BUENOS AIRES — Es de noche y el bar está por cerrar cuando Doriano insiste: vamos, una última copa. Carlobianchi no necesita mucho para convencerse. Los dos rondan los cincuenta años, están fundidos.
Esa noche tienen una excusa perfecta para no volver a casa temprano: al día siguiente llega Genio (Andrea Pennacchi), un viejo amigo que se había ido a vivir a la Argentina y que ahora, después de años, vuelve a Italia.
Así arranca “Le città di pianura”, segunda película del director bellunés Francesco Sossai, escrita junto a Adriano Candiago. Dura 98 minutos, se presentó en la sección Un Certain Regard del Festival de Cannes el 21 de mayo de 2025 y llegó a las salas italianas el 25 de septiembre de ese año.
En español se distribuye como Una última copa, aunque el título original —Las ciudades de la llanura— apunta a los pueblos chatos y sin nombre propio que separan la laguna de Venecia de las Dolomitas.
La película llega ahora a Buenos Aires como parte de la 12ª edición de la Semana de Cine Italiano, que se realiza del 3 al 9 de septiembre en Cinépolis Recoleta (Vicente López 2051), con todas las proyecciones en idioma original y subtítulos en español.
Es la primera vez que el festival se despliega de forma simultánea en ocho ciudades de América Latina, entre ellas Santiago de Chile, Lima, Bogotá y Ciudad de Panamá. Las entradas se consiguen en cinepolis.com.ar o en la boletería del cine.
El reloj corre, pero antes de salir para el aeropuerto los dos amigos se dan una vuelta más. En el trajín se cruzan con una fiesta de graduación y ahí aparece Giulio (Filippo Scotti): rulos prolijos, anteojos, figura esbelta, todo lo opuesto a la estampa desalineada y las voces roncas de Carlobianchi (Sergio Romano) y Doriano (Pierpaolo Capovilla).
Es estudiante de arquitectura, y a la mañana siguiente tiene que entregar un trabajo en la facultad, así que intenta despedirse rápido de una compañera para darle su regalo de graduación, que lleva colgado del hombro. Le propone ir al día siguiente a visitar la tumba Brion, la obra del arquitecto Carlo Scarpa en la provincia de Treviso. Pero ella le avisa que se va de viaje con su familia.
“Ragazzi, me ne vado”, anuncia Giulio, resignado, con la entrega de la mañana siguiente como excusa. Carlobianchi no lo deja ir tan fácil: “Vamos, no habrá otra vez”, le dice, y lo convence de sumarse.
El grupo termina en un boliche, donde Giulio descubre que la chica estaba con otro y decide irse. Los dos amigos lo siguen y no aflojan: “Queremos invitarte a beber una última copa con nosotros”.
Los tres se suben al auto y arrancan. Recién en medio del trajín, ya lejos, se dan cuenta de que se confundieron de aeropuerto. Ahí entienden que la aventura va a durar mucho más de lo que pensaban.
A lo largo del film el público sabrá por qué Genio (“era tutto per noi”, dirán sus amigos) se fue a vivir a la Argentina antes de la crisis de 2008.

Pero son Carlobianchi y Doriano quienes, ya en el camino, terminan descubriendo por qué decidió volver. Y ahí el papel de Giulio resulta clave: es el joven, ajeno a esa historia, el que termina destrabando algo que los dos amigos no habían podido ver solos.
La película arrasó en los premios David di Donatello 2026, donde se llevó ocho estatuillas: Mejor Película, Mejor Director, Mejor Actor para Sergio Romano, Mejor Guion Original, Mejor Montaje, Mejor Canción Original, Mejor Producción y Mejor Casting.
¿Qué queda, entonces, de una noche que se estira hasta convertirse en una travesía entera? Tal vez la certeza de que ni Carlobianchi y Doriano, ni Giulio, iban a volver iguales a como salieron.
La película se proyectará el sábado 5 de septiembre a las 16:30, el domingo 6 de septiembre a las 17:50 y el martes 8 de septiembre a las 19:00.