BUENOS AIRES – La noticia de la muerte de Stefano Benni rebotó en Argentina, donde el autor es conocido por sus libros (publicados también en castellano) y por algunos textos teatrales. Entre ellos se destaca La esposa del héroe, traducido, adaptado y puesto en escena en 2018 y 2019, en Buenos Aires y La Plata, por la actriz y directora italo-argentina Adriana Bernardotti.

Un monólogo inspirado en los años ‘70, en la violencia neofascista y en el nacimiento de la P2. Una historia que también le habla a la Argentina, dado que la Comisión parlamentaria de investigación sobre la Logia masónica secreta realizó algunos interrogatorios incluso en Buenos Aires. El venerable maestro Licio Gelli, fundador de la P2, mantenía estrechos vínculos con Jorge Videla, jefe de la junta militar responsable del golpe de 1976.

El texto tiene como protagonista a una mujer que, mientras plancha el uniforme de su marido militar, evoca años de poder y gloria, cuando entre las paredes domésticas se consumaron encuentros secretos y tramas oscuras. Una esposa víctima y manipulada, pero a la vez cómplice, que nos obliga a interrogarnos sobre la delgada línea entre coerción y connivencia.

Los textos de Stefano Benni también son muy utilizados en los cursos de lengua, porque abordan con ironía las idiosincrasias de los italianos, bien representadas en Bar Sport y Bar Sport 2000 (todos sus libros están publicados en Italia por Feltrinelli). A partir de la mítica Luisona, un profiterol de chocolate que desde hace décadas reina en la vitrina de un bar de provincia y que nadie se atreve a comer.

Benni, con su mirada desengañada, sus personajes alucinados y sus ambientaciones surrealistas, logra hablar de la realidad incluso en sus textos fantásticos, como Baol, ¡Tierra! o La compañía de los Celestinos.

“Uso siempre un cuento suyo, Las lágrimas, como ejemplo del género fantástico”, dice Sabrina Carlini, que enseña italiano en la secundaria básica de una escuela privada del conurbano bonaerense.

En ese texto, un hecho extraordinario como la caída de “lagrimoides” empuja a la población a preguntarse cuál es la naturaleza de esos objetos, de los que no se conoce bien el origen. Se moviliza toda la comunidad, intervienen políticos, intelectuales, filósofos, religiosos… Cada uno propone una interpretación. Será un niño el que haga notar que las lágrimas contienen imágenes: representan deseos frustrados, sueños no cultivados, proyectos poco queridos, ideas no realizadas.

“Les pido a los chicos que involucren a sus padres –continúa Sabrina–, que les pregunten si tienen sueños no realizados: no por circunstancias externas, sino por una decisión personal. ¿Qué los llevó a dejarlos de lado? ¿El miedo al juicio, la presión social, el temor a no lograrlo, la obediencia a un mandato?”.

La obra de Stefano Benni demuestra que incluso un relato fantástico puede empujar a la reflexión, en este caso sobre la importancia del sueño, del proyecto, de la utopía.

“También usé una de las páginas iniciales de El bar en el fondo del mar como disparador para la producción de un texto –dice todavía Sabrina–. Les pedí a mis alumnos que imaginaran terminar, como en el libro, en la mesa de un bar bajo el mar y de encontrarse con varios personajes. La tarea era elegir uno y contar su historia”.

Sabrina tiene solo una espina: “Los libros de Benni no son sencillos, desde el punto de vista lingüístico, para chicos de 12-13 años, encima no nativos. Muchas invenciones, muchas metáforas, mucha complejidad: la elección tiene que recaer forzosamente en pocos textos seleccionados”.

“Pero a esos no renuncio –dice la docente–. Benni fue el gran amor de mi vida de lectora adolescente. Le debo mucho”.