BUENOS AIRES – Dos mujeres unidas por la experiencia migratoria y el compromiso social. Dos recorridos distintos, atravesados por una amistad profunda construida a partir de coincidencias, pero también de diferencias.
Se trata de la italoargentina Irma Rizzuti y la uruguaya Elizabeth Leites, protagonistas de un encuentro realizado en el marco del XLVIII Curso Interamericano sobre Migraciones Internacionales, que se desarrolló del 1 al 5 de junio en Buenos Aires. La actividad fue organizada por la Organización Internacional para las Migraciones (OIM), agencia de Naciones Unidas especializada en la temática, con el apoyo del Banco de Desarrollo de América Latina y el Caribe (CAF).
El panel fue moderado por Julio Croci, representante de la OIM.
Irma Rizzuti, presidenta de la Liga de las Mujeres Italianas —surgida como evolución de la Liga de las Mujeres Calabresas, fundada por ella en 1999 cuando presidía la Asociación Calabresa de Buenos Aires— nació en Serra Pedace, provincia de Cosenza, y llegó a la Argentina a los nueve años junto a sus padres.
“En la época de la dictadura militar me vi obligada a tomar la ciudadanía argentina para poder trabajar”, recordó. Como consecuencia de la legislación vigente entonces, perdió la nacionalidad italiana, ya que todavía no existía el acuerdo bilateral que hoy permite conservar ambas.
“Fue un trauma. Mi padre no me habló durante varios días. Pasé un momento muy triste, pero no tenía alternativa. Mi único consuelo era que en el documento figuraba la leyenda ‘Nacida en Italia’”, contó. Ese detalle se convirtió para ella en una forma de aferrarse a una parte esencial de su identidad.
Con el tiempo, decidió enfocarse en lo que había ganado. “Empecé a valorar las oportunidades que se me abrían, como el derecho a votar y la posibilidad de que mi militancia política tuviera efectos concretos y no quedara en el plano simbólico”, explicó.
Más adelante fue elegida legisladora de la Ciudad de Buenos Aires y, durante la presidencia de Mauricio Macri, se desempeñó en Roma como agregada cultural de la embajada argentina.
“Puedo decir que dediqué mi vida a difundir la cultura italiana en la Argentina y la cultura argentina en Italia”, señaló.
Fue precisamente en Roma donde llegó una inesperada recompensa. “La vida me hizo un regalo. Haber residido cuatro años en Italia me permitió recuperar la ciudadanía y volver a ser italiana también desde el punto de vista legal. Pero hay algo que siempre digo: en la Argentina me sentí inmigrante, nunca extranjera”.
La experiencia de Elizabeth Leites tuvo características todavía más dramáticas. En su caso no se trató de una migración voluntaria, sino de un exilio forzado.
En 1975, Uruguay atravesaba una dictadura iniciada dos años antes y que se prolongaría hasta 1985. “Nuestra familia estaba políticamente expuesta y, para proteger nuestras vidas, tuvimos que irnos”, relató.
Las alternativas eran Australia o la Argentina. Ella y su esposo optaron por este país debido a la cercanía cultural y lingüística, sin imaginar que pocos meses después, el 24 de marzo de 1976, también aquí se instalaría una dictadura militar que volvería a ponerlos en peligro.
“El exilio no es una migración común. Significa dejar todo atrás y cortar el contacto con familiares y amigos para no comprometer la seguridad de nadie. A pesar de eso, siento que la experiencia me enriqueció. Hoy tengo dos patrias”, afirmó.
Desde entonces, Leites trabaja en la defensa de los derechos de las personas migrantes, especialmente en el acceso a la información pública. Por ese motivo impulsa el uso de un lenguaje claro en leyes y reglamentaciones y fundó la plataforma de comunicación política Universo Parlamentario.
“Podemos abrir todas las oficinas de atención para migrantes que queramos, pero si las normas y los procedimientos no son comprensibles, no vamos a lograr una integración real. No es casual que la participación en las elecciones locales de la Ciudad de Buenos Aires, donde también pueden votar los extranjeros con residencia regular, sea tan baja”, sostuvo.
Rizzuti coincidió con ese planteo y dejó una reflexión final: “¿Por qué los inmigrantes no votan si tienen ese derecho? Participar es importante. Es importante sentirse orgulloso de pertenecer a dos culturas, a dos países, y ejercer plenamente los derechos que ofrecen ambos”.