NÁPOLES — De las celebraciones por los 2.500 años de la fundación de Nápoles a una estrategia de relaciones internacionales con proyección a largo plazo: el programa impulsado por el Ministerio de Asuntos Exteriores y Cooperación Internacional de Italia (MAECI) busca vincular el patrimonio cultural, las instituciones, la investigación y las empresas para transformar la identidad napolitana en nuevas oportunidades de cooperación y desarrollo.
En diálogo con Il Globo, Marilù Faraone Mennella, empresaria, vicepresidenta del Teatro San Carlo e integrante del Comité Neapolis 2500, y Fulvio Macciardi, superintendente de esa institución, explican la propuesta de Napoli Città Mondo y el valor del acuerdo con el Teatro Colón de Buenos Aires, un ejemplo concreto de diplomacia cultural que ya mira hacia el futuro.
El punto de partida es una mirada que considera la cultura no solo como un patrimonio que se debe preservar o una herramienta de promoción turística, sino como un recurso estratégico capaz de conectar ámbitos diferentes, favorecer el intercambio de conocimientos, atraer inversiones y abrir nuevas perspectivas para el sector productivo.
Ese es el rumbo de Napoli Città Mondo, el programa desarrollado en el marco de Neapolis 2500 e impulsado por el MAECI, que retoma el legado de las celebraciones de 2025 y amplía su dimensión internacional durante 2026, con el objetivo de que Nápoles tenga una presencia cada vez mayor en las redes culturales, científicas y económicas del mundo.
“Napoli Città Mondo nace de una idea muy simple: aprovechar la extraordinaria fuerza cultural de Nápoles para construir relaciones y oportunidades que puedan perdurar”, explica Marilù Faraone Mennella, al sintetizar el principio que orienta todo el proyecto.
Una perspectiva que también modifica la manera de interpretar el valor de una ciudad, porque “el patrimonio de una ciudad hoy no se mide solo por lo que conserva o por su capacidad de atraer visitantes, sino también por las relaciones que logra construir, por los talentos y las inversiones que sabe atraer y por su capacidad de dialogar con el mundo”.
Desde esta mirada, la riqueza histórica y artística de Nápoles no es un elemento para exhibir de manera ocasional, sino una base sobre la cual construir nuevas formas de cooperación que involucren a instituciones culturales, universidades, comunidades científicas, empresas, organizaciones internacionales y la sociedad civil, y conecten saberes que con demasiada frecuencia avanzan por caminos separados.
“La cultura, la diplomacia, la investigación y el sistema productivo no son ámbitos separados, sino componentes de una misma estrategia”, subraya la empresaria, al señalar el principio con el que el programa busca transformar el prestigio de la ciudad en resultados concretos.
El desafío, entonces, no consiste simplemente en atraer la atención del público internacional hacia Nápoles, sino en crear las condiciones para que esa visibilidad genere colaboraciones efectivas, intercambios de conocimientos, propuestas de formación, coproducciones y oportunidades económicas, en un esquema en el que la cultura funcione como una herramienta de poder blando y, al mismo tiempo, como un motor de desarrollo.
“No quisimos armar simplemente un calendario de eventos”, aclara Faraone Mennella, quien explica que el programa “reúne proyectos incluso muy diferentes entre sí, desde la diplomacia cultural hasta la cooperación científica, desde la actividad editorial hasta las industrias creativas, con un objetivo común: crear un sistema de relaciones que pueda consolidarse con el tiempo”.
En la práctica, esta estrategia se expresa en proyectos que involucran a distintos sectores, pero comparten un mismo enfoque: aprovechar el patrimonio y los conocimientos de la ciudad para propiciar encuentros de los que puedan surgir iniciativas duraderas.
Entre los ejemplos que menciona la entrevistada figuran la misión a los países del Mercosur y Kyma – Hub Mediterráneo para la Industria de Contenidos, un proyecto empresarial que se propone como punto de encuentro entre el cine, el sector audiovisual, la actividad editorial, la radio y la televisión, y la tecnología, con especial atención a las coproducciones, la innovación y la circulación internacional de contenidos. Son experiencias diferentes, pero comparten la voluntad de vincular a instituciones, actores culturales y empresas para que las oportunidades de intercambio no se agoten en el encuentro.
“El objetivo no es solo poner en contacto a distintos actores, sino crear las condiciones para que de esos encuentros surjan coproducciones, intercambios de conocimientos, propuestas de formación, inversiones y nuevas cadenas productivas”, afirma Faraone Mennella.
Además de Kyma, el programa incluye el proyecto editorial Napoli Oltre Napoli, pensado para ofrecer una mirada internacional sobre la ciudad a través de académicos, escritores y personalidades de distintos ámbitos, con un libro traducido al inglés y al español que también se presentará en encuentros internacionales, entre ellos la Feria Internacional del Libro de Guadalajara.
A estas propuestas se suman los Diálogos Mediterráneos, organizados por el Ministerio de Asuntos Exteriores y Cooperación Internacional en colaboración con el Instituto de Estudios de Política Internacional (ISPI), y las iniciativas musicales que conectan a Nápoles con otros países, como el proyecto MediNà – Avitabile & Co. en Marruecos y la gira australiana de Ars Nova Napoli. También forma parte Partenopedia, que, a través de contenidos digitales y pódcast en inglés, busca acercar al público internacional un patrimonio de historias, conocimientos y relatos vinculados con la ciudad.
El conjunto se completa con Napoli In&Out, dedicado a la relación entre las instituciones culturales y las empresas, con el objetivo de superar la lógica del patrocinio ocasional y promover alianzas más estables, respaldadas también por una plataforma internacional de recaudación de fondos.
Desde este enfoque, la cultura no es un sector aislado del resto de la economía, sino un conjunto de actividades capaz de generar valor cuando se conecta con la formación, la investigación, la innovación y los mercados externos.
Precisamente en la construcción de vínculos sostenidos se inscribe el papel de las misiones institucionales, concebidas no como simples instancias de representación, sino como herramientas para abrir nuevos canales de cooperación y transformar el diálogo internacional en proyectos compartidos.
“Las misiones sirven para llevar a Nápoles a los lugares donde se construyen relaciones institucionales, culturales y económicas y, sobre todo, para lograr que de esos encuentros nazcan vínculos que tengan continuidad”, explica Faraone Mennella. Recuerda que la reciente misión a la Argentina y Brasil permitió conectar la cultura, las instituciones y las empresas, y generar oportunidades de intercambio con interlocutores locales.
La presencia de la red diplomática italiana, las embajadas, los institutos italianos de cultura, las cámaras de comercio y la Agencia Italiana para el Comercio Exterior (ICE) contribuye a llevar este método a la práctica. Facilita el encuentro entre especialistas, actores de distintos sectores y posibles socios, y crea las condiciones para desarrollar colaboraciones que puedan continuar después de que concluya cada iniciativa.
El sentido más profundo de este enfoque se refleja con especial claridad en el acuerdo marco de cooperación internacional firmado en Buenos Aires el 8 de septiembre de 2026 entre la Fundación Teatro San Carlo de Nápoles y el Ente Autárquico Teatro Colón. Impulsado en el marco de Neapolis 2500, fue suscripto por el superintendente Fulvio Macciardi y el director general de la institución argentina, Gerardo Grieco.
La firma tuvo lugar en presencia del canciller y viceprimer ministro italiano, Antonio Tajani, del ministro de Educación y Mérito, Giuseppe Valditara, del prefecto de Nápoles y presidente del Comité Neapolis 2500, Michele Di Bari, y de Marilù Faraone Mennella. Formó parte del programa de la misión empresarial a la Argentina y Brasil de la confederación industrial italiana Confindustria y la agencia ICE, y ratificó el vínculo entre la diplomacia cultural y las relaciones económicas.
El entendimiento representa uno de los resultados más significativos del camino iniciado con Neapolis 2500, porque plasma en un acuerdo formal la idea de utilizar el patrimonio cultural como punto de partida para una colaboración internacional estable. Vincula a dos instituciones que comparten una larga tradición musical y un reconocimiento que trasciende las fronteras nacionales.
Para Macciardi, sin embargo, el valor de la iniciativa no se limita a la simple promoción de una marca. “Hablaría, sobre todo, de compartir conocimientos, experiencias y proyectos”, aclara el superintendente, y agrega que “el prestigio del San Carlo es, sin duda, un patrimonio que también debemos potenciar en el plano internacional, pero nuestro objetivo no es simplemente exportar una marca: es construir relaciones capaces de producir resultados concretos y duraderos”.
El convenio, con una duración inicial de cinco años y renovación automática, contempla coproducciones, intercambios de artistas y personal técnico, programas para jóvenes talentos, circulación de puestas en escena e iniciativas conjuntas de promoción cultural. Este conjunto de herramientas puede ampliar las oportunidades de colaboración artística y de producción, permitir que ambos teatros compartan experiencias, recursos y conocimientos, y facilitar proyectos que difícilmente podrían alcanzar la misma escala mediante iniciativas ocasionales.
Para el San Carlo, el acuerdo abre nuevas oportunidades de intercambio con una gran institución latinoamericana, permite llegar a públicos diferentes y puede favorecer el crecimiento profesional de artistas y técnicos, incluidos los jóvenes de su Academia. Para el Teatro Colón, ofrece la posibilidad de colaborar con una histórica institución europea y articular las capacidades artísticas y organizativas de ambos.
La primera expresión concreta de este diálogo fue la participación en Buenos Aires de los jóvenes artistas de la Academia del San Carlo: el pianista Luca Spinosa, la soprano Anna Grotto y el tenor Emanuele Pellegrini. Protagonizaron el concierto Nápoles y el Sonido del Mundo, que entrelazó la tradición musical italiana y napolitana con la argentina y concluyó con una ovación de pie del público del Teatro Colón. Fue un momento simbólico, pero también un primer ejemplo de cómo la cooperación puede traducirse en experiencias artísticas, oportunidades de formación e instancias de intercambio para las nuevas generaciones.
Macciardi subraya que la importancia del entendimiento reside precisamente en su capacidad de ir más allá del evento inaugural y convertir el acuerdo en un marco de trabajo compartido: “El valor del acuerdo se medirá justamente por la capacidad de transformar estas oportunidades en una colaboración sostenida”.
Según el superintendente, el modelo también puede considerarse para otras instituciones culturales, siempre que las colaboraciones nazcan de objetivos comunes y cuenten con condiciones organizativas que garanticen su continuidad. “No se trata, entonces, de replicar un acuerdo idéntico en todas partes, sino de desarrollar una red internacional en la que cada colaboración tenga su propia razón de ser artística y cultural”, explica. Destaca así la necesidad de construir vínculos coherentes con la identidad del San Carlo y las necesidades de sus socios, sin reducir la internacionalización a una sucesión de iniciativas aisladas.
La prioridad inmediata es poner en marcha el convenio a través de la Comisión de Hermanamiento, encargada de planificar las actividades conjuntas y definir las prioridades artísticas y organizativas. Por su parte, el Fondo Neapolis contribuirá a concretar las primeras iniciativas compartidas dentro del programa Neapolis 2500.
Entre los objetivos también figura una nueva producción concebida especialmente en el marco de esta colaboración, para la cual el director general del Teatro Colón, Gerardo Grieco, señaló 2029 como una fecha posible. El proyecto requerirá una planificación conjunta y se inscribe en una perspectiva más amplia: el tricentenario del Teatro San Carlo en 2037, cuando se cumplirán trescientos años de la fundación de la institución napolitana, inaugurada en 1737 y reconocida como el teatro de ópera más antiguo aún en actividad.
Macciardi ve en ese aniversario una oportunidad para fortalecer de manera progresiva el perfil internacional de la institución mediante la puesta en valor de la tradición musical napolitana, el desarrollo de nuevas producciones, el diálogo con el público y la construcción de vínculos que acompañen al teatro en los próximos años.
La cooperación entre el San Carlo y el Colón se convierte así en un ejemplo de cómo una historia compartida puede transformarse en un proyecto de futuro, en el que la cultura contribuye a fortalecer el diálogo entre comunidades, respaldar la formación, generar oportunidades profesionales e impulsar nuevas relaciones económicas.
Para Faraone Mennella, el desafío es lograr que los vínculos construidos hoy se consoliden y sigan dando resultados en los años siguientes, de modo que el reconocimiento internacional de la ciudad se convierta en un recurso concreto para su desarrollo.
Macciardi, por su parte, considera que la continuidad es el criterio decisivo para evaluar la eficacia de la cooperación cultural. Recuerda que el prestigio de las instituciones adquiere un valor aún mayor cuando se convierte en una oportunidad de crecimiento compartido y de apertura a nuevos caminos artísticos y profesionales.
Son dos perspectivas que confluyen en una misma idea: el pasado de Nápoles no es solo una historia para contarle al mundo, sino un patrimonio vivo con el que construir el futuro, a través de relaciones capaces de unir cultura, diplomacia, empresas e innovación.