BUENOS AIRES - La música italiana fue la gran protagonista del último Pranzo Musicale organizado por el Círculo Italiano. Bajo el título “Il Principe e il Ribelle”, la propuesta estuvo dedicada a la figura de Adriano Celentano, uno de los artistas más influyentes de la cultura popular italiana del siglo XX.

Coordinado íntegramente en italiano por la profesora Sol de Brito, el encuentro reunió a estudiantes, socios y amantes de la cultura italiana en una jornada donde la música sirvió como punto de partida para reflexionar sobre la historia, la sociedad y las transformaciones culturales de Italia.

“La música es una forma extraordinaria de acercarse a la lengua italiana porque detrás de cada canción hay una época, una historia y una manera de entender la sociedad”, explicó Brito durante la actividad, que combinó proyecciones audiovisuales, análisis de letras, interpretación de canciones y dinámicas participativas.

Entre pizzas, conversaciones y canciones compartidas, los participantes recorrieron la trayectoria de Celentano a través de fragmentos de documentales, videoclips y letras emblemáticas. La actividad permitió descubrir no solo al cantante, sino también al innovador que revolucionó la música italiana desde finales de los años cincuenta, influenciado por el rock estadounidense de Elvis Presley y Jerry Lewis.

Uno de los ejes centrales fue el análisis del histórico Clan Celentano, el sello discográfico fundado por el artista a comienzos de los años sesenta. Más que una compañía musical, el Clan fue presentado como un verdadero laboratorio creativo que impulsó nuevas formas de producción artística y lanzó las carreras de numerosos intérpretes que luego se convertirían en figuras fundamentales de la canción italiana.

El recorrido musical permitió además redescubrir a varias de las figuras más importantes de la canción italiana. A través de videos, anécdotas y canciones, los asistentes repasaron las trayectorias de artistas que compartieron escenarios, amistades y proyectos con Celentano.

Uno de ellos fue Gianni Morandi, definido por Brito como “l’eterno ragazzo” de la música italiana. Durante la actividad se recordó que, a comienzos de los años sesenta, Celentano le propuso incorporarse al Clan, una invitación que Morandi rechazó para preservar su independencia artística, aunque ambos mantuvieron una amistad que se prolongó durante décadas. El encuentro incluyó además la proyección de un videoclip reciente junto a Fabio Rovazzi, demostrando la vigencia del cantante boloñés entre las nuevas generaciones.

También hubo espacio para la historia de Albano Carrisi, quien llegó a Milán siendo un joven trabajador y encontró en el Clan Celentano una plataforma decisiva para iniciar su carrera artística. Los participantes repasaron luego su trayectoria junto a Romina Power a través de clásicos como Felicità, una de las canciones italianas más populares a nivel internacional.

El viaje por la música italiana continuó con los llamados “Elvis italianos”: Bobby Solo y Little Tony, referentes fundamentales del rock and roll en Italia. La docente recordó el histórico escándalo de Sanremo de 1964, cuando Bobby Solo interpretó Una lacrima sul viso utilizando playback debido a una faringitis, episodio que marcó una época en la televisión italiana.

La propuesta también recuperó la elegancia melódica de Fred Bongusto, representada en canciones como Una rotonda sul mare, y las colaboraciones de Celentano con Mina, una de las voces más influyentes de la música italiana. El dúo revivió en la actividad a través de Parole, parole, una pieza que sigue siendo un clásico de la canción italiana contemporánea.

A lo largo de la jornada se escucharon y comentaron algunas de las canciones más representativas de Celentano. Entre ellas, Il ragazzo della Via Gluck, considerada una de las primeras canciones italianas de denuncia ecológica, que cuestiona el crecimiento descontrolado de las ciudades y la desaparición de los espacios verdes.

“Es una canción que sigue siendo muy actual. Habla de cómo las ciudades crecen, de la pérdida de los espacios verdes y de la nostalgia por los vínculos comunitarios”, señaló de Brito al presentar uno de los grandes éxitos del artista milanés.

También se analizó Chi non lavora non fa l’amore, ganadora del Festival de Sanremo de 1970 junto a Claudia Mori, cuya letra refleja el clima de conflictos sociales y luchas obreras que atravesaba Italia en aquellos años.

Uno de los momentos más celebrados fue la proyección de Prisencolinensinainciusol, la célebre canción construida a partir de una lengua inventada que imita los sonidos del inglés. La obra dio pie a una reflexión sobre la incomunicación en las sociedades contemporáneas y permitió establecer vínculos con el cine de Michelangelo Antonioni y con el grammelot de la Commedia dell’Arte, retomado siglos después por Dario Fo.

“Celentano inventó una lengua que parece inglés, pero que en realidad no significa nada. Lo interesante es que la utiliza para hablar de la incomunicación, un tema que sigue siendo muy contemporáneo”, comentó la docente ante los asistentes.

El recorrido incluyó además las relaciones de Celentano con otros grandes nombres de la música italiana. Los asistentes conocieron la historia de la amistad con Gianni Morandi, quien rechazó incorporarse al Clan para preservar su independencia artística; el papel decisivo que tuvo Celentano en los primeros pasos de Albano Carrisi; y los vínculos con artistas como Mina, Bobby Solo, Little Tony y Fred Bongusto.

La propuesta no se limitó a la escucha pasiva. Hubo momentos de canto colectivo, intercambio de opiniones y hasta un juego interactivo de preguntas y respuestas basado en un videoclip de Gianni Morandi y Fabio Rovazzi, que puso a prueba la atención y la memoria de los participantes.

“No se trata solamente de escuchar canciones. A través de la música podemos recorrer la historia de Italia, comprender cambios sociales y descubrir artistas que marcaron generaciones”, destacó Brito, subrayando el valor pedagógico de este tipo de encuentros.

Más allá del homenaje a una figura emblemática de la canción italiana, la actividad volvió a demostrar el potencial de la música como herramienta para aprender idiomas, comprender contextos históricos y fortalecer los lazos con las raíces culturales.

En un clima distendido y participativo, el Pranzo Musicale transformó un almuerzo compartido en una experiencia de inmersión cultural, donde cada canción abrió una ventana a la historia de Italia y a las emociones de varias generaciones.

“Estos encuentros buscan crear un espacio donde aprender italiano sea también compartir recuerdos, emociones y experiencias culturales. Cuando entendemos lo que cuenta una canción, entendemos también un poco mejor su cultura y su gente”, concluyó de Brito al finalizar la jornada.