BUENOS AIRES – Tiene 94 años, pero conserva el espíritu intacto. La pizzería Banchero llegó a su aniversario sin perder una característica poco común: desde su fundación nunca cambió de dueños. Sigue en manos de la familia Banchero, oriunda de Recco, en la región italiana de Liguria.

Como tantas familias italianas, los Banchero llegaron a la Argentina a fines del siglo XIX y se instalaron en La Boca, un barrio profundamente marcado por la inmigración y la cultura genovesa.

Y fue allí, en la esquina de Almirante Brown y Suárez donde todavía funciona el local original, que el 13 de mayo celebraron los 94 años de historia con una “súper pizzada” que reunió a vecinos, clientes de toda la vida, representantes de asociaciones, integrantes del Museo Benito Quinquela Martín y del Museo Histórico, personalidades ligadas a Boca Juniors y colegas de la asociación gastronómica Apyce, no como competidores sino como amigos y compañeros de camino.

La noche estuvo acompañada por distintos espectáculos musicales: actuó la murga de la Agrupación humorística coral y musical Los Linyeras, hubo tango a cargo de Pablo Banchero y canciones italianas interpretadas por el dúo formado por Noe Ciccioli y Cristian Provenzano.

El discurso principal —sin formalidades rígidas— estuvo a cargo de Pablo Abbatángelo, actual presidente de la República Independiente de La Boca, una especie de micronación creada en 1876 para reclamar la autonomía administrativa del barrio.

El modelo era la República de San Marino. Sus integrantes, en su mayoría descendientes de italianos, tenían una fuerte impronta liberal, mazziniana y garibaldina. Hoy la institución conserva sobre todo un valor cultural y recreativo.

El antiguo cartel del local, en la esquina de Almirante Brown y Suárez.

Lejos de los eventos puramente comerciales o de imagen que suelen rodear los aniversarios, la celebración buscó reafirmar los valores construidos a lo largo de casi un siglo: la identidad familiar de Banchero y el lazo con el barrio y su historia viva.

Antes de convertirse en pizzería, Banchero era una panadería llamada Riachuelo. Fue allí, entre harina, levaduras y recetas llegadas desde Europa, donde empezó a tomar forma uno de los grandes símbolos de la gastronomía porteña.

El 28 de marzo de 1932 Juan Banchero abrió la pizzería junto a sus hijos Antonio y Agustín “Tito”, en la esquina que todavía hoy es uno de los corazones de La Boca.

Rápidamente, “lo de Banchero” se convirtió en punto de encuentro de obreros, familias, hinchas de Boca, vecinos y figuras inolvidables como Benito Quinquela Martín —el “pintor del puerto” y gran amigo de la familia—, los actores Luis Sandrini, Tita Merello y Pepe Iglesias, el boxeador Primo Carnera, los músicos Juan de Dios Filiberto y Azucena Maizani, la poeta Alfonsina Storni, el piloto Juan Manuel Fangio, Alberto J. Armando —futuro presidente de Boca Juniors— e incluso Arturo Frondizi y Eva Perón.

Banchero es conocida en todo el mundo por haber creado la fugazzeta. Inspirada en tradiciones ligures, como la focaccia al queso, la fugazzeta no es una copia italiana sino una creación porteña con identidad propia.

Clientes de ayer y de hoy junto a jugadores de Boca Juniors, en una foto de hace unos diez años.

En tiempos en los que muchas marcas históricas fueron vendidas, transformadas o perdieron su esencia, Banchero conserva algo excepcional: continúa en manos de la misma familia.

Desde 1932 hasta hoy, cuatro generaciones mantuvieron viva la marca, transmitiendo no solo las recetas sino también una forma de trabajar. Las preparaciones se respetan, la identidad se cuida y el trato con los clientes sigue siendo cercano y familiar. La historia no se reinventa: continúa.

Sostener una identidad tampoco significa quedarse quietos. Con el paso del tiempo, Banchero logró cruzar las fronteras argentinas y expandirse al exterior. Actualmente tiene cuatro sucursales en el país y tres en Estados Unidos. Antes de cada apertura, un pizzero del local de La Boca viajó especialmente para supervisar la calidad de las materias primas.

Banchero mantiene sus recetas originales, conserva intacta su esencia porteña y sigue siendo, ante todo, un lugar de encuentro.