BUENOS AIRES — Durante años fue un edificio herido, casi irreconocible detrás del deterioro. Ahora, en Sarmiento 1300, parte de la fachada de la histórica sede de la Sociedad Unión de Obreros Italianos vuelve a quedar a la vista, mientras avanza una importante obra de restauración y puesta en valor que busca devolverle su aspecto original.
La encargada de los trabajos es la Iglesia de Scientology (Cienciología) en la Argentina, que adquirió el inmueble, considerado además una pieza importante de la historia de la inmigración italiana en Buenos Aires. Diseñado en su versión definitiva por el arquitecto Virginio Colombo, fue declarado Monumento Histórico Nacional en 2022, cuando su estructura ya se encontraba cerca del colapso.
La Sociedad Unión de Obreros Italianos (SUOI), fundada en 1874, había construido el complejo como espacio de asistencia y encuentro para la colectividad. Para miles de inmigrantes funcionó como una mutual: brindaba atención médica, subsidios por enfermedad y una bolsa de trabajo. En su interior también había una escuela y departamentos destinados al alquiler, cuyos ingresos contribuían a sostener las actividades de la asociación.
La piedra fundamental fue colocada en 1894. La primera etapa de las obras se realizó según el proyecto del arquitecto e ingeniero Benito Panuzzi, mientras que el Salón Augusteo se convirtió en uno de los principales centros de la vida social de la comunidad.
Más tarde, con el crecimiento de la colectividad —entre 1880 y 1914 llegaron a la Argentina más de dos millones de personas procedentes de Italia—, surgió la necesidad de ampliar y transformar el conjunto. El proyecto fue encargado a Virginio Colombo, una de las figuras de origen italiano más importantes de la historia de la arquitectura porteña.
Colombo decidió integrar el Salón Augusteo a la nueva estructura y sumó viviendas para alquilar, una escuela y nuevos elementos arquitectónicos y decorativos. Los departamentos ubicados en la parte delantera eran los de mayor calidad, mientras que los posteriores resultaban más económicos. La escuela contaba con un gran lucernario, pensado para iluminar y ventilar el patio interno.
La fachada que hoy vuelve a salir a la luz es considerada una de las expresiones más representativas del Liberty en Buenos Aires, la vertiente italiana del Art Nouveau.
La recuperación estuvo a cargo de diferentes especialistas. El restaurador Daniel Ramos, quien ya había trabajado en los atlantes del edificio Otto Wulff, intervino las cariátides y los querubines, además de reproducir el trencadís, el característico mosaico ornamental irregular asociado con la arquitectura de Antoni Gaudí. El proyecto general, en tanto, está dirigido por el arquitecto Guillermo Spagnuolo.
Sin embargo, la historia del inmueble estuvo marcada por un largo período de decadencia. Las dos guerras mundiales y la Gran Depresión modificaron profundamente los flujos migratorios y, con el paso de las décadas, numerosas asociaciones de la colectividad en Buenos Aires entraron en crisis. Algunas intentaron sobrevivir mediante fusiones y reorganizaciones.
Otras desaparecieron.
Entre estas últimas estuvo la Sociedad Unión de Obreros Italianos, que no logró superar aquella etapa. Su declive comenzó en la década de 1970 y, durante los años 90, el gran salón llegó a albergar una pista de baile. Más tarde, el lugar fue ocupado, vandalizado y afectado por incendios.
En 2011, un cartel anunciaba su venta y describía un terreno de 72 por 59 metros y un “edificio histórico destruido por el derrumbe”, con la estructura al límite del colapso.
El deterioro había alcanzado niveles extremos. Entre los daños más singulares, un árbol había crecido sobre la terraza y sus raíces se habían abierto paso hasta los pisos inferiores. La estructura de madera que sostenía el techo también estaba podrida, lo que ponía en riesgo la cubierta ornamental del Salón Augusteo.
El reconocimiento como Monumento Histórico Nacional llegó en 2022. Dos años después, en 2024, la Iglesia de Scientology puso en marcha las tareas de restauración y puesta en valor.
Según informó Gustavo Libardi, director de la Iglesia de Scientology en la Argentina, el proyecto presenta actualmente un avance cercano al 50 por ciento. La parte más visible es la fachada, cuya recuperación ya fue completada entre el primero y el cuarto piso. Sin embargo, una porción importante de los trabajos comprende elementos que no están a la vista, especialmente los estructurales.
Entre las intervenciones realizadas también se encuentra la recuperación del lucernario de la escuela para mujeres, al que se le incorporó un motor eléctrico para permitir su apertura.
Ese espacio podría convertirse en uno de los sectores más atractivos del futuro complejo. En el patio está prevista la instalación de un café abierto al público, con iluminación y ventilación naturales gracias a la gran cubierta.
“El edificio forma parte del patrimonio cultural del país, pertenece a todos los argentinos”, señaló Libardi ante la prensa. También anticipó que podrían organizarse visitas guiadas.
Después de décadas de abandono, el palacio proyectado por Colombo vuelve lentamente a mostrar sus detalles originales y recupera una arquitectura que fue concebida para ofrecer un hogar, servicios y un punto de referencia a una comunidad de inmigrantes. Su nuevo destino modificará la función original, pero las obras permitirán preservar un testimonio arquitectónico y social vinculado con la historia migratoria de la Argentina.
Quién sabe qué habrían dicho los integrantes de la Unión de Obreros Italianos si alguien les hubiese anticipado que, algún día, su sociedad de socorros mutuos se convertiría en la sede de una de las organizaciones más controvertidas del mundo.