LIMA – Keiko Fujimori asumió este martes la Presidencia de Perú para el período 2026-2031 y concretó el regreso del fujimorismo al poder después de 26 años, en una ceremonia acompañada por varios mandatarios latinoamericanos y marcada por las protestas de organizaciones sociales y familiares de las víctimas de la represión de 2022 y 2023.

La líder de Fuerza Popular prestó juramento ante el nuevo Congreso bicameral luego de imponerse en el balotaje de junio al candidato de izquierda Roberto Sánchez por una diferencia inferior a los 50.000 votos. Es la primera mujer elegida por voto popular que llega a la jefatura del Estado peruano y la novena persona que ocupa el cargo en una década de inestabilidad institucional.

En su primer mensaje a la Nación, Fujimori aseguró que las prioridades inmediatas de su gobierno serán la seguridad ciudadana y la prevención frente al fenómeno El Niño. Para enfrentar ambas emergencias anunció decretos de urgencia y el envío al Congreso de un pedido de facultades legislativas especiales.

La mandataria prometió una política de mano dura contra el sicariato, el narcotráfico, la minería ilegal y las organizaciones criminales nacionales e internacionales. Entre las medidas previstas incluyó el despliegue de las Fuerzas Armadas durante los estados de emergencia y la construcción de una megacárcel inspirada en el Centro de Confinamiento del Terrorismo de El Salvador.

En el plano económico y social, anunció que elevará el salario mínimo a 1.300 soles y concederá una compensación extraordinaria a las micro y pequeñas empresas para ayudarlas a afrontar el incremento de los costos laborales. También anticipó que duplicará el monto de Pensión 65, de 350 a 700 soles bimestrales, y pondrá en marcha el programa “Jóvenes con Futuro”, con el objetivo de reducir a la mitad el desempleo juvenil.

El plan de gobierno incluye la finalización de la Línea 2 del Metro de Lima y Callao, la ejecución de nuevas líneas y la construcción de sistemas de transporte ferroviario en Arequipa, Piura y Trujillo. Fujimori también prometió avanzar con los trenes de cercanías Lima-Ica y Lima-Barranca, además de una serie de rutas, obras hídricas y proyectos de infraestructura social.

Otro de sus objetivos será reorganizar el funcionamiento del Estado, eliminar regulaciones consideradas innecesarias y crear una Autoridad Nacional Digital. La iniciativa contempla una identidad digital para cada ciudadano y el empleo de inteligencia artificial para simplificar trámites y el acceso a servicios públicos.

Fujimori prometió, además, respetar la independencia de poderes y las libertades de expresión y de prensa. “No hay dos Perú distintos, hay un solo Perú”, afirmó al cerrar su discurso, en el que convocó a la oposición, los gobernadores y los alcaldes a trabajar sin distinciones ideológicas.

En política exterior, anunció que impulsará la Alianza del Pacífico y la Comunidad Andina, reforzará la presencia peruana en el Foro de Cooperación Económica Asia-Pacífico y buscará nuevas inversiones procedentes de Medio Oriente.

La ceremonia dejó también una fotografía del nuevo escenario político sudamericano. Entre los asistentes estuvieron los presidentes Javier Milei, de Argentina; José Antonio Kast, de Chile; Daniel Noboa, de Ecuador, y Santiago Peña, de Paraguay. También participaron el mandatario uruguayo Yamandú Orsi, el rey Felipe VI de España y el vicesecretario de Estado norteamericano Christopher Landau.

Kast mantuvo una reunión con Fujimori antes de la investidura, mientras que Peña aseguró que ambos gobiernos acordaron profundizar el intercambio bilateral y atraer nuevas inversiones. La agenda paraguaya incluyó la cooperación en seguridad, el Acuerdo de Complementación Económica N.º 58 de la Asociación Latinoamericana de Integración y la posibilidad de utilizar los puertos peruanos de Ilo y Matarani como salida del Corredor Bioceánico.

“Reafirmamos los lazos históricos entre Paraguay y Perú”, señaló Peña, quien sostuvo que los acuerdos buscan generar oportunidades y “beneficios directos” para ambos pueblos.

Noboa también se reunió con Fujimori, acompañado por el canciller ecuatoriano Roberto Kury. Según informó la Cancillería de Ecuador, las autoridades analizaron mecanismos de cooperación para fortalecer la seguridad y combatir al crimen organizado transnacional.

La estadía en Lima funcionó además como una pequeña cumbre regional. Noboa y Kury mantuvieron un encuentro con el vicepresidente electo de Colombia, José Manuel Restrepo, centrado en la seguridad fronteriza y el desarrollo de las comunidades de ambos países.

Desde una posición política diferente, Orsi encabezó la delegación uruguaya y sostuvo una bilateral con la nueva presidenta. El canciller Mario Lubetkin calificó la conversación como “muy positiva” y explicó que estuvieron sobre la mesa el comercio, la innovación, la tecnología, la seguridad y los mecanismos de integración sudamericana.

Ambos gobiernos hablaron también del interés peruano en el acuerdo Transpacífico y del próximo traspaso a Perú de la presidencia pro tempore del Consenso de Brasilia, actualmente ejercida por Uruguay.

La presencia de gobiernos conservadores reforzó la interpretación de la llegada de Fujimori como parte del giro político regional. Sin embargo, la participación de Orsi mostró también la voluntad de mantener los vínculos institucionales más allá de las diferencias ideológicas. Los presidentes Luiz Inácio Lula da Silva, de Brasil, y Claudia Sheinbaum, de México, no estuvieron presentes.

La nueva mandataria inicia su gestión con un Congreso fragmentado, aunque Fuerza Popular y sus aliados tendrán un peso decisivo, y con una sociedad profundamente dividida. Mientras sus simpatizantes celebraron la llegada del apellido Fujimori nuevamente al Palacio de Gobierno, organizaciones sociales y delegaciones procedentes del sur andino marcharon en Lima para reclamar justicia por las muertes ocurridas durante las protestas de 2022 y 2023.

Hija del expresidente Alberto Fujimori, condenado por corrupción y violaciones de los derechos humanos, Keiko llegó finalmente al poder en su cuarto intento. Su principal desafío será estabilizar un país que tuvo ocho presidentes desde 2016 y demostrar si puede separar su gestión del legado autoritario que continúa acompañando a su familia.