BUENOS AIRES — Las aulas de buena parte de la Argentina quedaron vacías el jueves 29 de octubre por el paro nacional y la jornada de duelo que convocó la Confederación de Trabajadores de la Educación de la República Argentina (CTERA), la mayor central sindical de los maestros de escuelas públicas, tras la confirmación del asesinato de Nancy Estela Godoy, una docente de 52 años que dirigía como suplente una escuela rural en Corrientes, provincia del noreste del país, sobre el río Paraná.

A la medida se sumaron el Sindicato Único de Trabajadores de la Educación de Corrientes (SUTECO), que dispuso un paro provincial con movilizaciones en distintas localidades, y tres gremios enrolados en la Confederación General del Trabajo (CGT): la Confederación de Educadores Argentinos, la Unión Docentes Argentinos y la Asociación del Magisterio de Enseñanza Técnica. En la capital, el sindicato porteño Ademys marchó hasta la Casa de Corrientes, la sede que esa provincia tiene en Buenos Aires. Además del pedido de justicia, los gremios ponen el foco en la precariedad y el aislamiento en que trabajan los maestros rurales, un tema que el caso volvió a instalar en la agenda pública.

La Escuela N.º 626, cuya dirección Godoy había asumido en agosto, está en el paraje El Malezal, departamento de Esquina, una zona de esteros y monte en el sur correntino. Funciona dentro de la estancia El Curupí, un campo de unas 12.000 hectáreas que pertenece a la familia Bincle, y sus ocho alumnos son hijos de los peones que viven y trabajan en ese latifundio.

Según el cálculo de su familia, el trayecto desde la ciudad de Esquina podía llevar unas cinco horas, buena parte a caballo, por caminos de tierra y bañados que se vuelven intransitables con la lluvia. Por eso la maestra pasaba la semana en la escuela, en un paraje casi sin señal de teléfono, y dependía de la gente de la estancia para entrar y salir. Quien solía llevarla a caballo era una baqueana del lugar, Rosa Leguizamón.

El miércoles 7 de octubre, cerca de las nueve de la noche, Godoy le escribió por WhatsApp a uno de sus hijos para avisarle que había llegado bien. Fue su último mensaje. El hijo contestó una hora después, pero la respuesta ya no le llegó. Como un temporal había anegado los caminos, la familia pensó que se había quedado aislada en la escuela. Recién el 15 de octubre, cuando se confirmó que no estaba allí, uno de sus hijos hizo la denuncia.

Según fuentes judiciales citadas por Infobae, los fiscales sostienen que Leguizamón le mintió a la docente al asegurarle que nadie de la estancia viajaría ese fin de semana a Esquina. En su casa aparecieron una campera y un par de alpargatas que serían de Godoy. El mismo medio informó que el capataz, Ireneo Zarza, dormía en un puesto a unos 150 metros de la escuela, donde, según testigos, solía beber y ponerse agresivo.

El cuerpo apareció el miércoles 28, tres semanas después, semisumergido en un bañado dentro de la misma estancia. La autopsia preliminar registró múltiples heridas de arma blanca, lesiones de defensa y la amputación de la mano izquierda, y los peritos creen que se usaron varias armasl. Sergio Briend, abogado de los hijos, habló de “un acto de absoluto salvajismo”.

Hay cinco detenidos, todos con prisión preventiva. Zarza, otro trabajador del campo de apellido Sandoval y Nahuel Rojas, pareja de Leguizamón, están imputados por femicidio. Ella, por homicidio simple.

Ernesto Ezequiel Bordón, el quinto preso, es un peón que también acompañaba a la maestra en sus traslados y quedó detenido el 19 de octubre, cuando todavía se la buscaba con vida. Ante la policía dijo que Godoy había sido asesinada y arrojada a un bañado. Su abogado, Norberto Codazzi, denunció que esa declaración se obtuvo bajo tortura: según su relato, Bordón fue maniatado, arrastrado por el barro y golpeado para que hablara. El defensor afirmó que él mismo fotografió las marcas, que su cliente es analfabeto y que, de acuerdo con su familia, tiene una discapacidad intelectual. Bordón se retractó, la Justicia no pudo corroborar sus dichos y lo imputó por falso testimonio. Su versión, además, no condujo al hallazgo.

El cuerpo apareció en un sector que todavía no había sido rastrillado, y la referencia que llevó a la policía hasta allí la habría aportado Joaquín Leguizamón, hermano de la baqueana, que declaró como testigo y no está detenido, según publicaron La Nación y El Destape. La denuncia por apremios, en cambio, todavía no tiene respuesta, y deja abierta una pregunta incómoda sobre los métodos con que la policía correntina buscó a la docente.

Dos meses antes del crimen, el 15 de agosto, Godoy había dejado por escrito que encontró la escuela sin agua, con el edificio deteriorado y los baños inutilizables. En esa carta consignó además que, de acuerdo con padres y vecinos, el director anterior llevaba dos o tres años sin dar clases con regularidad. En audios enviados a una colega, que forman parte del expediente la describió como una escuela “fantasma”. Docentes de la zona sostienen que esos reclamos llegaron a la supervisión y nunca tuvieron respuesta, y la carta se convirtió en uno de los ejes de la protesta gremial.

La ministra de Educación de Corrientes, Ana Miño, habló por primera vez tras el hallazgo y explicó que hasta entonces había guardado silencio “por respeto a la investigación”. Anunció un sumario interno, con un pedido de informes a la supervisora de la zona y al director anterior que debe responderse en 72 horas. También ratificó un plan para reorganizar las escuelas rurales de baja matrícula. Según sus cifras, la provincia tiene 866 establecimientos rurales, 265 de ellos con menos de cinco alumnos y 113 con menos de tres. La propia designación de Godoy, precisó, se produjo dentro de ese proceso, cuando el director interino pidió licencia.

Por ahora, la Justicia no estableció ninguna relación entre las denuncias de la maestra y su asesinato. Los gremios, de todos modos, reclaman que el Estado explique quién controla las condiciones en que trabaja una docente que enseña sola, a horas de caballo del pueblo más cercano y a merced de quienes la llevan y la traen, y qué hizo cuando ella misma dio la alarma.