MONTEVIDEO — Desde los espacios abandonados de Cerdeña hasta las tomas de vivienda en Roma, con el concepto de “utopía concreta” de por medio, Montevideo fue sede de un debate abierto sobre el futuro de las ciudades y la recuperación del patrimonio abandonado, impulsado junto con asociaciones de barrio, colectivos artísticos, arquitectos y vecinos.
El protagonista del encuentro fue Francesco Careri, arquitecto, investigador y docente de la Universidad Roma Tre, cofundador de Stalker (colectivo romano de arquitectos y artistas) y referente internacional en el estudio de la relación entre arquitectura, arte, espacio público y participación cívica.
En el centro de la reflexión está el proyecto CIRCO (sigla de Casa Irrenunciable para la Recreación Cívica y la Hospitalidad), una propuesta de ciudad hospitalaria desarrollada dentro del Departamento de Arquitectura de Roma Tre.
Lejos de ser una teoría abstracta, CIRCO se plantea como un intento de revelar el potencial oculto de lo que nos rodea y que solemos ignorar, para transformar los problemas urbanos sin resolver en recursos.
El objetivo es volver a habitar las “ruinas contemporáneas” (cuarteles, excines, escuelas, hospitales y fábricas abandonadas) y ponerlas en relación con las vidas de quienes necesitan un espacio: migrantes, estudiantes, trabajadores golondrina, artistas, artesanos, viajeros y personas en situación de calle.
Durante su exposición, Careri ilustró este enfoque a través de dos experiencias concretas.
La primera tiene que ver con un pequeño pueblo minero de Cerdeña, donde algunos vecinos empezaron a recuperar de manera espontánea las casas viejas y los senderos. Allí, a partir de escuchar los deseos de la comunidad y de un diseño colectivo e informal, nació incluso un monumento ecuestre comunitario dedicado a un viejo caballo de las minas, que convirtió un espacio olvidado en un nuevo punto de encuentro cultural para toda la zona.
La segunda experiencia, de una complejidad mucho mayor, remite directamente a las tomas de vivienda en la periferia de Roma, como el caso de Porto Fluviale, una ex caserma militar ocupada durante dos décadas en el barrio de Ostiense. Allí, gracias al diálogo entre instituciones, universidades y movimientos de lucha por la vivienda, los edificios ocupados fueron refuncionalizados para garantizar el derecho a la vivienda.
El proyecto busca demostrar que “la ciudad hospitalaria” —es decir, un modelo urbano pensado para recibir, incluir y proteger a cada persona, más allá de su origen y condición social— puede renacer si integra funciones y comunidades distintas.
El enfoque de Careri y del proyecto Stalker invierte la planificación urbana tradicional: no parte de un plano diseñado desde arriba, sino del recorrido físico del territorio, de caminar como herramienta de conocimiento y de la capacidad de escuchar las necesidades reales de quienes habitan los márgenes. Una mirada que, en diálogo con los contextos locales, ofrece nuevas herramientas para repensar el futuro de los espacios urbanos subutilizados a través de la participación cívica y la hospitalidad.