BUENOS AIRES — Tenía apenas cinco años cuando empezó a cocinar junto a su madre y a su abuela, con quienes pesaba y mezclaba los ingredientes.

A los doce, en lugar de dormir, se quedaba despierta hasta la madrugada frente a los programas de cocina, para copiar cada receta en un cuaderno mientras el resto de la casa descansaba.

Hoy Graciela Caffa Lucero, de 32 años, oriunda de Zapala, en la provincia de Neuquén, es la Campeona mundial de la empanada, título que obtuvo en el certamen organizado por Apyce (Asociación de Pizzerías y Casas de Empanadas de la República Argentina).

El reconocimiento fue celebrado de inmediato por su ciudad. Apenas se conoció la noticia del triunfo, Zapala festejó el Día del Inmigrante con un acto público en el que el intendente, Carlos Koopmann, invitó a Graciela a portar la bandera de la ciudad. Un gesto simbólico para una joven cocinera que, al participar en la competencia, quería sobre todo representar a su provincia.

La gastronomía, para Graciela, es una pasión cultivada desde la infancia, entre la cocina de la casa y las recetas heredadas de la familia. Después de formarse como técnica superior en gastronomía, construyó una carrera profesional que ya lleva diez años.

En diciembre cumplirá nueve años de trabajo en el Hotel Tower de Neuquén capital, donde se desempeña en el restaurante Aura bajo la guía de su mentor, Sebastián Caliva. Fue justamente Caliva quien la alentó a participar del Mundial, después de que Graciela fuera nombrada Embajadora de la Gastronomía Neuquina.

En su camino hubo también un proyecto personal, Maluca, nombre elegido en homenaje a las iniciales de su abuela, María Luisa Carrizo, su mayor fuente de inspiración. Ahora, después del título mundial, Graciela apunta a un nuevo objetivo: abrir su primer local.

Para la competencia, la cocinera eligió presentar dos recetas distintas, unidas por la voluntad de contar el territorio a través de ingredientes profundamente ligados a la provincia de Neuquén.

La primera fue una empanada regional construida en torno al chivo neuquino, único alimento argentino con denominación de origen, acompañado de piñones, ñaco (harina tradicional a base de trigo y maíz) y vino Pinot Noir, la cepa estrella de la provincia.

La segunda fue una relectura de la empanada clásica: una masa tradicional que envolvía un relleno braseado en vino Malbec, con un toque ahumado, huevo y sin aceitunas.

Entre quienes siguieron de cerca el camino de Graciela estuvo también la chef y divulgadora Madam Papin, que integró el jurado.

“Para mí ganan todos – contó Madam Papin –. Haber llegado hasta acá ya es algo”, y explicó que lo que más le interesa es entender qué siente cada participante cuando prepara una receta determinada, y por qué eligió justamente esa.

“Me interesa saber qué hay detrás de cada persona que viene a competir – agregó –, porque son, muchas veces, historias maravillosas”.

Papin recordó en particular a Graciela, a quien había conocido el año anterior durante una visita a Zapala. “Ella siempre me agradece, porque yo le había dicho que nunca se detuviera e insistiera con su talento – explicó Papin –. Es una luchadora y una estudiosa del alimento, como yo. Eso es lo que me interesa como cocinera: el alimento, más que el plato”.

También Lorena Fernández, presidenta de Apyce, destacó este aspecto al comentar el triunfo de Graciela y el de los demás protagonistas de la competencia. “Historias como la de Jairo –ganador en la categoría pizza– y Graciela son las que le dan sentido a este certamen – señaló –. No premiamos solo la técnica y el sabor, premiamos el camino recorrido para llegar hasta acá”.

Para Zapala, mientras tanto, la victoria se convirtió en motivo de orgullo para la pequeña y remota localidad patagónica. Y para Graciela, el título mundial podría ser apenas el comienzo: después de llevar los sabores de Neuquén al escenario internacional, el próximo sueño es tener, por fin, una cocina propia.