AVELLANEDA - Cerca de un millón de personas despidió a Carlos Alberto “Indio” Solari durante las 18 horas que duró el operativo de la última misa ricotera en el Polideportivo Municipal José María Gatica de Villa Domínico.

El histórico líder de Patricio Rey y sus Redonditos de Ricota falleció el pasado 5 de junio a los 77 años en Buenos Aires, a causa de un cuadro de Parkinson que padecía desde hacía una década y que lo había retirado de los escenarios de forma progresiva.

El despliegue de seguridad, que contó con 1.800 efectivos entre fuerzas provinciales, federales, bomberos y personal de la organización, abrió las puertas una hora antes de lo previsto debido a la marea humana que acampaba en la zona. Para la tarde del domingo, la fila de ingreso superaba los ocho kilómetros de extensión.

Nacido el 17 de enero de 1949 en Paraná, Entre Ríos, y criado en la ciudad de La Plata, Solari fundó en 1975 junto al guitarrista Skay Beilinson la banda que se convirtió en el fenómeno contracultural más influyente de la historia del rock argentino.

Tras el cierre definitivo de las puertas del polideportivo en la madrugada del lunes, la familia del músico emitió un comunicado oficial en el que informó que en su estudio de Parque Leloir quedaron encendidos el amplificador de su guitarra y sus equipos de grabación, e instó a sus seguidores a que “la música siga sonando”.

Esta masiva convocatoria reflejó un fenómeno cultural y social que atravesó a varias generaciones. El vínculo fundacional entre Solari y su público se construyó sobre una fuerte identidad de pertenencia, la autogestión y una poética que funcionó como refugio, especialmente durante las crisis económicas y la exclusión de las décadas de 1980 y 1990.

Los recitales se transformaron en rituales colectivos y espacios de contención para una juventud que no encontraba representación en otros ámbitos; de este modo, se consolidó una comunidad que excedió lo estrictamente musical y que sobrevivió al último show presencial del cantante, realizado en Olavarría (provincia de Buenos Aires) en 2017.

En ese contexto de masividad, los seguidores debieron enfrentar también un clima de época hostil marcado por el control policial. Durante los años ochenta y noventa, la Policía Federal y la Bonaerense solían utilizar los alrededores de los estadios para la aplicación de edictos y razzias contra los jóvenes de los sectores populares.

Esta tensión constante con las fuerzas de seguridad aportó una mística de resistencia a la identidad ricotera y convirtió a los shows en espacios de trinchera frente al abuso estatal.

El punto de inflexión de esta disputa ocurrió el 19 de abril de 1991 en las afueras del estadio Obras Sanitarias, cuando una redada de la Policía Federal detuvo a Walter Bulacio, un adolescente de 17 años. Tras ser trasladado a la Comisaría 35°, el joven sufrió una golpiza que le provocó la muerte una semana después.

El caso Bulacio se convirtió en un emblema de la lucha contra la violencia institucional en Argentina, pero también generó tensiones internas entre el público y los líderes de la banda, quienes posteriormente tomaron distancia de las movilizaciones políticas para evitar la instrumentación del grupo.

Esta histórica sociedad musical se disolvió de manera abrupta en el año 2001, en la cúspide de su éxito masivo, meses después de su último concierto del 4 de agosto en el Estadio Malvinas Argentinas de Córdoba.

La ruptura obedeció a un fuerte conflicto por la custodia del material audiovisual de la banda. El Indio Solari mantenía una disputa con Skay Beilinson y la mánager Carmen “La Negra" Poly por el control y la distribución de las grabaciones de los recitales en Huracán, Racing y River. La falta de acuerdo y el quiebre de la confianza mutua terminaron con el grupo y dieron inicio a sus respectivas carreras solistas.

A pesar de los años de distanciamiento, la muerte de Solari propició un sentido mensaje público de Beilinson. El guitarrista lamentó la pérdida de su compañero de ruta, a quien definió como un hermano mayor en el rock, y aseguró que guardará su memoria en cada una de las canciones del pasado.

La carrera solista del Indio junto a Los Fundamentalistas del Aire Acondicionado consolidó su prestigio a través de álbumes como El perfume de la tempestad, Pajaritos, bravos muchachitos o El ruiseñor, el amor y la muerte.

Su poética sobre el encierro y los abusos del Estado continuó en esta etapa con obras como Pabellón Séptimo (Relato de Horacio), lanzada en 2004 en su disco debut El tesoro de los inocentes (Bingo Fuel).

La canción detalla la Masacre de la Cárcel de Devoto del 14 de marzo de 1978, donde el Servicio Penitenciario Federal dejó morir a 65 reclusos durante un incendio en plena dictadura militar, una composición que Solari estructuró a partir del testimonio de un sobreviviente.

 

En una de sus representaciones en vivo, el propio músico dimensionó el alcance de su lírica ante la multitud: “Seguramente muchos de los que estamos acá tenemos a alguien adentro. Esta canción no es para ellos. Es para nosotros. Para que entendamos por lo que están pasando”. 

“Buscan así baldosas flojas donde escondemos tesoro y miseria” o el lamento del recluso: “Estoy herido. Estoy quemado. Voy en camilla por el Salaberry. Voy a tratar de hacer conducta aquí para rajar antes que mis pulmones”, son parte de las líneas que componen la cruda letra.

El Indio fue, para muchos, ese Ángel para tu soledad que supo leer y acompañar las realidades más diversas, y en muchos casos difíciles, de su público. Bajo la lluvia que marcó el final de la jornada en Avellaneda, concluyó la última misa ricotera, un hecho que fijó el cierre de la etapa más trascendente del rock de estadios y el inicio del legado definitivo de la música independiente argentina.