BUENOS AIRES - Con la publicación en el Boletín Oficial del 25 de julio de 2026 de la Ley Nº 131, titulada “Medidas para la protección y la asistencia de menores de edad y adultos de referencia en contextos de criminalidad organizada” y conocida como “Libres para elegir”, Italia dio un nuevo paso en la lucha contra las mafias.
La disposición, aprobada por el Parlamento y promulgada el 25 de julio, institucionaliza en todo el país el modelo desarrollado por el magistrado Roberto Di Bella para ofrecer a niños, adolescentes y sus familiares de referencia una posibilidad concreta de apartarse de los ámbitos mafiosos.
Entre las primeras repercusiones internacionales de la flamante normativa se encuentra la de la abogada ítalo-argentina Malena Errico, funcionaria de la Cámara Federal de Casación Penal argentina, docente universitaria y presidenta del Círculo Jurídico de Argentina, quien desde hace años trabaja en la difusión del modelo antimafia italiano en América Latina.
Según Errico, la ley representa “uno de los avances más significativos del modelo antimafia italiano de las últimas décadas”, porque amplía el concepto mismo de combate contra las organizaciones criminales. A su entender, “no se trata simplemente de una nueva norma”, sino de “una evolución del concepto mismo de política antimafia”, a partir de la convicción de que “el verdadero desafío consiste en impedir que la cultura mafiosa siga transmitiéndose de generación en generación”.
La abogada destaca que la legislación convierte en permanente y extiende a todo el territorio nacional el programa surgido en 2012 a partir de la experiencia del juez Roberto Di Bella en el Tribunal de Menores de Reggio Calabria. Ese modelo, señala, permitió proteger a niños, adolescentes y madres que decidieron romper definitivamente con los clanes mafiosos para construir “un proyecto de vida basado en la legalidad”.
“Hoy aquella experiencia piloto se convierte en una política pública estructural del Estado italiano”, subraya Errico.
La especialista también señala que el alcance de la iniciativa trasciende las fronteras de ese país.
Si el modelo antimafia de Italia ya cuenta con reconocimiento internacional por instrumentos como las investigaciones patrimoniales, las medidas preventivas, la cooperación judicial y la reutilización social de los bienes confiscados, “Libres para elegir” incorpora una nueva dimensión: “la verdadera victoria contra las mafias también consiste en garantizar que quienes nacen en contextos dominados por la criminalidad organizada tengan la posibilidad real de elegir un destino diferente”.
El análisis de la experta también aborda la perspectiva de los derechos humanos. De acuerdo con Errico, el espíritu de la norma se basa en la Convención de las Naciones Unidas sobre los Derechos del Niño, en particular en el principio del interés superior del menor, que exige colocar la protección de la infancia en el centro de toda decisión pública.
Desde esta mirada, observa, los menores ya no son considerados únicamente víctimas indirectas de las mafias, sino “verdaderos sujetos de derecho, capaces de construir un proyecto de vida diferente cuando el Estado les ofrece protección, acompañamiento y oportunidades concretas”.
Para la presidenta del Círculo Jurídico de Argentina, el nuevo marco normativo también constituye un modelo de referencia para América Latina, donde el narcotráfico, la trata de personas, el tráfico ilegal de armas y otras formas de criminalidad organizada transnacional involucran cada vez con mayor frecuencia a niños y adolescentes.
En estos contextos, afirma, el Estado puede interrumpir el ciclo de violencia “protegiendo a quienes desean alejarse de la criminalidad organizada y garantizando el ejercicio efectivo del derecho a elegir una vida diferente”.
En las conclusiones de su intervención, Errico define “Libres para elegir” como una nueva frontera de la cultura de la legalidad, ya que no apunta solamente a reprimir el fenómeno mafioso, sino también a impedir su transmisión dentro de las familias criminales.
“Con esta ley —explica— se pone fin al ciclo de reproducción transgeneracional del crimen organizado” y “el verdadero éxito de una política antimafia no se mide únicamente por la cantidad de condenas o de bienes confiscados, sino, sobre todo, por el número de niños y adolescentes que logran recuperar su libertad y construir un futuro lejos de la violencia”.
Una convicción que resume con una afirmación de fuerte valor simbólico: “Ningún niño ni ninguna niña debe ser condenado por el solo hecho de haber nacido en un contexto dominado por organizaciones criminales”.