BUENOS AIRES – El vínculo de Bea Bergamasco con la Argentina comenzó hace muchos años. Aquí vivió durante 13 años y nacieron sus hijos.
Hoy Bea, quien se dedica a la salud mental a través de su asociación Itaca, está nuevamente en Buenos Aires, donde inauguró Casaclub, en una calle tranquila, Charlone 1351, en el límite entre Villa Ortúzar y Colegiales.
Se trata de un centro para la reinserción laboral y social de personas con padecimientos psíquicos, basado en un modelo que nació en Estados Unidos y que promueve la organización Clubhouse International.
El interés de Bea por la salud mental surgió de un tsunami que irrumpió en su juventud.
“Tuve una infancia tranquila y aventurera, con muchos viajes y estadías por el mundo debido al trabajo de mi padre —recuerda—. Hasta que se manifestó la enfermedad mental de mi hermano, que arrasó con nuestra vida”.
Así comenzaron las internaciones y los tratamientos. “Eran los años 70, la farmacología psiquiátrica era muy distinta de la actual”, agrega. Los medicamentos que mejoraban los síntomas de su hermano y aliviaban su profundo sufrimiento también anulaban su personalidad, la vitalidad de su pensamiento y su creatividad.
Durante un viaje a Estados Unidos, Bea conoció las Clubhouse de ese país. “Me llamó la atención el enfoque no medicalizante, los estándares de estos espacios, también en lo estético, y el hecho de que contemplaran derechos y deberes para sus usuarios —explica—. En Europa ya existían centros en los países escandinavos, pero no había nada parecido en Italia”.
Por entonces, Bea fundó en Milán el Proyecto Itaca, una organización de voluntariado dedicada a la salud mental. El nombre se inspira en un poema de Constantino Cavafis que alude al regreso de Ulises. Ítaca como vuelta a casa. Ítaca como retorno a uno mismo.
“Logramos abrir una primera Clubhouse en Milán con un subsidio europeo —cuenta Bea—. Después, en otras ciudades, como Padua, Bari, Florencia, Parma…”.
Hace unos diez años, Bea supo que una psicóloga, madre de una persona con trastornos psíquicos, intentaba crear una Casaclub, la versión argentina de Clubhouse, en Rosario. Entonces se movilizó para apoyar la iniciativa. “Hoy funciona de manera totalmente autónoma”, destaca.
Ahora, finalmente, Buenos Aires también cuenta con un centro. La inauguración tuvo lugar el jueves 8 de octubre, con una gran fiesta: choripán, asado, vino y jazz en el patio, al atardecer, entre el aire primaveral y una tregua del tiempo en esta primavera lluviosa.
“La idea era construir un lugar estéticamente agradable, en un barrio tranquilo y lindo, un espacio que motive a nuestros usuarios a levantarse por la mañana para venir al centro —explica Bea—. Porque la belleza también es un derecho y da dignidad”.
¿Qué se hace en Casaclub? El objetivo es poner fin al aislamiento social y económico de las personas con enfermedades mentales. Según los datos de la Organización Mundial de la Salud (OMS) citados en la presentación del proyecto, una de cada cuatro personas atraviesa un trastorno psíquico a lo largo de su vida. Nadie, en definitiva, puede decir: “A mí nunca me va a pasar”.

El flyer de la fiesta de inauguración.
La participación en el programa ofrece la oportunidad de recuperar vínculos con amigos y familiares, y de acceder a un trabajo de calidad.
Con ese propósito, la fundación estableció acuerdos con importantes empresas argentinas, como Techint y Tenaris, para ofrecer a sus miembros contratos por tiempo determinado, con un salario y una función acorde con sus estudios y su formación. Las compañías cuentan con el apoyo de la organización durante toda la vigencia del contrato.
Además, dentro de Casaclub es posible trabajar en administración, en la cocina o en otras tareas, con una organización diaria estructurada. A esto se suma un programa recreativo para los fines de semana y los feriados, cuando el aislamiento de las personas con trastornos mentales suele acentuarse.
La respuesta fue contundente: más de 300 personas están en lista de espera para formar parte de Casaclub.
“No tenemos psiquiatras ni psicólogos en servicio porque no somos un centro médico —subraya Bergamasco—. Eso no significa que las terapias no sirvan, pero nosotros trabajamos sobre otro eje. Ofrecemos oportunidades de trabajo y socialización. La evidencia científica demuestra que este enfoque ayuda a la recuperación, sobre todo en casos de trastorno bipolar, depresión mayor y esquizofrenia”.
A través de los vínculos de amistad y el trabajo compartido, el modelo ayuda a las personas a estabilizar su vida y a reencontrarse con amigos y familiares.
“En Casaclub no nos concentramos en la enfermedad, sino en las fortalezas y las habilidades que cada persona puede aportar a la comunidad y a la sociedad”, afirma Bergamasco.
La fiesta de inauguración ofreció una muestra de ese enfoque. Un lugar con puertas abiertas y transparentes, en el sentido literal: el vidrio reemplaza las paredes. Un espacio donde compartir sin prejuicios y advertir que ya no es posible distinguir a “los locos” de “los normales”. Para descubrir que, como escribió Franco Basaglia, impulsor de la reforma psiquiátrica italiana en los años 70, “de cerca nadie es normal”.
Información: teléfono 11-50324449, WhatsApp 11-30127814 o en el sitio de la asociación.
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