de la Liga de Mujeres Italianas, frente a la placa conmemorativa.

Como suele pasar cuando distintas mujeres articulan esfuerzos, las cosas empezaron a avanzar rápido. Martina Maione Nicoletti ofreció el patrocinio de la Embajada y Roxana Del Águila apoyó inmediatamente la propuesta. En apenas un mes y medio quedaron resueltos todos los trámites administrativos y el jueves 8 de mayo se realizó la inauguración oficial.

“El apoyo del Instituto fue fundamental —contó Rizzuti—. Incluso algunos médicos la habían conocido personalmente porque habían sido becarios suyos. Todo fue creciendo de a poco, por el boca en boca, y terminó siendo una ceremonia muy emotiva, con autoridades, colegas y mucha gente común acompañando. Nosotras estábamos llenas de orgullo y emoción”.