BUENOS AIRES — Una escuela que valora las diferencias, que orienta a las familias y que ayuda a cada chico a encontrar un camino acorde a su talento y a sus inclinaciones. De eso habló el ministro italiano de Instrucción y Mérito, Giuseppe Valditara, en misión oficial en Buenos Aires, ante los alumnos del secundario del colegio italiano Cristoforo Colombo.
“Es con gran alegría que estoy acá para escuchar sus preguntas – arranca, ante los chicos reunidos en el aula magna –. Voy a responder con precisión, porque la tarea de un ministro también es escuchar a la comunidad educativa”.
A partir de la pregunta de un estudiante, citó la teoría de las inteligencias múltiples —lingüística, lógico-matemática, espacial, corporal, musical, interpersonal, intrapersonal, naturalista, existencial— formulada a comienzos de los años 80 por el psicólogo estadounidense Howard Gardner.
“Para Gardner, todas estas inteligencias tienen el mismo valor y la misma dignidad – dice –. Fue una revolución, porque antes se decía que había una sola inteligencia con distintos grados”.
Según el ministro, la teoría de Gardner es plenamente coherente con la Constitución italiana, que le da centralidad y valor a cada persona.
“Es evidente que a esas inteligencias corresponden lo que llamamos ‘talentos’ – afirma –. Por eso la tarea de la escuela es personalizar la enseñanza, para que esas inteligencias, esos talentos, salgan a la luz, se potencien, y así cada uno pueda cumplir sus sueños, sus aptitudes, sus potencialidades”.
¿Y qué significa entonces “mérito”? “No significa alcanzar resultados de excelencia que solo unos pocos podrían lograr – aclara –. Si esa fuera la escuela del mérito, sería una escuela elitista, aristocrática, para pocos. Mérito significa, con la ayuda de los profesores y de la escuela, sacar lo mejor de lo que uno tiene adentro, expresar lo mejor de esos talentos que ustedes tienen, todos distintos, por suerte, porque la diversidad es belleza”.
La escuela les pide a los chicos que den lo mejor de sí a través del esfuerzo. “Les pide que se jueguen enteros – dice –. Y ustedes tienen que pedirle a la escuela que los ayude a descubrir sus potencialidades, sus talentos, sus habilidades, y que los valore”.
Una segunda pregunta apuntó al enriquecimiento cultural que da la posibilidad de cursar en una escuela italiana en el exterior. Para Valditara, ¿cuál es el rol de las escuelas italianas en el mundo y cómo imagina la formación de los ciudadanos del futuro?

El ministro responde preguntas en el aula magna.
“Está claro que una escuela como esta es una gran oportunidad, porque significa cultivar las propias raíces, entender que desde el pasado podemos construir el futuro – responde el ministro –. Significa el pluralismo de valores y de experiencias. El pluralismo es algo muy valioso, permite vivir al mismo tiempo distintas dimensiones culturales, aunque en el caso de Argentina esas dimensiones sean muy afines, estén estrechamente ligadas, tengan raíces y orígenes comunes. Es una gran oportunidad”.
No son palabras de circunstancia: Valditara cree profundamente en el rol de las escuelas italianas en el exterior, al punto de visitarlas con frecuencia. Entre todas, menciona la de Addis Abeba, en Etiopía, donde estuvo hace dos años. “Había 1.200 chicos, en su mayoría etíopes, que estudiaban italiano y lo conocían a la perfección – recuerda –. Estudiaban nuestra cultura, no solo nuestro idioma, sino también los valores de nuestra sociedad, de nuestra civilización. Eso favorece muchísimo el diálogo entre las naciones”.
Valditara describe con cariño “el entusiasmo de esos jóvenes que agitaban la bandera italiana junto a la bandera etíope, había un enorme sentido de pertenencia”.
Ante las preguntas de los alumnos, la charla cae inevitablemente en “los jóvenes de hoy” y en lo que “los adultos siguen sin entender de los adolescentes”.
El ministro marca, para el caso italiano, un contraste entre la narrativa mediática —que pinta a los jóvenes como violentos, desganados, distraídos— y la realidad que él mismo comprueba a diario en las visitas a las escuelas (“350, en Italia, desde que estoy en el Gobierno”).
Describe a los “tantísimos jóvenes extraordinarios, llenos de entusiasmo, de sonrisas, que por supuesto hacen preguntas y quieren respuestas – observa –. Son jóvenes a quienes la política y la sociedad les deben una respuesta, esas preguntas no pueden quedar sin contestar. Estoy cansado, ¿saben?, de narrativas negativas, de ir siempre a buscar lo peor y no lo mejor”.
¿Un ejemplo? “En el verano de 2025, algunos chicos en Italia no quisieron rendir el oral de la maturità porque cuestionaban la evaluación – cuenta –. Todos los diarios abrieron con esa noticia, que involucraba a apenas 7 u 8 chicos, sobre cientos de miles que estaban dando el examen de maturità”.
Pocas semanas después, el ministerio volvió obligatorio el coloquio oral para la promoción, más allá de los créditos ya acumulados.
“Porque la tarea de la escuela – subraya – es ayudar a un joven a levantarse, a no tenerle miedo al juicio, a no tenerle miedo a las evaluaciones, a saber enfrentarlas, porque la vida va a ser una evaluación continua, un juicio continuo. Cualquier éxito o fracaso hay que manejarlo con equilibrio, con madurez”.
Esa es, insiste, la tarea de la escuela: “Ayudar a los jóvenes a adquirir ese equilibrio, esa madurez, en lugar de evitar, de esquivar. Pero me sorprendió que 7 u 8 testimonios de ese tipo ocuparan páginas y páginas en los diarios”.
La comparación, para él inevitable, tiene que ver con los alumnos de las escuelas hospitalarias: “Encontré chicos y chicas con enfermedades muchas veces muy graves, en algunos casos ni siquiera sabían cuánto tiempo tenían por delante, pero todos estaban decididos a lograrlo. Esos chicos rindieron la maturità y, en su gran mayoría, llegaron a las notas más altas, con una demostración de ganas de vivir, de ganas de futuro extraordinaria. Me hubiese gustado que esos tantos testimonios ganaran las primeras planas de los diarios”.
La visita siguió en el laboratorio de ciencias, que tiene, entre otros equipamientos, dos acuarios —de agua salada y de agua dulce—, creados por el docente Adrián Tijeiro y a cargo de los propios alumnos.

La visita al laboratorio de ciencias.
El ministro se interesó por la participación de la escuela en el proyecto Antártida, con el que el Gobierno italiano difunde la actividad de investigación en el Polo Sur.
“Se puede participar en dos líneas, una literaria y otra científica”, cuenta Tullia Ferreri, docente ministerial de Ciencias.
“Nos anotamos como escuela y nos asignaron una boya con nuestro nombre, ‘Cristoforo Colombo’ – explica Adrián Teijeiro, jefe del departamento de Ciencias y ‘alma’ del laboratorio –. La boya, largada desde un buque y liberada en la corriente antártica, manda una serie de datos mientras flota, y esos datos quedan al alcance de los chicos”.
Eso permite monitorearla. “Sabemos exactamente dónde está en cada momento gracias a un rastreo satelital – sigue Ferreri –. Podemos medir distintos parámetros, entre ellos la salinidad y la temperatura del agua. A fin de año los alumnos van a presentar un informe con los datos recolectados”.
Por último, Valditara aceptó una entrevista individual en la sala de audiovisuales, con un grupo más chico de cuatro alumnos del secundario. Guiados por el docente Gianpaolo Samà, grabaron un pódcast.

Un momento de la grabación del pódcast.
Ahí se habló de las potencialidades y los riesgos de la inteligencia artificial, y del rol del docente para ayudar a los chicos a usar bien las nuevas tecnologías. “Pero al menos en la primaria hay que revalorizar el libro, el papel y la lapicera”, subraya el ministro.
Otro tema que preocupa a los alumnos es la elección de la carrera universitaria. El ministro insistió en la importancia de la orientación vocacional para ayudar a estudiantes y familias a identificar talentos y elegir el camino más coherente con las potencialidades de cada uno.
El ministro defiende también la decisión de fortalecer el rol de los consejos estudiantiles y anticipa que, por primera vez, los nuevos programas educativos italianos se van a aprobar después de consultar a los representantes de los alumnos.

La grabación del pódcast.
Para cerrar, se prestó a un juego de imaginación propuesto por los chicos: proyectarse diez años adelante, en 2036, y describir con tres palabras la escuela del futuro. Valditara no duda: mérito, oportunidad —de cumplir un sueño— y entusiasmo. En otras palabras: ganas de crecer.