BUENOS AIRES — La poesía es su casa, el lugar que quiere habitar y en el que se siente cómodo. Riccardo Frolloni, oriundo de la región italiana de Las Marcas, está estas semanas en Buenos Aires para participar en el programa R.E.M. (Residencia de Escritores en el Malba), realizado en colaboración con la editorial Ampersand, gracias a una beca otorgada mediante un convenio con el Instituto Italiano de Cultura.
Es poeta, pero no solo eso. Frolloni también traduce del inglés —“siempre en el ámbito de la poesía”, aclara— y es docente en una escuela secundaria de Bolonia, ciudad donde cursó sus estudios universitarios y se graduó en Letras.
Sus poemarios publicados son Languide istantanee polaroid (Affinità Elettive, 2014), Corpo striato (Industria & Letteratura, 2021, traducido ahora en la Argentina como Cuerpo estriado por la editorial rosarina Le Pecore Nere) y Amigdala (Nino Aragno, 2024).
Un logro importante para un género literario que no tiene mercado.
“Quizás nunca lo tuvo —bromea—. A lo sumo, algunos buenos momentos. Y este, por suerte, es uno de ellos”.
La poesía tuvo un auge en las décadas de 1960 y 1970, cuando también las grandes editoriales, como Einaudi y Mondadori, se interesaban por los autores jóvenes.
“Ahora, sin embargo —observa—, hay un público que se interesa de otra manera por esta forma de expresión, una manera que va más allá del libro y abarca desde el poetry slam hasta formas más populares”.
No por nada el Premio Strega abrió una sección dedicada a la poesía, que hace pocos días ganó una joven autora, Carmen Gallo.
También contribuye la edición de libros infantiles y juveniles, en particular los álbumes ilustrados que, al necesitar poco texto, se prestan al juego poético.
“En definitiva, hay una comunidad de poetas que también son lectores de poesía, una base bastante sólida —afirma—. Porque el problema no es tanto publicar, sino que te lean, que hablen de tu obra, lograr crear un circuito”.
Riccardo traduce a otros autores y, a su vez, fue traducido. ¿Cómo vive ese doble papel?
“Primero hay que decir algo: traducir poesía es maravilloso —responde—. Escribir poesía, en cambio, siempre es complicado, a veces insatisfactorio, frustrante, en el sentido de que impulsa una búsqueda continua. La traducción es amor, un amor verdadero. Me gusta muchísimo, me ayuda y también hace crecer mi escritura, porque me permite pensar de manera rigurosa”.
Durante su residencia en Buenos Aires desarrollará un proyecto propio.
“Me pregunté qué me gustaría hacer durante un mes solo en Buenos Aires —cuenta—. Como estoy enamorado de la Argentina y de los argentinos, la respuesta fue que quería pasar ese tiempo en conversaciones con la gente, para reunir material y realizar un proyecto híbrido, entre la literatura y el audiovisual”.
A medida que avanza el trabajo, dice, aparecen cosas interesantes.
“La sensibilidad argentina, para un italiano, un europeo, es casi adolescente, pero en el buen sentido. Es deseo, fuerza... De alguna manera la envidio, me gusta sentirla, me gusta escucharla, recibirla”.
En el plano literario, Frolloni siente que atraviesa “una suerte de etapa posterior al trauma. Porque empecé a escribir de manera más consciente después de la muerte de mi padre, en 2018”. Cuerpo estriado nace precisamente de esa experiencia y de su elaboración, en 2021.
“Reflexiono sobre la lengua, sobre cómo nos expresamos, sobre cuáles son las palabras adecuadas —revela Frolloni—. El rioplatense es una variante muy interesante del español... Por eso grabo voces, hago videos para mi proyecto. Me encuentro con escritores, poetas, incluso de altísimo nivel, y todos son muy generosos conmigo. Me invitan a sus casas, charlamos, quieren leer mis poemas…”.
El título del poemario remite a estructuras del sistema nervioso situadas en una parte arcaica del cerebro, vinculada con la memoria y las emociones.
“La estría es la sombra, la creación que no es lisa —explica—. Empecé a reflexionar sobre la relación entre luces y sombras. Surgieron sueños en los que me encontraba con mi padre, que se movía, pero no hablaba”.
En español, la estría es una marca en la piel, en definitiva, una cicatriz.
“Claro, la estría de la memoria, del dolor, de los vínculos… Tenía que buscar palabras nuevas, que no encontraba —cuenta Riccardo—. Y me enfrento a un padre que físicamente ya no puede hablar y que tampoco habla en los sueños, pero que me habla a través de la mediación de la poesía”.

Riccardo Frolloni en el Malba. (Foto: F. Capelli)
Para completar el retrato del poeta, del traductor, del hombre, del hijo, falta el docente.
“Intento llevar la poesía a la escuela, pero nunca la mía —declara—. Es más, a los estudiantes ni siquiera les digo que escribo y publico libros. Busco trabajar con la poesía más allá de lo que establece el programa de literatura. Trato de involucrar a los chicos a través del rap, que es métrica en estado puro. Cuando se dan cuenta, se abre un mundo y pasamos horas contando sílabas”.
Es en ese terreno donde puede abrirse una puerta.
“Creo mucho en la enseñanza —dice—. Tuve profesores en la escuela y en la universidad que fueron fundamentales para mi crecimiento. Me di cuenta de que los chicos no quieren docentes que se hagan los amigos, quieren adultos que los ayuden a crecer. Que sean exigentes y pongan límites, que sean justos, leales. Amigos ya tienen suficientes”.
Riccardo Frolloni ofrecerá una lectura pública de sus poemas el jueves 19 de noviembre, a las 19, en la biblioteca de Ampersand (Ombú 3091, CABA), y el viernes 20 de noviembre, a las 17, en el Círculo Italiano (Libertad 1264).