OBERÁ — Una gigantesca máquina para estirar la masa, de la que sale una bandera tricolor. Con este símbolo de italianidad, la Fundación Nettuno, que reúne a los emiliano-romañoles de la provincia de Misiones, participó el 3 de septiembre del desfile inaugural de la Fiesta Nacional del Inmigrante, en Oberá.
La celebración continuará hasta el 13 de septiembre.
Después de la cafetera moka humeante del año pasado y del carrito dedicado al limoncello en 2024, este año la Fundación Nettuno eligió como emblema la sfoglia, la masa fina estirada a mano, un arte en el que se destacan las llamadas ’zdaure, las amas de casa de las tierras bajas ubicadas entre Bolonia y Reggio Emilia.
En dialecto, la palabra ’zdaura significa “administradora del hogar”. Era la matriarca que, en las zonas rurales, guardaba las llaves de la despensa y tenía la responsabilidad de administrar las provisiones para el invierno. Para las familias campesinas, su capacidad podía marcar la diferencia entre la abundancia y el hambre.
“La elección de nuestro carro alegórico nace de lo que simboliza una máquina para hacer pasta —dice Alejandro Forni, presidente de la Fundación—. Es un símbolo de la identidad ítalo-argentina, esa que construimos juntos”.
No es casual que el diseño recuerde a los carros del Carnaval de San Giovanni in Persiceto, en Bolonia, la localidad donde nació Sandro, el abuelo de Alejandro, quien emigró de Emilia a la Argentina después de la Segunda Guerra Mundial. “Mi tía Paola, que vive en San Giovanni, forma parte de un grupo que realiza los carros del Carnaval”, cuenta Forni con orgullo.

El paso de la carroza por las calles de Oberá.
La máquina de sfoglia también permite viajar en el tiempo. “Nos lleva —continúa Forni— a aquel momento de nuestras vidas en el que la mesa de los domingos era larga, las puertas siempre estaban abiertas y todos participaban y colaboraban en la preparación del almuerzo”.
Era un modelo de familia que también se reflejaba en la comunidad. “Cada uno hacía su parte, de acuerdo con su edad —subraya Forni—. Estaban todos, desde los más chicos hasta los mayores, y cada uno dejaba su huella y su marca en aquello que después se disfrutaba en conjunto”.
El recuerdo remite a una época en la que preparar la comida no era un simple acto mecánico, sino una excusa para encontrarse y fortalecer los vínculos familiares, de amistad y de pertenencia. “Mientras se amasa, se cuenta la vida, se comparten formas de hacer las cosas, se recuerdan consejos y se inventan nuevos recuerdos”, observa.
Para Nettuno, esta máquina tiene un gran valor simbólico. “En el carro reemplazamos la sfoglia, es decir, la masa que se estira, por dos banderas. De un lado está la argentina y, del otro, la italiana”. Además, la estructura está decorada con fileteado porteño, una técnica popular típicamente argentina, pero introducida por inmigrantes italianos. En definitiva, nada quedó librado al azar.

La Fundación Nettuno llevó la bandera tricolor durante el recorrido.
No queda claro cuál es la entrada y cuál la salida, porque la identidad ítalo-argentina no es un camino de una sola dirección, sino que se alimenta de estímulos e intercambios permanentes. “Es una evocación de ese gesto tan tradicional de estirar la pasta que repetimos en nuestras casas y que nos une —explica—, mediante un lazo invisible, con algo mucho más grande. Nos devuelve a nuestras raíces y rinde homenaje a quienes nos precedieron”.
En su conjunto, el carro de Nettuno constituye una declaración: en estos tiempos, “esta identidad no debe perderse —afirma Forni—. Queremos más mesas largas, puertas abiertas y momentos compartidos”.
Allí reside la razón de ser y la esencia de la Fundación Nettuno. “Fue creada —concluye— y continúa construyéndose justamente de esta manera, para que cada uno de sus integrantes, de acuerdo con sus posibilidades, conocimientos e intereses, pueda dejar su huella en las actividades que realizamos”. Tal como ocurría en aquellos almuerzos cuyo recuerdo permanece tan vivo: un pretexto para “encontrarnos y seguir construyendo identidad”.