BUENOS AIRES — Decenas de empresas italianas desfilaron esta semana por los encuentros B2B organizados en el marco de la misión de Confindustria encabezada por Emanuele Orsini. Del sector cerámico al agua, de la electrónica de potencia a la dermocosmética, las historias se repiten con matices: para las empresas consultadas, la Argentina es un mercado que empieza a estabilizarse, de la mano de reglas cambiarias más claras, y predomina un humor de cautela optimista frente al mercado argentino.
Interser no es una recién llegada. La empresa, especializada en la comercialización de repuestos y componentes para la industria cerámica —y en los últimos años también para los sectores alimentario, minero y de packaging—, tiene presencia en el país “desde hace 30 años, desde que nació la empresa”, contó Ivo Zanetta, uno de sus representantes.
La Argentina, explicó, “representa uno de los principales mercados de exportación” para la compañía, que hoy busca ampliar su cartera de clientes más allá de la cerámica, terreno en el que ya trabajan “con todas las empresas del país”.
Consultado sobre los obstáculos normativos, Zanetta fue directo: “Las normativas son siempre muy complicadas y cambian continuamente”. Su expectativa, dijo, es que la Argentina haya encontrado “un nuevo equilibrio” y que de ahora en más haya “un poco de estabilidad en el plano normativo”.
Sobre el tipo de cambio, la empresa está resguardada: factura en euros, así que “el riesgo queda del lado del cliente”. El verdadero dolor de cabeza, señaló, estuvo en otro lado: “el tema principal fue el cambio de las normativas aduaneras y el acceso al mercado cambiario”, en referencia a los períodos en que sus clientes argentinos no podían acceder a dólares para pagar importaciones. Hoy, aseguró, “en los últimos dos años diría que el tema se estabilizó”.
Con apenas dos años de trabajo en el país, Eurotrol llegó a la Argentina para desarrollar un mercado prácticamente desde cero. La empresa produce sistemas de tratamiento y potabilización de agua, adaptados a distintos problemas: metales pesados como el arsénico o el plomo, exceso de sal o dureza. “Depende de lo que se necesite”, resumió Jacopo Lavecchia, Business Development Officer de la firma.
Lavecchia fue el encargado de abrir el mercado argentino: “Me mandaron acá y me dijeron: ‘Probá’”. De a poco, el resultado empezó a verse: “Encontramos un cliente, después dos, después tres”. Sus clientes son, principalmente, empresas de ingeniería que construyen plantas potabilizadoras.
La Argentina y el resto de la región todavía pesan poco en la facturación global de Eurotrol —“cerca del 1 por ciento”, estimó—, pero la intención es crecer: la empresa se prepara para abrir una filial en Santiago de Chile, y no descarta, más adelante, poner un pie en Buenos Aires: “Me gustaría, pero vamos a ver. Primero vamos a Chile y después quizás”.
Sobre los cambios del último tiempo, Lavecchia notó una diferencia concreta en los plazos de pago: “Antes el problema era que las empresas argentinas, para importar, podían pagarle al proveedor extranjero recién después de 120 días, mientras que ahora los plazos son más cortos, 30 a 60 días”. Aun así, matizó, persiste “una cierta incertidumbre económica y política que, en realidad, está mejorando”. Su balance del país fue elocuente: “Es un país fantástico”.
La historia de Layer Electronics con la Argentina tiene un antes y un después de la pandemia. La empresa, fabricante de UPS y estabilizadores de tensión, había vendido en el país antes de 2020, pero “entre la pandemia y la crisis, se interrumpió casi todo”, contó el representante de la firma consultado durante los B2B. Hoy busca reconstruir esa relación comercial a través de nuevos socios locales.
Su presencia regional es más sólida en Brasil —mercado en el que operan desde hace unos veinte años— y en Chile, donde las primeras ventas directas se registraron en 2015-2016. La comparación entre países fue reveladora: mientras en Chile la reactivación pospandemia fue relativamente rápida, en la Argentina “la interrupción fue más neta”, señaló el representante.
Respecto de los cambios normativos, el representante vinculó las mejoras tanto a medidas del gobierno argentino como al Mercosur: “Esto entra tanto en los acuerdos ya tomados por el gobierno argentino como en el tratado con el Mercosur, en lo que respecta a la disminución de los impuestos”. Aunque aclaró que el impacto real del acuerdo con el bloque regional todavía es limitado: “El acuerdo está activo, pero la aplicación será gradual. Todavía no está todo en vigencia” —y puso como ejemplo el caso brasileño, donde un arancel del 60% para sus productos recién bajará al 40% en 2030.
El Istituto Ganassini, empresa familiar italiana dedicada a los dermocosméticos y dispositivos médicos, llegó a Buenos Aires sin producción local ni planes de instalarla: “Producimos solamente en Italia y estamos buscando contactos para exportar a la Argentina”, contó la representante de la firma. Su modelo es claro: buscar un socio local que se encargue del registro y la distribución de los productos, sin mover la fabricación.
La participación en la misión fue casi una coincidencia de agenda: “Ya tenía que venir de viaje a esta zona para visitar otros clientes, así que aprovechamos la oportunidad”. Pese a que reconoció conocer poco el mercado argentino, la lectura del momento fue positiva: “También la situación política y económica actual es sin dudas favorable para buscar entrar en este momento” —en referencia directa a la mayor estabilidad cambiaria y al nuevo marco normativo.
La empresa ya tiene experiencia en la región: opera hace más de quince años en Colombia y Honduras, y acaba de firmar un contrato en Venezuela, donde el producto tardará al menos seis meses en llegar a góndola. Y no dudó en poner a la Argentina por encima de esos mercados en términos de potencial: “Respecto de Honduras y de América Central, sin dudas sí”, señaló la representante, citando el tamaño de la población como factor clave.