BUENOS AIRES — La Boca celebró el fin de semana pasado los 150 años de su independencia. O, mejor dicho, de la independencia de su imaginaria —aunque en muchos aspectos concreta— “República de La Boca”, una construcción colectiva, irónica e identitaria que desde hace más de un siglo alimenta uno de los mitos más fascinantes de Buenos Aires.
Sus orígenes se remontan a las últimas décadas del siglo XIX, cuando un grupo de genoveses del barrio habría arriado la bandera argentina para izar la de la recién nacida República de La Boca.
Todavía hoy, esa fantasía histórica sigue viva. El Día de La Boca se celebra el 23 de agosto y, como cada año, el programa de conmemoraciones incluyó el nombramiento de un nuevo “ciudadano ilustre”.
Este año, el elegido fue el rapero Trueno, nombre artístico de Mateo Palacios Corazzina, quien se convirtió, con apenas 24 años, en el ciudadano ilustre más joven de la historia de esta república apócrifa pero profundamente real para los vecinos.
La ceremonia se realizó en el sugestivo salón del Museo Histórico de La Boca, ubicado en un edificio de 112 años que originalmente fue sede del Banco Italiano. Una presencia institucional que no es casual en la zona.
En sus salas, iluminadas por una gran lámpara de hierro forjado con forma de ancla que remite a la identidad naval del puerto, se conservan testimonios materiales de la historia local: carteles de bodegones tradicionales, las primeras banderas de la República, fotografías y documentos.

La bandera de la República de La Boca reúne elementos fundamentales de la identidad del barrio: el puente transbordador Nicolás Avellaneda, los trabajadores portuarios y los artistas.
Del acto participaron el presidente de la República de La Boca y miembros de la Fundación Museo Histórico, además de distintas autoridades y representantes institucionales. Entre ellos estuvieron la presidenta de la Junta Comunal 4, Silvia Millara; el secretario de Integración de la zona sur del Gobierno porteño, Marcelo Di Mario, y Adrián Mastronicola, secretario adjunto de la seccional Buenos Aires de la Asociación Bancaria.
También estuvieron presentes las instituciones que representan la historia, la inmigración y la identidad artística del barrio: desde la Sociedad Italiana de Bomberos Voluntarios de La Boca hasta los Bomberos de Vuelta de Rocha, la Asociación Siracusana, la Sociedad Berni, la Fundación Benito Quinquela Martín y la Fundación Proa.
El encargado de presentar a Trueno fue Martín Scotto, presidente de la Fundación Museo Histórico de La Boca. Al hablar del nuevo ciudadano ilustre, recordó el profundo vínculo de Mateo con el barrio y, especialmente, con el grupo de teatro Catalinas Sur.
El rapero creció asistiendo desde chico a los talleres del grupo de teatro comunitario Catalinas Sur, mientras que su padre, el pionero del hip hop argentino Pedro Peligro, integró los elencos históricos de la compañía como artista circense y docente.
Para Trueno, aquel espacio representó una verdadera primera escuela creativa, donde aprendió a concebir el arte como una experiencia colectiva y solidaria. Un legado que sigue apareciendo en su repertorio y que resultó clave para el reconocimiento.
El pergamino de honor entregado a Trueno fue pintado a mano especialmente por Omar Gasparini, histórico artista plástico y escenógrafo del teatro Catalinas.
“A través de su música, Trueno llevó la cultura de su barrio al resto del mundo”, explicó Scotto, quien recordó algunos de los escenarios internacionales a los que llegó el joven, desde el reciente concierto en Japón y las actuaciones en el Reino Unido hasta su paso por Estados Unidos, donde también participó del programa de Jimmy Fallon.
“Desde La Boca hacia el mundo, con letras caracterizadas por una fuerte conciencia social, una presencia escénica extraordinaria y la capacidad de transformar la esencia de un barrio en un lenguaje internacional, es un auténtico embajador de La Boca”.
La elección de Trueno, explicó, busca inscribirse en la tradición de un “barrio de artistas”, surgida también gracias a la visión de Aníbal y Arturo Carrega y de Benito Quinquela Martín, protagonistas de la transformación de Caminito en un espacio dedicado al arte. La colorida calle es hoy una parada obligada para los turistas que visitan Buenos Aires.
La distinción premia “la capacidad de llevar el nombre del barrio a nuevos escenarios”, pero también busca celebrar una historia de superación y movilidad social.
La Boca, subrayó Scotto, fue una “puerta de entrada” para quienes llegaban a la Argentina en busca de un futuro mejor y apostaban al trabajo, el esfuerzo, la educación, la creatividad y el arte para construir nuevas oportunidades. “Es celebrar el lugar que nos dio posibilidades de crecer”, afirmó, tras recordar que había sido compañero de escuela de Mateo.
El nombramiento de Trueno también tiene un significado generacional. La elección, explicó Scotto, recayó en un joven que, pese a haber atravesado una infancia difícil, logró llevar la identidad de La Boca al mundo a través de su trayectoria personal y artística. “Es un puente entre dos generaciones: la nuestra y la nueva, que algún día nos reemplazará en la tarea de preservar estos valores y esta identidad”.
Esta particular identidad artística, fruto de las raíces migratorias, se expresó en la actuación del cantor de tango Pablo Banchero. El intérprete presentó dos canciones propias: primero, el tango Boca Juniors, un homenaje al barrio y a su equipo de fútbol, y después Génova, un tema escrito en memoria de su abuelo ligur que cantó junto con el público.
La intervención de Pablo Abbatángelo, presidente de la “Serenísima y muy Augusta III República de La Boca”, volvió aún más particular la ceremonia. Tomó la palabra con esa mezcla de ironía y solemnidad que caracteriza a esta singular invención colectiva.
“La Boca es mucho más que un barrio. Hablar de República significa hablar de independencia”, dijo ante el público y explicó que hoy simboliza un sentido de comunidad, no un movimiento político.
Con un tono deliberadamente solemne y surrealista, anunció luego el programa de los festejos del día siguiente: desde la presencia de los Bomberos Voluntarios de La Boca, el cuerpo más antiguo de la ciudad, hasta la procesión de la Virgen de los Mártires y la visita del “gobernador de la vecina ciudad de Buenos Aires”. Este último, aclaró entre las risas del público, asistiría a la inauguración de las obras de renovación de la calle Necochea.
Los festejos por el Día de La Boca también incluyeron un particular “Te Deum de la República”, celebrado por el párroco local. Por la noche, la celebración continuó en la Usina del Arte con actividades musicales organizadas en el marco del Mundial de Tango, que se desarrollaba en esos días en Buenos Aires.
“En ningún otro barrio ocurre lo que sucede en nuestra República y tenemos la firme convicción de continuar por este camino”, declaró Abbatángelo. Luego se dirigió directamente a Trueno y le encomendó una misión concreta: “A vos, Mateo, te confiamos la responsabilidad de llevar esta cultura a todas partes”.
Con la ironía que desde siempre acompaña a la mitología independentista xeneize —término del dialecto genovés con el que todavía hoy se identifica al barrio—, agregó: “Siempre decimos que nuestra arma de expansión territorial es la fugazza con queso: primero colonizamos la avenida Corrientes y ahora llegamos a Miami. Del mismo modo, Mateo lleva su música por todo el mundo, a los escenarios internacionales más importantes”.
La elección de un artista tan joven representa, además, la voluntad de romper moldes: “Los jóvenes de nuestro barrio nos enseñan que es posible formarse y salir al mundo llevando con orgullo los colores de La Boca. Felicito a la Fundación por haber tomado esta decisión y por haber elegido a un muchacho que hace una música que quizá quienes ya superamos los 40 años no sabemos apreciar, pero que, además de tener un presente muy exitoso, cuenta con un futuro enorme”.
Después llegó el momento más esperado de la ceremonia, cuando Trueno tomó la palabra tras recibir oficialmente el título.
“El orgullo por el propio oficio y por el lugar del que uno viene está por encima de cualquier género musical —subrayó el joven músico—. Acá tenemos muchísimos artistas: de murga, de rap, de tango, artistas plásticos... En casa siempre decimos que La Boca es un barrio de artistas. Todo lo que conseguí, además del apoyo de mi familia, fue gracias a la cultura y a la riqueza histórica de este barrio. Cada vez que recibo un premio digo que lo voy a llevar a La Boca, pero hoy este reconocimiento vale mucho más porque viene del lugar donde crecí”.
Durante la ceremonia también intervino el cónsul de Italia en Buenos Aires, quien recordó los estrechos vínculos entre La Boca y la inmigración italiana, especialmente la ligur y genovesa.
Los italianos, destacó, “contribuyeron a construir La Boca y, al mismo tiempo, este lugar les dio mucho a quienes llegaron a comienzos del siglo pasado en busca de un futuro mejor, huyendo de la guerra y la pobreza”. Se trata de un vínculo que sigue siendo visible en la cultura, la arquitectura, las asociaciones e incluso en el lenguaje del barrio.
La ceremonia terminó con una actuación de los integrantes del grupo de teatro comunitario La Boca 3,80 y Crece. El espectáculo, creado mediante la colaboración entre los vecinos, estuvo inspirado en la historia de la comunidad durante la década de 1950, entre conventillos, canciones tradicionales y actividades portuarias.
Así, entre los recuerdos de aquellos genoveses que un día intentaron inventar una pequeña república y un rapero criado en el teatro comunitario que hoy canta en escenarios internacionales, La Boca volvió a celebrar su particular identidad.
Una república que quizá no figure en los mapas, pero que sigue reivindicando con orgullo y una buena dosis de ironía su independencia cultural.