MONTEVIDEO — Uruguay despidió a Rubén Rada como él mismo lo había imaginado: con música, candombe —ritmo tradicional uruguayo—, baile y sus canciones.

Miles de personas llegaron el jueves al Palacio Legislativo de Montevideo para darle el último adiós popular al “Negro”, quien había muerto el miércoles a los 83 años, después de permanecer internado durante casi un mes por una neumonía.

El homenaje popular había comenzado pocas horas después de que se conociera la noticia de su muerte, durante la noche del miércoles al jueves, cuando miles de personas se reunieron espontáneamente en la esquina de Isla de Flores y Minas, entre los barrios Sur y Palermo, lugares profundamente vinculados con la historia del candombe y con la propia formación artística de Rada. Allí, los tambores continuaron sonando hasta entrada la noche, mientras la gente cantaba y bailaba sus canciones.

Al día siguiente, en los alrededores del Palacio Legislativo, el clima recordó a la previa de un recital, con vendedores de flores, música y grupos de personas que tocaban y bailaban. En los parabrisas de algunos ómnibus de Montevideo apareció, en cambio, una pregunta que era, en realidad, el título de uno de sus temas más famosos: ¿Quién va a cantar?

Entre las 14 y las 21 se formó una extensa fila para ingresar al Salón de los Pasos Perdidos. Uruguayos de todas las generaciones esperaron, incluso bajo la lluvia, para rendirle tributo a uno de los artistas más representativos de la historia musical del país.

Alrededor del féretro se dispusieron decenas de coronas y ofrendas florales enviadas por instituciones, asociaciones, partidos políticos, músicos y amigos. Entre las más cercanas estaban las de la Presidencia de la República, el Parlamento, Peñarol —el club del que Rada era un ferviente hincha— y la Casa de la Cultura Afrouruguaya.

La organización de mujeres afrodescendientes Mizangas también le dedicó unas palabras: “Tu canto es lucha, tu música es nuestra voz. Gracias, tío Rada”.

Junto al músico permanecieron durante varias horas su esposa y representante, Patricia Jodara, y sus hijos Lucila, Matías y Julieta, quienes recibieron el abrazo de las numerosas personas que se acercaron para decirle adiós.

La ceremonia comenzó en un clima de recogimiento, acompañada de fondo por la voz de Rada y temas como Las manzanas, Botija de mi país y Dedos. Sin embargo, con el paso de las horas, el silencio dio lugar a la música y al baile, tal como el cantante había pedido en una de sus composiciones más célebres, Muriendo de plena: “Cuando yo muera no quiero llanto ni pena, yo prefiero que me velen cantando una plena buena”, en alusión a un género musical muy popular en Uruguay.

Alrededor de las 16, familiares y músicos se reunieron en torno al féretro y entonaron Blumana. Entre los colegas uruguayos y argentinos estuvieron Natalia Oreiro junto con su esposo, Ricardo Mollo, Jorge Nasser y León Gieco. Todos cantaron con la familia, mientras el público acompañó las canciones con palmas y marcó la clave del candombe.

También sonaron ¿Quién va a cantar? y la propia Muriendo de plena, que durante algunos minutos transformaron el Salón de los Pasos Perdidos en una gran celebración colectiva de la vida y la obra de Rada.

Entre los artistas que viajaron a Montevideo estuvo el argentino Dante Spinetta, hijo de Luis Alberto Spinetta. También enviaron coronas de flores Fito Páez y su familia, el grupo argentino Los Auténticos Decadentes y las bandas uruguayas La Vela Puerca y No Te Va Gustar, entre otros.

El mundo del carnaval y del candombe también le rindió tributo al músico, cuya carrera había comenzado precisamente en esos ámbitos, primero con la comparsa Morenada y luego con la murga La Nueva Milonga. Entre las ofrendas florales estuvieron las de Daecpu, la asociación que reúne a los directores del carnaval, y las de la Asociación Uruguaya de Candombe.

El presidente Yamandú Orsi, quien había declarado duelo nacional para el jueves y dispuesto que las banderas permanecieran a media asta en los edificios públicos, participó de la ceremonia junto con la vicepresidenta Carolina Cosse y otras figuras de la política uruguaya.

Orsi volvió a destacar la capacidad de Rada para transmitir buen humor y acercar a personas de distintas generaciones y procedencias. “Alegría, alegría”, respondió cuando le pidieron que resumiera lo que representaba el músico.

“Deja una huella de comunión. Tenía una enorme generosidad, siempre estaba. Cada vez que lo llamaban, mostraba una gran disposición”, agregó.

Entre los presentes también estuvo el expresidente Julio María Sanguinetti, quien recordó “la sonrisa fantástica” del artista y su papel en la revalorización de la cultura afro-uruguaya. “Una de sus principales virtudes fue la defensa de la negritud, la exaltación de esa condición, que significa tanto para los uruguayos”, afirmó.

El ministro de Ambiente, Edgardo Ortuño, habló, en cambio, de “una mezcla de sentimientos”, entre la tristeza y la gratitud: “Fue el referente de la música afro-uruguaya. Lo recordaremos como un ejemplo de superación. Un gran artista, pero, sobre todo, una persona enorme”.

El último recorrido de Rubén Rada tuvo lugar el viernes 28 de agosto. El cortejo partió a las 11 desde la esquina de Isla de Flores y Santiago de Chile, en el Barrio Sur, y avanzó hacia el Cementerio del Norte, donde fueron sepultados los restos del músico.

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